20 de octubre, San Jorge

Tras haber recuperado en los últimos años la celebración de la fiesta de nuestro patrón y protector,  Jorge diácono, también llamado ‘el monje’, seguimos experimentando su intercesión en nuestras vidas y en la parroquia. La vida y muerte en Córdoba de este mártir del s. IX, no tiene desperdicio y, ante la proximidad de su fiesta, queremos conocerle un poco más de cerca.

Por ser obedientes a S. Eulogio, quien nos relata su vida, hemos de dar razón de dicho monje y confiar su memoria a las generaciones venideras, ya que su ‘causa’ sacudió la época con fuerte admiración:

De esa manera la religiosidad de los católicos aumentará con un incremento de su fe por aquél en quien ve cumplida la profecía de su Redentor con una verdad en cierto modo especial”, nos dice Eulogio de Córdoba.

Éste continúa: a Jorge “le proporcionó cuna la tierra de Belén, y los suelos extranjeros de Hispania una morada. Este varón, digo, abrazó desde su adolescencia el servicio de Dios y vivió veintisiete años bajo disciplina regular en el monasterio de San Sabas, a ocho millas de distancia al sur de Jerusalén.

Mandado a África por el venerable David, abad de dicho monasterio, a conseguir sustento para los monjes, no retrasó en modo alguno afrontar los riesgos de las muchas tierras y mares que se interponían, riesgos por los que ciertamente sabía que alcanzaría sin demora el beneficio de la suprema virtud de la obediencia.

Pero tras hallar que allí la Iglesia de Dios estaba siendo azotada por el hostigamiento de sus gobernantes y ver que allí no adelantaba nada en las necesidades de sus hermanos, por las que había venido, marchó entonces a Hispania con el consejo y aliento del obispo de Cartago.

Era, por lo demás, como supimos de él de la manera más cierta, un hombre de la mayor humildad y de gran continencia. Se mostraba muy agradable y mesuradamente alegre; en todas sus palabras resonaba el temor de Dios hasta el punto de que su boca, extrayendo siempre amor de su puro corazón, parecía derramar una dulcísima ternura; realmente le agradaba mortificar su cuerpo junto con sus vicios y concupiscencias a fin de, una vez animado con un renovado vigor de virtudes, aparecer más glorioso con él a la llegada del Señor.

Y aunque se le veía hacer esto con afán, se oponía grandemente a que se le considerase o dijese justo…

Continuará…

Filed Under: Portada

338 Visitas



Comentarios (3)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. Ingrid dice:

    Asi que una historia por entregas!  Y qué historia más apasionante la de nuestro santo.  Y la cruz que ilustra este primer capítulo….cuál es su orígen?

    Gracias, Jose, por aydarnos a conocer al S. Jorge de nuestra querida parroquia.

  2. belmon dice:

    Hola Ingrid. Te remito a la fiesta que celebraremos el 20 de octubre, miércoles, donde se resolverán las dudas en torno a esta cruz. ¡un abrazo!

  3. belmon dice:

    … por cierto, será en la misa de 20.30h.

Dejar un comentario