Mundial

Reconozco que estas semanas me he quedado muy impresionada con el mundial de fútbol.

 

Hemos asistido a la concentración de interés más numerosa de los últimos años. Un interés que se acrecienta ahora que nuestra selección se va aproximando al éxito. Un interés que congrega a jóvenes y adultos, niños y ancianos, mujeres, hombres, trabajadores, estudiantes, jubilados, amas de casa, escolares…y todas las categorías que pudiéramos pensar.

Los planes se suspenden, las oficinas quedan desangeladas, las calles se vacían, pues nadie quiere perderse a “La Roja” ganando en Sudáfrica. Los amigos se reencuentran, las madres congregan a sus hijos, los bares se llenan de gritos unánimes. Todos a una, como hace demasiado tiempo. Tanto que yo no recordaba esta unidad, este colorido rojo y gualda adornando las fachadas de las casas, las calles y las caras de los más jóvenes que amparados en sus banderas hacen gala de un patriotismo que antes estaba dormido.

Porque aquí el patriotismo deportivo está bien visto.

Hay quien aprovecha la coyuntura para honrarse públicamente de ser español, hay quien bajo el halo misterioso del fútbol se permite sentirse parte de un todo por una vez y en esta ocasión.

 

Es maravilloso que estemos unidos, que en algo todos estemos de acuerdo. Es fantástico que la calle sea nuestra y de los nuestros. Cada victoria es celebrada por todos y cada fracaso es una decepción compartida. Y esa unidad que se respira nos hace vibrar y recomponernos como un país algo perdido, dividido y acomplejado.

 

La pena es que esta unidad, este orgullo patrio, esta alegría de la victoria sólo sea extensible al fútbol, que por muy interesante que sea no deja de ser un deporte y no algo esencial en la vida.

Habrá quien me contradiga pues el deporte se halle en el centro de su existencia. Pero pese a las bondades deportivas extrapolables a otros campos de la vida el fútbol no debe ser lo más importante que une a un país.

 

Creo que podríamos aprovechar el regustillo amargo de observar esta contradicción que se nos ofrece como aliciente para movernos con el mismo entusiasmo y el mismo orgullo en otros temas o en otros momentos. Yo disfruto con este mundial porque me permite reconocerme española y parte de un todo al que muchos ansiamos pertenecer. Pero reclamo esa unidad más allá del fútbol, más allá de un deporte millonario en este mundo desigual, reclamo y necesito saber que además del fútbol hay otras cosas capaces de sacarnos a la calle o retenernos en casa un viernes a las 20:30 horas. Porque quiero creer que el hombre se mueve por la excelencia y hacia ella a pesar de que todos disfrutemos de un buen aperitivo rodeado de gritos de un silencioso amigo, que obnubilado por la tensión futbolera emite gritos antes no pronunciados por una pueril garganta.

 

Porque en realidad, ¿qué nos mueve?

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Comentarios (2)

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  1. Mota dice:

    Simplemente, espectacular.

    Con el fondo, coincidencia total. Con la forma, disfrute máximo.

    Sólo puedo decir: olé.

  2. ZK dice:

    Muy buena columna, aunque debemos disfrutar de las circunstancias actuales para aprovecharlas para otros campos. Si esto nos une, dejemos que nos siga uniendo, sin caer en lo triste que es que la causa sea el fútbol y no pilares más sólidos para nuestra España. Vamos, ” que de un limón, hagamos limonada” y de esta oportunidad seguro que sacaremos algo positivo para unirnos en muchas y más importantes cosas que hagan salir al país de su imagen de “perdido, dividido y acomplejado”.

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