Fumata blanca sobre el dichoso Estatut

Es la noticia de la semana, compartiendo en rivalidad con el Mundial de fútbol. Tras no sé cuanto tiempo el Tribunal Constitucional por fin dicta sentencia sobre el Estatut y declara inconstitucionales 14 artículos. Muy bien. A la media hora todos los partidos políticos se pronuncian, igual que llevaban pronunciándose por anticipado durante estos últimos meses o años. Aquí todo el mundo opina, me parece estupendo.

 

¿Cuantos informativos se habrán abierto durante este tiempo con el dichoso temita? Que si manifestaciones de unos, que si manifestaciones de otros, que si el TC tiene que renovar sus miembros y los políticos no se ponen de acuerdo, que si un borrador se ha votado y no ha tenido quórum, que si otro borrador tampoco, que si la Presidenta del TC por aquí, que si la Vicepresidenta del Gobierno por allá, que si los magistrados del PSOE y los del PP, los conservadores y los progresistas….

 

Espectáculo vergonzoso en mi opinión, de unos y otros, nacionalistas y no nacionalistas, tertulianos y creadores de opinión en general. Cuántas presiones para un Tribunal independiente como ha de ser el Constitucional. Todos nosotros de repente nos hicimos catedráticos en Derecho Constitucional y dimos nuestra opinión de si el Estatut era constitucional o no. Y no sólo opinar, sino decirle al TC que si no decía lo mismo que nosotros, pues que estaba vendido a los unos o a los otros.

 

Y lo que para mí ha sido más grave en todo este tiempo. Durante 2 años el principal problema de la Justicia Española parece que era la falta de renovación del TC, o del CGPJ, o el retraso en dictar la sentencia del Estatut…y así tenemos a los políticos enfangados en “arreglar” estos problemas olvidándose de los verdaderamente importantes, que son el día a día a pie de calle en los juzgados de nuestras ciudades.

 

Si el TC ha sentenciado sobre el Estatut, pues una sentencia más, con toda naturalidad y que se cumpla lo que ha dicho. Ahora la gente sigue opinando, normalmente para decir que el Tribunal se ha columpiado y no tiene ni idea.

 

Y esto no sólo pasa con la sentencia del Estatut. Ahí tenemos el tema Garzón, un tema apasionante desde un punto de vista jurídico o procesal…pero en el que todo el mundo tenía su opinión política que no jurídica (es como si yo opino acerca de si BP está gestionando bien su escape de petróleo, o de si la energía nuclear es o no peligrosa). O el seguimiento permanente y minucioso de la instrucción judicial por el asesinato de aquella chica andaluza (no recuerdo el nombre) con la consiguiente indignación que nos produce el llamado “Rafita” (como si no hubiera cientos y miles de Rafitas que han cometido crímenes similares aunque menos mediáticos). O las típicas escenas televisivas de etarras negándose a declarar en la Audiencia Nacional.

 

La Justicia no es perfecta ni me temo que lo será nunca, pero lleva sus cauces. Si no estamos de acuerdo con lo que dice, pues existen los cauces para mostrar nuestro desacuerdo. Y si el problema es que no confiamos en el sistema en general… pues plantear abiertamente un cambio en el modelo de Estado de Derecho que tenemos desde hace 30 años. Venga alguien que lo plantee que yo le secundo.

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Comentarios (2)

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  1. Patricia dice:

    “Si no estamos de acuerdo con lo que dice, pues existen los cauces para mostrar nuestro desacuerdo”. Miguel Ángel, personalmente opino que mientras no haya independencia de poderes que yo sepa no hay ningún cauce para que el españolito de a pie ( que por cierto paga los sueldos de esos señores ) muestre su desacuerdo.
    El resto de cauces qué son sino el gobierno desgobernado a través de pactos y deudas con las minorías… Así no hay manera de votar nada… ¿listas cerradas y alianzas que se establecen después de las elecciones son los cauces propuestos? ¿Políticos que no cumplen sus propuestas electorales y que permanecen en sus cargos? Personalmente necesito cauces reales para sentirme en un país medianamente serio y respetuoso con sus votantes…

  2. floren dice:

    Querido Miguel Ángel, se recordaba en un librito que se titulaba “Antología del disparate” , una contestación de un muchacho de bachillerato, al que preguntaron en un examen: “¿Cúales son las formas de gobierno que conoces?” y el chaval contestó : “Dos; las buenas y las malas”. A veces me  pregunto si esa respuesta no era un disparate. Hemos pasado del “café para todos” a “tonto el último”. Un Estado que requería una desconcentración de funciones, se transformó por no sé que “razón de justicia histórica” (yo siempre he pensado que la justicia sin más apelativos es la verdadera justicia) en un Estado descentralizado, no sólo administrativamente, sino que se ha pasado a legislar, en materias que deberían estar radicadas en el Estado nacional no en las regiones, y que han multiplicado el gasto, pero no la eficacia de los servicios en la misma proporción.
    Si todo ello se ha hecho desde la Ley, es factible cambiarlo desde la Ley.

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