Si no tuviera caridad…
En la única película La Misión de Roland Joffé, se retrata el momento de la conversión del personaje encarnado por Robert de Niro leyendo la primera carta de san Pablo a los Corintios. El famosísimo y eterno capítulo trece nos acerca al corazón de la fe cristiana: la caridad. Como dice san Pablo, de las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, la más importante es la tercera. Añadiendo una segunda cita de San Pablo “Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que habléis sea bueno, oportuno, constructivo y provechoso. No entristezcáis al Espíritu Santo” (Ef 4, 29-30).
Vivimos en una familia, en una parroquia, en una ciudad, en un país… No vivimos solos. Meditando las palabras de San Pablo sobre la caridad es fácil entender, que no aplicar, lo que nos dice el santo y sus motivos. No siempre es fácil cumplir esto, máxime dentro de un grupo social de cualquier tipo, cuando los lazos de unión pueden difuminarse. Comentarios inoportunos, juicios fáciles, criticas despiadadas y gratuitas, cotilleos varios… No hacen bien a nadie. ¡Qué fácil es caer en esto! Sabemos la teoría, sabemos que debemos amar tanto a los que queremos como a los que no queremos tanto… ¿Pero cuándo pasamos a la práctica?
Una comunidad cristiana tiene deber de tratar con respeto y delicadeza a todos sus miembros. La caridad en el hablar y en el actuar con los otros debe ser una prioridad. ¿Pero sólo con los miembros de nuestra comunidad? No, al contrario, con todo el mundo, desde la persona más pequeña hasta la más importante de la sociedad. No podemos convertir al mundo si no lo amamos como Cristo nos pide.
Invito a todos los que han tenido la suerte de leer la magnífica columna de este tan humilde y modesto colaborador de la gaceta digital de nuestra parroquia y a mi mismo a tener una actitud constructiva en el hablar. ¿Por qué no me puedo ahorrar una crítica? ¿Por qué no me puedo ahorrar un juicio? Dijo Jesús a la adúltera: “yo tampoco te condeno”.
Para terminar esta reflexión quiero también subrayar la distinción entre respetar la santa caridad y transigir con lo que nos aparta de Dios. Dice San Agustín “Es mejor amar con severidad que engañar con suavidad”. Que amar con severidad no sea un refugio de la crítica gratuita, sino de la firme voluntad de ayudar a mejorar al prójimo.
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Hola Juan, veo que tu periplo por las frías tierras suecas te ha cargado las pilas. Bienvenido y esperamos seguir beneficiándonos de tu presencia y aportación. Un abrazo.
Querido Juan, también decía Jesús que ” «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. (Mt 18, 15-20).
Con ello también se hace el bien, pues “pasar” del mal de otro, se vuelve contra uno. A veces nos revolvemos cuando alguien “osa” llamarnos la atención, y no nos damos cuenta del bien que sus palabras aunque sean duras nos hacen , por lo pronto a nuestra humildad, a nuestro saber ser y actuar como cristianos.
Efectivamente como bien dices en tu columna, hay formas y formas de decir las cosas, eso si siempre a la cara, aunque cueste y duela.
BIenvenido Juan y espero que tu trabajo sea tan bueno para tí como estas palabras tuyas lo son para nosotros.
Corrígeme si me equivoco Juan, pero creo que el fondo de la columna va más allá de las meras correcciones a las que Floren se refiere.
Hay una línea entre corregir con caridad y parlotear sin ella. El fondo de nuestras conciencias nos avisa de cuándo estamos en un lado o en el otro.
Todos sabemos el dolor que causan estos comentarios indiscretos (puede incluso que los hayamos experimentado) Nadie tiene autoridad para juzgar a otro xq no conocemos lo que el corazón ajeno esconde… nadie más que Dios.
Cierto es que la cercanía entre los miembros de las comunidades puede hacer que caigamos en esta tentación… Como tb lo es que esta es una de las críticas más arrojadas contra las Parroquias.
Evidentemente, a nadie le atrae una comunidad donde falta la caridad.
Gracias por recordarnoslo Juan.
yo creo que caridad y “cotilleo” o “juicio facil” no tienen q ser necesariamente opuestas.
yo soy bastante dado a este tipo de “cotilleo”, me gusta provocar a la gente, decir cosas para “picarles”, o dejar caer cosas o reflexiones para q la gente se dé por aludida…
creo que la clave está en el espíritu con q se hace, y creo q todo eso se puede hacer desde el respeto más profundo a cada uno y sobre todo, sin sentirte el juzgador supremo q absuelve o condena…pero mucho peor me parece la indiferencia que el comentario facil y superfluo…pq a veces lo superfluo esconde algo más profundo y certero.