Antes quiero viajar (II)

Considero de interés seguir profundizando en la verdad sobre el noviazgo, el matrimonio y la familia.

 

Algunos de los lectores han manifestado que, a su juicio, los novios optan por no casarse fundamentalmente por motivos de índole socio-económico-laboral (sueldos bajos, empleo precarios, hipotecas…). Siento discrepar.

 

Creo que, de alguna forma, se ha perdido aquello de “contigo pan y cebolla”. Se ha impuesto la idea de que, antes de casarse, se requiere tener una casa en propiedad y un buen trabajo (ergo, un bueno sueldo).

Igual ocurre en la siguiente fase: ya casados, antes de decidirse a ser padres, se necesita una estabilidad laboral segura y un mejor sueldo.

 

Como siempre, no se puede generalizar, pero creo que, en términos generales sí que ha triunfado en la sociedad esa idea. Idea que, unida al consumismo exacerbado, lleva a que un joven piense: si me caso con mi novia paso a asumir los gastos de alquiler o hipoteca, comida, agua, gas, luz, chica en su caso…mientras que si me mantengo viviendo con mis padres, el cien por cien de mi sueldo lo puedo utilizar en mis hobbies: viajar, coche, móvil, ocio…y, también, ahorrar.

 

Lógicamente, si la comparativa es estrictamente económica-consumista, nunca es rentable casarse y, mucho menos, tener hijos.

 

Así, con tristeza, me ratifico en la conclusión de que los dos motivos principales por los que los novios no dan el paso al matrimonio son el temor al compromiso y el consumismo. Lo mismo es aplicable al tema de la descendencia.

 

Pero como decíamos el otro día, el cristiano no debe quedarse en el análisis crítico de los comportamientos sociales, sino fomentar el bien y la verdad. En este caso, expresar la belleza del matrimonio y la familia.

 

En este sentido deciros que, desde hace unos años, estamos haciendo el Master en Pastoral Familiar, organizado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II, creado por el Papa polaco para profundizar en el misterio de la familia y el matrimonio.

 

Juntos a nosotros, y desde el comienzo, también están realizando este Master otro matrimonio sanjorgil (Fer e Inés), así como, desde este curso, la familia Herrero Palomar.

 

A su vez, nosotros fuimos llevados de la mano de otros ilustres de nuestra Parroquia, Juan Pardo y Cristina del Río.

Me consta que otros matrimonios que están o han estado en la parroquia también han realizado o están realizando este interesantísimo Master sobre el matrimonio y la familia.

 

El Master consta de tres cursos, cada uno de ellos consiste en tres fines de semana durante el curso y una semana en verano. Este año iremos a Málaga y es nuestro tercer verano, así que estamos a punto de terminarlo.

En los encuentros de invierno, y más aún en los de verano, hay una perfecta armonía entre lo académico y lo vivencial. En lo primero, se profundiza en el matrimonio y la familia desde un prisma teológico, moral, pastoral y psicopedagógico. Junto a las clases, está la convivencia con matrimonios y familias cristianas, preciosos testimonios de fe y de vida de Iglesia.

 

Así, animaros desde estas líneas a apuntaros a este Master, enfocado para los matrimonios (de todas la edades, de hecho nosotros somos los más jóvenes) y también para novios (si bien, es más la excepción).

 

Familia, sé lo que eres.

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Comentarios (5)

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  1. Ingrid dice:

    Mota – No podría estar más de acuerdo contigo y con lo que dices en tu artículo.  Has dado en el clavo.  Como comenté a tu anterior artículo sobre el tema, hay una falta de madurez en los jóvenes de ahora que hace que les dé miedo la responsabilidad en vez de considerarlo un magnífico reto.  Y esta inmadurez también afecta a muchas parejas después de casados y hasta les lleva a romper el vínculo matrimonial.  Qué pena.  Si no hay lucha, esfuerzo y empeño, qué se puede esperar de una relación que seguro va a tener problemas en algún momento.  No?
    Así que, enhorabuena por este artículo y, enhorabuena por tu futuro hijo/a.

  2. Inés dice:

    Mota, creo que has dado en el clavo.
    Siempre me surge la misma duda: la mayoría entiende que las relaciones familiares (padres y hermanos) así como las relaciones de amistad, exigen un alto grado de compromiso y en ocasiones sacrificio… sin embargo no entiendo por qué, esto que casi todos entienden y viven, no lo pueden trasladar a las relaciones de noviazgo/matrimonio.
    ¿Por qué a un amigo o a un hermano debes ofrecerle más lealtad que a tu marido? ¿Por qué se vive la relación matrimonial como un espejismo de las relaciones verdaderas que si entablamos con amigos o familiares???
    Buen artículo. Gracias.

  3. tuky dice:

    Creo que el cristiano se enfrenta permanentemente a la pregunta de: “Señor, ¿qué quieres de mi?” esta pregunta va desde lo más sencillo a lo más complejo. Pasa por la decisión de estudiar una carrera, comprarse un coche, asistir a un plan u otro cuando coinciden, casarse, cambiarse de trabajo…y cada mañana al levantarse, en cada acto, pequeña responsabilidad, en cada encuentro…esa pregunta habría de presidir nuestra memoria, nuestras palabras y alcanzar la cima de nuestro corazón.
    Cuando uno pregunta con verdad el Señor responde con verdad. Y esa verdad pasa a veces por estar en una posición que uno no desearía, o pasa por liarse a la manta a la cabeza y enzarzarse en un pequeño o gran proyecto vital.
    Siento que este es un mal que me persigue y que nos ha de perseguir en estos tiempos que corren. A veces es demasiado incómodo preguntar…por temor a la respuesta.

    Gracias a Dios la Iglesia pone a nuestra disposición medios, personas, lugares de formación para ahondar en la verdad, que siempre es una. Y es Cristo.

  4. pepe dice:

    Creo que somos pocos los privilegiados que hemos visto lo que es vivir el amor en pareja y de lo que significa una vocación al matrimonio y creo que tenemos la gran responsabilidad de transmitirlo a esta sociedad. Encuentro normal que alguién que no haya tenido esta oportunidad plantee su vida de manera diferente. Somos unos afortunados los que hemos vivido esto en san Jorge, los que hemos estado rodeados de ejemplos de plenitud, paz y felicidad. Tenemos la suerte y la responsabilidad de transmitirlo.
    No podemos juzgar a la gente

  5. marina dice:

    Pues he leído y reflexionado sobre vuestros comentarios. Puedo deciros que he vivido en primera persona lo que significa la falta de compromiso en una pareja, la falta de madurez para enfrentar las dificultades del día a día, que desde mi punto de vista es lo que enriquece una vida y proyecto en común.
    Siento ser un poco pesimista en este sentido, pero nuestra generación está infectada por ese mal. Por eso me alegra infinito ver que hay gente como vosotros que comparte mi punto de vista y que sigue el camino correcto de acuerdo con los dictados que Dios nos enseño y que os llevará a una felicidad en la conciencia de una vida sacrificada, feliz, plena.

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