Del Moncayo al cielo

Acabo de ver “La última cima” de Juan Manuel Cotelo. Desgraciadamente me faltan palabras para expresar la profunda impresión que me ha producido. Quizá la manera más sencilla de resumirlo sería repetir lo que dice uno de los amigos del Padre Pablo Domínguez: “si pudiera cambiarme por alguien, lo haría por él”. Me gustaría ser como él.

No es mi propósito entrar en los aspectos técnicos ni en la calidad de la obra, sino en el mensaje. En lo que cuenta, a través de los testimonios de amigos y conocidos del P. Domínguez. A primera vista parece una película más orientada a los ministros de Dios, y desde luego opino que los sacerdotes que la vean encontrarán en ella un gran provecho. Pero pienso que sería un error desvincularse del mensaje, por el hecho de ser un seglar. Por que, en definitiva, esta película-documental nos da varias pinceladas de la vida de un hombre apasionadamente enamorado de Jesucristo y, por eso mismo, completamente dedicado al servicio a sus semejantes.

 

Contemplándola, se siente una santa envidia. Se da uno cuenta de que es así como hay que vivir la vida, amando sin medida, dándose sin calcular si conviene o no, entregándolo todo sin esperar nada a cambio. Viendo al otro, a cualquier otro, con amor, sin sentirse mejor o superior porque nos parezca ignorante, pobre o inculto, creyente o no, pecador o justo.


Creo que los primeros que debemos ver esta película somos los cristianos. Y sobre todo los practicantes. Los que nos sentimos “buenos” porque cumplimos externamente. Esta obra te interpela. Te hace ver que en tu vida hay más de apariencia que de amor, de verdadera entrega a los demás. Sospecho que solo con que algunos pocos de los que tuviésemos el privilegio de contemplar esta cinta cambiásemos algo en nuestras vidas, haríamos el mundo mucho mejor. “Por sus frutos los conceréis”. ¿Qué fruto estoy dando yo en mi vida? ¿Estoy atrayendo almas hacia Dios, o apartándolas?


Hoy día los sermones no convencen a casi nadie. El mundo necesita del testimonio del amor. De un amor verdadero, que no pasa, que no defrauda, en el que se puede confiar. El mundo necesita más Pablos Domínguez, en la sacristía, en las familias, en el trabajo, en los hospitales, en los deportes, en el bar…


Por favor, id a ver esta película. Estoy seguro de que os hará mucho bien.

 

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Comentarios (2)

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  1. Rosario Calatrava Sanchez dice:

    Estoy plenamente de acuerdo con todo lo que dices de la pelicula. Pienso que no podemos dejar de verla, te hace pensar mucho sobre tu vida como cristiana. Los que hemos tenido la suerte de conocerle, aunque sea poco como yo, de las cosas que mas me sorprendian, cuando hablaba con el Padre Pablo Dominguez, es la atencion con la que me atendia, sin prisas, siempre sonriente, transmitia Paz. Seria estupendo que la vieran mucha gente.

  2. Ingrid dice:

    Hago echo de tus palabras, Federico.  A mi me causó un gran impacto la película.  Y por cierto, la sala estaba llena y eso que lleva ya tres semanas en la cartelera.  Estoy recomendando a todos que vean esta cinta.

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