Estar presentes
Ojalá los hijos vinieran con instrucciones. Encender, apagar…esas funciones están más que superadas. Desde que nacen, comen, duermen, lloran. Lo fisiológico es primordial, casi único y adornándose sus necesidades de afecto, cariño, besos y voces, van creciendo y aprendiendo a mirar el mundo.
Pero a los que nos pilla en pañales es a los padres. De “golpe y porrazo” unas personitas lloronas y adorables invaden nuestra casa. Bien es cierto que desde el principio lo hacen sin intrusismo, parece que hubieran estado siempre con nosotros. Pero no es menos cierto que pagamos la novatada y sin apenas darnos cuenta les salen los dientes, empiezan a hablar, van al cole…y nuestra tarea de educarles, empezó hace ya mucho tiempo.
Una vez, recién nacida mi primera hija, entre los lloros del postparto, una amiga de mi madre me dijo: “El tiempo que dediques a esta niña es un tiempo maravillosamente empleado. Quizá la mejor tarea de tu vida” y aunque en esos momentos no eres consciente, más tarde comprendes lo bonito que es poder acompañar a alguien en el camino de su vida, en su aprendizaje, desde lo más sencillo hasta los grandes descubrimientos de su existencia.
Sin embargo, no es tarea fácil, a pesar de haber podido realizar otro tipo de estudios, a ser padre nadie te enseña. Y para evitar, en la medida de lo posible, la técnica del “ensayo-error” conviene, si es posible, volcarse en ese aprendizaje, ahora de los padres, para poder enseñar a sus hijos.
Muchos conocimientos los adquirirán por observación y ejemplo, quizá los más importantes. Unos hijos que ven que sus padres se quieren, ya tienen un gran recorrido trazado. Pero hay mil matices, también sumamente importantes, pequeñas cosas, que nos hacen preguntarnos…y ahora…¿Qué he de hacer?
Existen muy útiles recursos a los que acceder para formarnos en la apasionante tarea de ser padres. Cursos, libros, conversaciones…Sin olvidar que el estar presentes es vital y que sin darnos cuenta…el tiempo vuela. Y con él, nuestros hijos.
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Que afortunada es Solete ( y ya lo es tambien Casilda) de teneros como padres. Supongo que educar es tremendamente dificil, pero estoy segura de que si los padres intentais formaros, aprender, mejorar y, por supuesto, dedicar tiempo a vuestros hijos, Dios os iluminara a traves del sacramento del matrimonio y os utilizara como instrumento para sacar lo mejor de vuestros hijos. No os olvideis nunca de que Dios os concede la gracia para ello.
Un besito tuky.
Por cierto, perdonad que no ponga tildes, pero tengo rota esa tecla del ordenador…
qué gran familia formáis, y qué madraza eres martaaaaa! cuando me toque a mí beberé de tu preciosa experiencia!
A veces no es fácil, v erdad, Tuky? Ese libro de instrucciones – cuántas veces hemos deseado tener no un libro de instrucciones sino uno por niño ya que cada uno es tan distinto. Y la pregunta “qué he de hacer” se hace una y mil veces a lo largo de la crianza de los niños. La teoría nos la sabemos. Pero a la hora de ponerla en práctica ya no resulta tan clara.
Pero seguro que vuestro segundo sol, Casilda, será igual de alegre y feliz como lo es Solete.
Preguntarse qué hicieron con nosotros en semejantes circunstancias nuestros padres, suele resolver muchas situaciones, no todas, por supuesto, pero ayuda. Y sobre todo amor, como decía San Agustín; corrige con amor, calla con amor, grita con amor, que si el amor esta en tus raices , amor serán tus frutos. Es fácil decirlo y a veces nos acordamos de Herodes, pero como esto es distinto a todo lo que podamos imaginar, la solución aparece más tarde o más temprano