Santificarás las fiestas

Cerca de las vacaciones de verano puede ser interesante una reflexión sobre el tiempo libre. Nos habla el tercer mandamiento de la obligación de dignificar las fiestas, los días de asueto, etc. Podemos enmarcar estos momentos en parte del ocio. Sin mayor orden de continuidad voy a enumerar distintas ideas que me vienen a la cabeza, a la luz del Catecismo.

 

El ocio es una parte importante del hombre. El cristianismo ya desde los primeros tiempos se preocupó por el ocio sano, como fuente de elevación para la persona. San Agustín se horrorizaba y fascinaba, antes de su conversión, por los juegos circenses en los que se derramaba sangre para diversión de la gente. Estos mismos juegos fueron condenados desde el principio por los cristianos por inmorales.

 

La Biblia desde el Génesis habla de descanso. El Sábado, después actualizado en Domingo por Jesús se convierte en el día de fiesta y el día de descanso. La santificación pasa en un primer lugar por la Eucaristía.  En segundo lugar suele pasar por un cambio en la actividad cotidiana. Dejamos de lado las obligaciones de estudios o trabajo; podemos dedicar más tiempo a la familia y a los amigos.

 

Nuestra sociedad acusa la creciente descristianización también en el ocio. No me estoy refiriendo a hechos evidentes. Me refiero a algo más sutil. El hombre que no puede saciar su sed de lo infinito al no mirar al cielo es frecuente que se vuelque en sí mismo fomentando el culto al cuerpo y un modo de vida hedonista. Es necesario que los cristianos tratemos de reconquistar todas las fiestas para traer a Dios a los hombres. En la convivencia, en el deporte y en general en el ocio los que nos rodean pueden comprobar que lo que predicamos está acompañado por el buen ejemplo. Igualmente nos damos cuenta de la pobreza de nuestro ejemplo y la necesidad eterna de mejorarse a uno mismo. El ocio ordenado ayuda a la elevación del espíritu y al cultivo una vida de fe intensa.

 

Como catequistas de un gran número de jóvenes tenemos la obligación de hacer una propuesta de ocio sano a todos ellos. De esta forma se puede enseñar a los confirmados que no puede ni debe existir una dicotomía entre la vida diaria y la nocturna.  La naturalidad debe ser una virtud muy presente en el cristiano. El ocio es el momento adecuado para la naturalidad, pues es posible de participar en casi cualquier aventura o actividad en los ratos libres sin renunciar a los principios y sin escandalizar sistemáticamente a los demás. No hay que confundir esto con el derecho de los cristianos a decidir qué es bueno en su tiempo de ocio y qué prefieren evitar. ¿Podemos mejorar la propuesta de ocio que hacemos a nuestros catecúmenos?

 

Con todos mis deseos de que paséis unas felices vacaciones.

 

El amor de la verdad busca el santo ocio, la necesidad del amor cultiva el justo trabajo (S.Agustín)

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Comentarios (3)

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  1. pati linares dice:

    ¡VEN AL CAMINO DE SANTIAGO! Esta es la gran propuesta para este verano. Así se puede saciar esa sed de infinito de la que acertadamente nos habla Juan. Por eso ¡¡no puedes perdértelo!! (Gracias Juan!)

  2. pedro de benito dice:

    ¿Camino de Santiago?. Habrá quien dude, no sepa, no se decida. Yo solo puedo decir que cada año recorro diferentes partes durante nueve días. Con otros 85 peregrinos. Por algo será que repetimos. Ánimo y… ¡ultreya!

  3. miguelangel dice:

    en mi opinion, la clave del artículo: “se puede enseñar a los confirmados que no puede ni debe existir una dicotomía entre la vida diaria y la nocturna”

    a veces creo que tenemos una doble moral…parece q ciertas conversaciones, ciertos comportamientos o ciertas maneras de vestir están mal si se desarrollan dentro de los límites de la parroquia, pero están bien si los decimos una vez hemos pasado la puerta y pisado la calle.

    y de la misma manera, cosas que están bien “dentro de” la parroquia, parece que está feo hacerlas fuera de la misma , por ejemplo hablar de Dios o temas religiosos cuando salimos por la noche por ahí.

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