La oración en familia
El propósito de este artículo es ofrecer una serie de sugerencias o recomendaciones para aquellas familias que deseen rezar con todos los miembros. No es un tratado de oración ni pretende ser exhaustivo, sino recoger ejemplos tomados de varias familias para que cada uno elija lo que le parece más conveniente a su situación y la edad de los hijos.
¿Por qué rezar en familia?
Como dice la Constitución Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, la familia es “iglesia doméstica”. Una forma característica de constituirse en iglesia es precisamente hacer oración. Con ello se transmite la fe de los padres a los hijos y se comparte con ellos. Y además se fortalecen los vínculos: la familia que reza unida, permanece unida. No cabe duda de que un cristianismo vivido desde el corazón reclama el testimonio de la oración paterna y materna hacia los más pequeños. Cuando la vivencia de la religión se limita a la asistencia a la misa dominical, algunos padres se sorprenden o entristecen porque se encuentran con que sus hijos abandonan la práctica religiosa al convertirse en adolescentes. Quizá la causa pueda encontrarse en una falta de arraigo profundo de la fe, en una identificación de la religión como unos simples ritos de significado no muy claro. Una manera eficaz de prevenir esta situación es participando en la oración familiar.
Oraciones de la mañana
Ofrecimiento de obras:
O Señora mía,
O madre mía,
Yo me ofrezco del todo a Vos,
Y en prueban de mi filial afecto,
Os consagro en este día
Mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón.
En una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro,
O madre de bondad,
Guardadme y defendedme como a cosa y posesión vuestra.
Amén
Ven, Espíritu Santo,
Inflama nuestros corazones
con las ansias redentoras
del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
Por el Corazón Inmaculado de María
Me consagro a Tu Corazón
Y me ofrezco contigo al Padre en el Santo Sacrificio del altar,
Con mi oración y trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy,
En reparación de nuestros pecados y
Para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial por el Papa y sus intenciones,
por nuestro Obispo y sus intenciones,
por nuestro párroco y sus intenciones.
Amén
Oraciones del mediodía
A las doce: rezo del Ángelus
Hacia las tres de la tarde: rezo de la Coronilla de la Misericordia
A las horas de comer:
Bendición de la mesa
Acción de gracias al terminar la comida
Oraciones de la noche
Acción de gracias por el día
Peticiones por las personas allegadas
Examen de conciencia (personal)
También se puede rezar el Rosario los sábados o en los viajes y el Vía Crucis los viernes.
Algunas familias introducen cambios para seguir los tiempos fuertes del calendario litúrgico: Adviento, Pascua de Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua de Resurrección, así como novenas a diferentes advocaciones de la Virgen, el Espíritu Santo o ciertos santos.
Otra posibilidad es utilizar los Salmos, leer la Escritura y comentarla (por ejemplo, el Evangelio del día), y naturalmente participar con toda la Iglesia en la Liturgia de las Horas.
En cualquier caso, conviene adaptar las oraciones a las capacidades de los niños, de manera que no les resulte agobiante ni tedioso.
Mientras los niños son todavía muy pequeños, es recomendable rezar con ellos, en el momento de acostarlos, las oraciones infantiles conocidas: “Jesusito de mi vida”, “Ángel de la Guarda”, “Con Dios me acuesto”, “Cuatro esquinitas tiene mi cama”, etc.
A partir de cierta edad es aconsejable realizar la oración familiar todos juntos, por ejemplo antes de cenar. Si hay niños de diferentes edades también resulta para ellos atractivo el incorporarse a la oración familiar cuando “ya son mayores”.
El rezar con sus padres se convertirá para los niños en una hermosa tradición familiar que atesorarán cuando sean adultos.
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Gracias por tu artículo.Estoy totalmente de acuerdo que rezar en familia desde niños deja un recuerdo imborrable.Mi padre murió cuando yo tenía siete años,y uno de los pocos recuerdos propios que me quedan de él (contados por mi madre tengo muchos),es el de como todas las noches rezaba el Rosario y nos uníamos a el si queríamos.A mi me encantaba sacar mi Rosario de colorines,y actualmente,ya con 34 ”palos” intento mantener esta preciosa devoción a la Virgen,que tantos buenos frutos me da. Ojalá mis hijos cojan el relevo!
Lo que ven y viven los niños en casa es fundamental. Es toda una escuela sin palabras. Cala más hondo que cualquier otra cosa. La familia es el lugar de la transmisión de la fe, de la tradición de padres a hijos (con el permiso de la televisión y las videoconsolas). Gracias Federico.
Por cierto Coque, que tus 34 ‘palos’ están muy bien llevados, estás como una ‘chiquilla’ y eso que has dado ya muchos frutos con tres churumbeles. Un besote.
Propongo una forma de mantener esa oración en familia. Ahora que las vacaciones y el buen tiempo acompañan, es buen momento para ponerla en práctica y continuarla ya siempre. Cuando era niño y salíamos los domingos fuera de Madrid, mi madre iniciaba el rezo del Rosario en el coche, y mi padre que conducía , dejaba de apretar el acelerador, y el resto de la familia en el asiento de atrás, sentíamos que, entre nosotros, se “ocupaba otra plaza” por “alguien” que nos daba mucha paz y nos ayudaba no sólo a “pasar el tiempo” sino que nos unía en un gran propósito, la oración y la devoción a la Virgen María. Hoy si tengo que viajar solo, me acompaña la voz de Juan Pablo II en esa devoción que aprendí de niño. Perdonad por el ripio pero no me resisto a callarlo, “Solo o en compañía, la oración siempre es tu guía”.
Muy interesante artículo, y muy práctico.
Gracias, Federico.
Nosotros tenemos una hija de 2 años y todavía estamos en la fase del “Jesusito de mi vida”, pero es bueno ir conociendo las siguientes etapas.