Cristianos guapos y enrollados

Frente a la imagen dañada que presenta la Iglesia hacia afuera, muchos tenemos la inquietud de repararla. Se están haciendo esfuerzos en esta línea y celebro el avance. Sin embargo, no todos ellos son igual de positivos. Al hacer esfuerzos por mejorar nuestra imagen, debemos preguntarnos, con toda honestidad, si estos esfuerzos nacen de la fidelidad al Evangelio o de nuestros complejos.

Nos empeñamos en demostrar que somos hombres y mujeres “normales”, que vivimos, trabajamos y nos divertimos igual que los demás. Es nuestra respuesta porque nos sentimos juzgados. Y es humano desear que no se nos juzgue. Pero cuando nos esforzamos por lavar nuestra imagen, podemos caer en el error de restarle energía al verdadero mensaje: el Evangelio.

Los cristianos no estamos para competir con los entretenimientos que ofrece el mundo. Tampoco estamos aquí para que nos acepten. Lo que nos define no es el hecho de ser más divertidos que otros. No se trata de que seamos más enrollados y más modernos que nadie. No somos un producto de márketing. Tampoco es honesto presentarse como un club de buenas personas, como si tuviésemos el monopolio de la virtud humana.

Lo que los cristianos tenemos que aportar es el Evangelio, vivido de raíz.

Ser cristiano no es anunciarse a sí mismo. Ser cristiano es seguir a Jesús y anunciar al Padre. Y nos equivocamos cuando, en lugar de centrar los ojos en el Señor y anunciarle a Él, nos anunciamos a nosotros mismos.

Por eso no me convencen los intentos estéticos de maquillar una institución milenaria y hacerla parecer un producto de márketing descafeinado para los jóvenes -suponiendo que los jóvenes estemos buscando algo descafeinado-.

Me convence una Iglesia que sigue al Señor en la tierra. Una Iglesia actual que da respuesta a las preguntas de fondo del hombre. Una familia abierta que acoge a todos, con independencia del punto en que se encuentren en el camino de su vida. Hombres y mujeres que se entregan a otros, que no juzgan, que sanan relaciones, que construyen puentes con otros y que se oponen a la injusticia de cualquier tipo. Hombres y mujeres que no se anuncian a sí mismos: que anuncian el Reino de Dios.

Me gustaría terminar con las palabras que decía el Padre Arrupe a cualquier joven que quisiera ser jesuita:

Quédate en tu casa
si esta idea te pone inquieto y nervioso.

No vengas a nosotros si es que amas
a la Iglesia como una madrastra
y no como a una madre;
no vengas si piensas que con ello
vas a hacer un favor a la Compañía de Jesús.

Ven si para ti el servicio a Cristo
es el centro de tu vida.

Ven si tienes unas espaldas anchas
suficientemente fuertes,
un espíritu abierto,
una mente razonablemente abierta
y un corazón más grande que el mundo.

Ven si sabes ser bromista y reírte con otros
y… en ocasiones, reírte de ti mismo
.”

 

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



Comentarios (4)

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  1. BUENÍSIMO este artículo.
    Me quedo con lo que sigue que he copiado para insertarlo en un Foro Católico.
    Saludos

    “Lo que los cristianos tenemos que aportar es el Evangelio, vivido de raíz.
    Ser cristiano no es anunciarse a sí mismo. Ser cristiano es seguir a Jesús y anunciar al Padre. Y nos equivocamos cuando, en lugar de centrar los ojos en el Señor y anunciarle a Él, nos anunciamos a nosotros mismos”.

  2. Floren dice:

    Me has recordado aquello que Cristo dijo respondiendo a la “acusación” de ser “rey de los judíos” : “Mi reino no es de este mundo”. Si llegamos a comprenderlo, nos daremos cuenta que siendo parte de este mundo, sólo seremos eso, mundo, y la verdad, a pesar de lo atractivo que pretende ser a nuestros ojos, hay mucho trasfondo, vacío, infelicidad, falsedad y tantos y tantos males como aparecen a poco que raspemos la superficialidad que nos rodea. El modelo a seguir se nos dió hace tiempo , Él es el Camino, la Verdad y la Vida, ¿Sencillo?, parece que no lo es tanto, pero el “esfuerzo” merece la pena, Nuestras vidas con sus circunstancias, con la cruz  que tenemos cada uno, es la forma de tratar de “construir  el reino de Dios en la tierra”, sin fanfarrias, ni pregoneros, en silencio, y de forma sencilla, y hay tanto que hacer…

  3. Mota dice:

    Magnífico artículo Loreley.

    No puedo estar más de acuerdo.

    Gracias por recordarnos “nuestras raíces” y nuestra vocación.

    Gracias por llamar la atención sobre una tentanción constante en la vida de la Iglesia, en la vida del cristiano.

  4. miguelangel dice:

    bueno yo estoy de acuerdo en parte, pero en parte no
    es cierto que las cada vez más frecuentes campañas q está haciendo la iglesia para intentar mostrar su rostro más joven y más “moderno” a veces caen en la exageracion o la caricatura. los cristianos, por naturaleza por tradición o por lo q sea, no podemos asperar a ser los reyes de la movida juvenil pq no es esa nuestra función, y lo tenemos que asumir con naturalidad y normalidad, igual q tenemos q asumir cuando nos ridiculizan muchas veces con razon (saber reirnos de nosotros mismos)

    pero en el fondo sí q creo q es necesario que nos adaptemos a los tiempos. sin perder la radicalidad evangélica, pero sabiendo q los tiempos cambian y q estamos en una sociedad muy distinta a la q había sin ir más lejos, hace 20-30 años. pero todo con naturalidad, y sin forzar

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