Claves para una buena comunicación conyugal
Comunicarse bien es un arte. Todos transmitimos ideas, pensamientos, sensaciones, opiniones, percepciones, etc., de manera continuada, con mayor o menor delicadeza, con mayor o menor fortuna y acierto.
El cónyuge es un interlocutor especial. No es ni un conocido, ni un compañero de trabajo, ni un pariente, ni un amiguete. Puede parecer que no hay que tener especiales miramientos con el marido o la mujer (la confianza da asco). Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La relación con nuestro cónyuge debería ser la que más nos importe. Está llamada a ser la más larga, la más profunda, la más personal e íntima., la más enriquecedora. En buena lógica deberíamos cuidar especialmente la comunicación con nuestro compañero de la vida.
Para comunicarse con eficacia se precisa de una cierta actitud y conviene tener en cuenta ciertas reglas, así como evitar ciertos vicios.
1) La actitud que permite una comunicación sana y constructiva supone una disposición a la escucha, un interés por lo que nos quiere decir la otra persona. Además de ello debemos aceptar a esa persona como es, mostrándole aprecio en su irrepetible singularidad. Respetando su inalienable libertad y su derecho a tener su propia opinión, aunque sea distinta de la nuestra o incluso pensemos que se equivoca.
2) Algunas reglas para una buena comunicación:
Oportunidad. Buscar el momento adecuado, con tranquilidad, serenidad, sosiego, intimidad…
Respeto. Debemos procurar manifestar nuestras ideas, opiniones y en general cualquier tipo de información, con educación y procurando evitar el desprecio o las humillaciones
Humor. Conviene añadir un toque de humor sencillo, no hiriente ni sarcástico, para ayudar a expresar mejor los mensajes.
Delicadeza. Tener en cuenta la opinión de la otra persona, su sensibilidad, su particular situación afectiva…
Comprensión. Ponerse en el lugar del otro, intentar realmente pensar y sentir lo que piensa y siente el interlocutor.
Paciencia. Expresar lo que se quiere decir sin precipitaciones, sin gritos, sin alterarse.
Prudencia. No lo sabemos todo, por lo que siempre es mejor preguntar que acusar, dudar antes de culpar, callar antes que herir.
3) Y por supuesto evitar ciertas cosas que dañan la relación:
Reproches. No confundir con la legítima expresión de un daño causado. El reproche es normalmente un signo de impaciencia o de falta de caridad.
Críticas. Aquí puede ser de aplicación la sugerencia bíblica de quitar primero la viga de mi ojo, antes de quitar la paja del ojo ajeno. Por lo general, criticamos lo que más nos molesta, que suelen ser precisamente nuestros propios defectos.
Insultos. El insulto daña especialmente la relación. Es una inaceptable muestra de desprecio y realmente descalifica a quien lo emplea, pues muestra poco autodominio y revela carencia de argumentos o razones para defender una postura.
El silencio ofendido o el rencor. Aun cuando nos hayan hecho daño, es imprescindible estar permanentemente dispuestos a pedir perdón y a perdonar, evitando sacar la “lista de agravios” en cada discusión. No querer vengarse porque nos han ofendido. Recordemos que más, infinitamente más, nos han perdonado a nosotros.
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Magnífica “saga” sobre comunicación conyugal. En la anterior (“tu cónyuge, ese desconocido”) nos hablabas de la necesidad de la comunicación en el matrimionio.Hoy nos hablas de cómo debe ser es comunicación conyugal.
Me ha encantado. Muy prácticas y recomendables las claves o reglas para la buena comunicación.
Me quedo con dos frases:
-”…debemos aceptar a esa persona como es, mostrándole aprecio en su irrepetible singularidad”.
- ” Recordemos que más, infinitamente más, nos han perdonado a nosotros”.
De nuevo, gracias Federico.
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Pues si, vaya baño de sabiduría sobre un tema que muchas veces se pasa por alto. Enhorabuena y gracias por estos magníficos artículos. Habrá un tercero?
Estupendo artículo, sólo añadir un consejo que me dió, nos dió, mi suegra (q.e.p.d.) : “Si alguno de los dos está enfadado con el otro, no permitáis que se ponga el sol sin haberos pedido perdón”. A lo cual yo añado algo , si te da reparo pedirlo (perdón) acuérdate del momento en que le dijiste “Te quiero” por primera vez y se despejarán tus temores. Amar también es perdonar.