El Rosario: Orígenes e historia hasta nuestros días
Este mes de Octubre, se le ha dedicado a María, bajo la advocación del Rosario, no por las consecuencias de una batalla, la de Lepanto, sino en agradecimiento a la Madre de Dios por cuidar de aquellos cristianos que con fe, en Ella y su Hijo pudieron defender a la Cristiandad de la agresión musulmana que soñaba, y así lo dice la historia, con colocar la media luna en la cúpula de San Pedro de Roma, como ya lo había hecho antes en la Iglesia de Santa Sofía en Constantinopla.
Pero el Rosario no sólo se rezaba en Lepanto, si no que tiene su origen, al menos el cristiano, en el martirio de los primeros seguidores de Cristo. Sabemos que aquellos condenados al martirio en la arena del circo, si podían, se adornaban con sus mejores galas, y en concreto, las mujeres se colocaban en la cabeza coronas de flores, en concreto de rosas, de ahí surge su nombre, “corona de rosas”, como símbolo de la alegría y de la entrega de sus almas a Dios. Cuando por la noche se recogían sus restos, por otros cristianos, estos rezaban una oración o recitaban un salmo por cada rosa de las coronas recogidas.
Con el tiempo, la recitación de los salmos de David, de los ciento cincuenta, estaba limitada a aquellos, que más cultos, los podían aprender, o leer. Pronto la Iglesia sugirió la sustitución de los salmos por Avemarías, dividiéndolas en quince decenas a lo cual se le llamó el “Salterio de la Virgen”.
Con el transcurso del tiempo, el rezo del salterio mariano cayó en desuso, pero hacia finales del siglo XII y principios del XIII, Santo Domingo de Guzmán , fundador de la Orden de Predicadores (Dominicos) en su misión contra la herejía albigense y los cátaros, que por cierto, en estos tiempos, se pretende re-inventar su historia, no estaba muy contento con su predicación y su frutos, se retiró a un bosque, haciendo ayuno y penitencias durante tres días hasta que se desmayó, apareciéndosele la Santísima Virgen María con tres ángeles, diciéndole que no con aquellas terribles penitencias que el se imponía, podría convertir a aquellos seguidores de aquellas doctrinas heréticas, sino con el rezo de su salterio.
Animado por aquella aparición el santo entró en Toulouse, en su catedral, y las campanas empezaron a repicar solas, la gente se agolpó para ver aquel hecho tan extraordinario. Cuando Santo Domingo se disponía a predicar, se desató una tormenta que atemorizó a los presentes, en ese momento una imagen de la Virgen alzó sus brazos al cielo tres veces, empezando Santo Domingo a rezar el Salterio y cesando en ese instante la tempestad.
Continuó Santo Domingo predicando y extendiendo la devoción del Rosario de la Virgen entre todas las capas sociales, para sufragar las almas del Purgatorio, extender la Iglesia a todos los hombres y luchar por su triunfo definitivo sobre el mal.
Al pasar los años, nuevamente empezó a caer en desuso el rezo del Rosario, pero durante la epidemia de “Peste Negra” que asoló Europa hacia el siglo XIV, el superior de los dominicos de la zona donde Santo Domingo predicó, tuvo una visión de la Virgen y del mismo Santo. En ella le pidieron que comenzara nuevamente a rezar el Rosario y extender esa devoción. Así se hizo por todos los dominicos, quienes dieron al Rosario, la forma que tiene actualmente, dividiendo las 150 Avemarías en 15 decenas y poniendo un Padrenuestro al inicio de cada una de ellas. Fue en 1500 cuando se estableció, por cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o de la Virgen María, configurando los quince Misterios del Rosario
Llegados por tanto al siglo XVI, la decisiva batalla de Lepanto del 7 de octubre de 1571 a la que nos hemos referido anteriormente, fue el impulso definitivo para que el Rosario se extendiera como devoción, e incluso, la que en un principio se denominó fiesta de Nuestra Señora de las Victorias, celebrada el 7 de Octubre, pasase en 1572 a denominarse de Nuestra Señora del Rosario, por mandato del Papa Gregorio XIII.
En 1587, el Papa Sixto V aprobó, en su forma actual, las letanías denominadas lauretanas, pues tienen su origen en el Santuario de Loreto, aunque se cree que su origen es anterior al siglo XII.
El Papa Juan Pablo II en Octubre de 2002, hizo pública una Carta Apostólica, la denominada “Rosarium Virginis Mariae” en la que declaró como “Año del Rosario” el comprendido entre Octubre de 2002 y octubre de 2003, y añadió a las tres partes tradicionales de los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos, los Misterios Luminosos.
Con el Rosario y “con el trasfondo de las Avemarías, pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo”, como dice el propio Papa Juan Pablo II.
El Rosario no sólo es una oración vocal, sino también mental y contemplativa, además de ser una oración del corazón hacia otros corazones, los de María Santísima y de Jesús, también lo es de contemplación de los misterios de la vida de Jesús.
Se ha denominado al Rosario como camino de María, y efectivamente, así es, llegar al Hijo por medio de su Madre ejemplo de fe, silencio y de escucha, puede forjar nuestra existencia.
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Muchas Gracias Floren por este magnífico artículo !! He aprendido mucho con su lectura.
Un abrazo!
Paco
No hay porqué Paco. Es un granito de arena en esto de hacer comunidad parroquial. Conviene siempre saber el origen de las devociones, en especial esta tan maravillosa de entregar una rosa con cada avemaria del Rosario a la Virgen Santísima.
Me uno al agradecimiento Floren.
Muy interesante, muy ilustrador.Muy necesario.
Yo también he aprendido mucho con este artículo.
Gracias.
Querido Floren:
Me ha encantado saber mas del Rosario,que, personalmente, tanto me ayuda en mi vida de fe. El otro día Jose Antonio nos dijo en misa que cada vez que recitábamos el Ave María le estabamos lanzando un “te quiero” a la Virgen. Bonito ¿Verdad?