Tu cónyuge, ese desconocido

De novios hablabais sin parar. Al principio del matrimonio también. Pero poco a poco la cosa fue decayendo. Entre el trabajo, la compra, los recados, el atasco y la tele o la Internet, gradualmente el tiempo dedicado a la comunicación fue reduciéndose.
Llegaron los hijos, que absorben el tiempo como los agujeros negros la materia. Pasaron años. En el trabajo conseguisteis puestos de mayor responsabilidad, que requerían una dedicación mayor. Pasabais más tiempo con los compañeros de trabajo que los dos juntos, el matrimonio.


Llegó un período en que la comunicación casi se desvaneció. Pasó a transmitirse recados o mensajes breves. En algún momento empezasteis a manifestaros vuestra irritación o impaciencia con algunos defectillos. Poco a poco perdisteis la confianza mutua y os pusisteis a la defensiva. Alguna vez, en situaciones de tensión y cansancio por el trabajo, surgieron discusiones, gritos, reproches, insultos incluso… al principio os disculpabais y la cosa aparentaba encarrilarse, pero al poco volvían las dificultades.Y un día os disteis cuenta: casi erais dos desconocidos conviviendo. ¿Cómo había podido pasar esto? De vez en cuando os acordabais del principio… ¿habrá sido culpa mía? pensasteis… pero es que había sido inevitable… realmente no pasó nada terrible, es que la vida es muy dura y no hay tiempo para todo, ya me gustaría…

 


¿Se podría haber evitado? ¿Es posible prevenir el deterioro de la comunicación conyugal? En estos tiempos de prisas, de exceso de trabajo, de llenar las agendas con multitud de actividades, parece difícil.

Y lo es, no vamos a negarlo. La mentalidad socialmente extendida lleva a hacer muchas cosas, postergando los períodos de reposo, de conversación relajada como si no estar haciendo cosas fuera algo malo. Pero se puede conseguir, no hay más que proponérselo.


Para tener éxito en la empresa más bella y más ardua que pueden acometer un hombre y una mujer, el matrimonio, es preciso hacerlo con una decisión total, sin dudas, poniendo todo el ser en el empeño. Y, una vez casados, no relajarse pensando que la cima se ha alcanzado, sino que precisamente ha comenzado un nuevo camino juntos, una andadura en la que vamos a tener un compañero permanente, hasta el final. Para asegurar esta mutua compañía es preciso dedicar tiempo a la comunicación. Un intercambio sencillo, eficaz, profundo y veraz que permita que el conocimiento recíproco vaya en aumento.


La única manera de conocer a una persona es hablando con ella. Por eso resulta tan importante hablar con el cónyuge. Más importante que hablar con cualquier otra persona. Lo que pasa es que es difícil darse cuenta de esto y ponerlo en práctica. Si nos fijamos en los matrimonios que llevan décadas juntos, normalmente veremos que tienen una comunicación fluida, relevante, significativa. La mayor confianza debe ser con el cónyuge. Esa será la persona con la que compartiremos nuestra intimidad en mayor grado. Si hay alguien que sabe cosas importantes acerca de mí que desconoce mi esposo o esposa, puede que haya allí una señal de advertencia. Lógicamente la persona que yo más quiero, la que más me importa, debería ser mi cónyuge; y en consecuencia debería ser mi mayor confidente.


Para esto es necesario dedicar tiempo. El bien más escaso del que disponemos. Habrá que renunciar a otras actividades. Es muy importante comunicarse diariamente con el marido o la mujer. Cada día pasan cosas, nos enfrentamos a situaciones que nos afectan, nos van haciendo evolucionar gradualmente. La única manera de seguir conociendo a alguien que cambia es manteniendo esa comunicación que hace compartir los acontecimientos relevantes de la vida, así como su repercusión interior.

El cónyuge no es solo un confidente, es también un consejero, porque no hay nadie que nos quiera más, que tenga más interés en nuestro bien. Es además nuestro apoyo en las dificultades, la fuente de sosiego ante los reveses de la vida.

La relación que van construyendo juntos los dos en el matrimonio crea una complicidad, una confianza recíproca, un profundo agradecimiento por ser el compañero fiel de la vida.

 

Alguien dijo que el matrimonio se puede definir como cincuenta años de conversación. Yo solo añadiría que no veo porqué tienen que ser solo cincuenta.

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Comentarios (5)

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  1. Ingrid dice:

    Magnífico artículo, Federico.  Y muy oportuno.  Enlaza con los artículos de Mota del año pasado sobre los jóvenes y su miedo al compromiso del matrimonio.
    El problema: cómo encontrar tiempo en esta vida de locos para una tranquila conversación con el/la cónyuge?
    Se me ocurre una posible solución. Quedar todas las semanas en algún lugar fuera del hogar para  tomar algo, dar una vuelta.  Deja un rato a los niños con la abuela, apagar los teléfonos, desconectar aunque sea solo una horita.  Pero que sea un momento sagrado, dedicado a la relación de pareja. 
    Las parejas jóvenes, sobre todo, se encuentran cada vez más inmersos en la vorágine de la vida diaria – trabajo, niños, casa .  Y sin darse apenas cuenta – o dándose cuenta, es igual – la pareja queda en segundo plano, en tercer plano incluso.  Pienso que hay que atajar el problema lo antes posible para evitar que se enquiste y que llegue el día en que se mira a la pareja y se encuentra con un extraño.

  2. Mota dice:

    De acuerdo con Ingrid: magnífico artículo.

    Me ha gustado mucho, y me ha hecho pensar. Qué importante es cuidar, fomentar y buscar los momentos de estar juntos, a solas, marido y mujer.

    Muchas gracias Federico.

  3. pedro de benito dice:

    Magnífico artículo. El autor sabe lo que dice y ¿quién puede decir que la cosa no va con él?. Solamente una queja (que es un elogio): lástima que el paso del tiempo haga perder de vista estas reflexiones, siempre actuales.

  4. Lois dice:

    Estoy completamente de acuerdo con el artículo y con los comentarios. Sólo agregar que, de no poder aplicar las excelentes recomendaciones de Federico, que deberían ser prioridad 1 para la vida de un matrimonio, aún así, no todo está perdido. Se puede y se debe empezar de nuevo, aunque la relación se haya deteriorado se puede reconstruir, basados en el Compromiso y en el No-Egoísmo. No será fácil, pero es posible.
    Con esto no quiero animar a que se deje pasar el tiempo sin la Comunicación diaria entre los cónyuges. Al contrario, eso sería perder parte de la propia vida. Sólo exponer que a muchos matrimonios les sirve como “excusa” la no-comunicación para separarse sin luchar.

  5. Ana burguera dice:

    ¡¡¡¡Exelente artículo y cuanto hay de verdad en esto de la COMUNICACIÓN en la pareja!!!!.
    Desde el principio hasta la JUBILACÍON y mas…. período que tiene su dificultad para la pareja puesto que hay quién se embarca en tantas actividades como las extraescolares, y no tiene casi tiempo para saber las preocupaciones de sus hijos, pareja, demás familia.
    La comunicación entonces, es a deshora, a medias…..y entonces hay que encontrar un dia, un viaje, para desconectar y hablar de todo y de todos los que nos importa e impulsar nuestra vida matrimonial.
    Pero bueno, con buena disponibilidad de ánimo se vuelven a renovar las energías…
    Gracias, por este artículo, que enseña tanto a las parejas jóvenes como a las que llevamos casi 30 años…

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