Hacia la unidad

Esta semana ha aparecido una noticia en la prensa  que ha pasado inadvertida, quizá porque hoy en día hablar de algo bueno y con futuro, no tiene mucho interés, pero para los cristianos nos abre un futuro esperanzador, pues en los gestos, en los “buenos haceres” se ve la voluntad de los hombres, en este caso de los cristianos.

 

La noticia hablaba de que el Cardenal Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, viajó desde Roma hasta Liverpool para unirse a más de dos mil cristianos de la región inglesa de Merseyside a la celebración ecuménica de la fiesta de Pentecostés, recorriendo, por la unidad de los cristianos, la calle que une las dos catedrales, católica y anglicana.  El acto se inició en la catedral anglicana, continuó con una procesión por Hope Street (Calle de la Esperanza.) y concluyó en la catedral metropolitana.

 

La Celebración de tiene lugar cada domingo de Pentecostés desde el 1982, año en el que el papa Juan Pablo II visitó Liverpool, participó en una procesión por la calle que une las dos catedrales y celebró la Misa.

 

El Catecismo de la Iglesia Católica, al ir desarrollando el Credo y al manifestar que la Iglesia es Una, Santa, Católica y Apostólica, dice que estos cuatro atributos provienen de Cristo quien por medio del Espíritu Santo  da y llama a ejercitar cada una de estas cualidades. Pues bien, al hablar de la Iglesia como Una, parte de que lo es por su origen. La Iglesia es Una debido a su Fundador, debido a su “alma”, así pues pertenece a su esencia misma el ser Una.. El que sea una no quiere decir que la Iglesia no sea diversa, pues esa diversidad proviene de los diferentes dones del Espíritu Santo, y de la gran diversidad de personas que los reciben..

 

El pecado y sus consecuencias hacen peligrar el don de la unidad. El apóstol San Pablo desde un principio ha llamado al mantenimiento de la ”unidad del Espíritu con el vínculo de la paz”. Pero desde un principio existieron escisiones que ya reprobaba el propio San Pablo (Cor.3, 1-23). Con posterioridad, a lo largo de la Historia se han producido rupturas (herejías, apostasías, cismas) que tiene su origen en el pecado.

 

Aquel don de la unidad que dio Jesucristo a la Iglesia subsiste, y lo debemos mantener, reforzar y perfeccionar por medio de la oración y de nuestro trabajo, encaminados a conseguir esa unidad plena. Con ello cumpliremos aquel ruego de Cristo “Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en tí, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). Por ello nosotros, como cristianos miembros de la Iglesia, debemos ofrecer nuestras oraciones para apoyar aquellas actividades e iniciativas que se producen para favorecer la unidad de los cristianos. Esto es el movimiento ecuménico.

 

El ecumenismo, desde la visión católica parte de unos principios esenciales:

 

.-La Iglesia de Cristo subsiste en  la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.  

.-Hay elementos de santificación y de verdad fuera de los límites visibles de la Iglesia Católica: La palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza, la caridad, y otros dones del Espíritu Santo.

.- Por medio de estos elementos las Iglesias y Comunidades son verdaderos medios de salvación.

.- No obstante,  carecen de la plenitud de gracia y de la verdad, pues Cristo las ha confiado a la Iglesia Católica.

.- Todos estos bienes provienen de Cristo y conducen a Él, y por si mismos empujan hacia la unidad católica. Pensemos que católico significa universal.

 

El don de la unidad es una llamada del Espíritu Santo, para atender a esta llamada se exige :

-Una renovación constante de la Iglesia hacia una fidelidad mayor a su vocación.

-La conversión del corazón, pues todos los católicos debemos tender a la perfección cristiana, predicando con este ejemplo.

- La oración en común. Las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos es el alma del movimiento ecuménico

-El conocimiento recíproco como hermanos.

-La formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes

-El diálogo entre los teólogos y los encuentros entre cristianos de diferentes Iglesias y comunidades.

-La colaboración entre cristianos en los diferentes campos de las actividades humanas.

 

También es necesario conocer que esa voluntad de conseguir la unidad excede de nuestras fuerzas y capacidades humanas y hay que poner nuestra confianza en la oración de Cristo por la Iglesia, el amor del Padre por nosotros, y en el Poder del Espíritu Santo.

 

Sin duda con ello se conseguirá poco a poco la unidad deseada.

 

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