Gaudí
Como es sabido por todos, los próximos 6 y 7 de noviembre el Papa Benedicto visitará de nuevo nuestro país: peregrinará a Santiago de Compostela y viajará a Barcelona para celebrar la dedicación de la iglesia y el altar de la Sagrada Familia. A este acontecimiento de gracia nos vamos a unir algunos jóvenes de la parroquia que viajaremos a Barcelona para ser confirmados en la fe por el sucesor de Pedro y asistir a una de las celebraciones más bellas de toda la Liturgia cristiana: la dedicación de un templo.
Allí nos encontraremos también con el testimonio de un laico católico comprometido con su mundo y comunicador de la belleza de Dios: Antonio Gaudí, cuyas obras de arte nacen de su propio dinamismo espiritual. La belleza y originalidad de sus obras le han reportado el reconocimiento internacional. Especialmente asombra la fuerza de su simbolismo espiritual, que intenta poner en conexión el cielo y la tierra a través de su visión del espacio, en las formas y estructuras de la piedra, en los colores de su cerámica y la transformación de la forja. Algunos han intentado desvirtuar, sin conseguirlo, el sentido de su obra, con respuestas esotéricas o disparatadas, para privarla de su verdadera causa, que no es otra que la fe católica del artista. La obra de Gaudí tiene su fuente y origen en la experiencia de Dios, vivida eclesialmente desde el acontecimiento de Jesucristo, que es “el resplandor de su gloria” (Hch. 1,3).
Hay un paralelismo evidente entre su obra y su itinerario espiritual, especialmente en la construcción de la Sagrada Familia, hasta el punto que podríamos afirmar que mientras él construía el templo, el templo le construía a él, ya que en esta obra se fueron plasmando los distintos momentos vitales por los que atravesó: esperanza: portal del Nacimiento; dolor y sufrimiento: portal de la Pasión; abandono a la providencia: portal del Rosario.
La vida y obra de Gaudí no se comprenden sin su itinerario espiritual, que le llevó a mostrar la belleza de Dios a través del arte, vivido como vocación y misión.
Murió el 10 de junio de 1926, pobre entre los pobres, configurado totalmente con Cristo.
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Estupendo artículo y muy oportuno.
A ver si aprendemos algo de él… Gracias Ingrid.
Sí,señor. Gran artículo.
Qué enorme alegría me llevé al conocer (no hace mucho, unos pocos años), que Gaudí había sido un hombre profundamente religioso, de misa diaria y confesión semanaly con una presencia de Dios constante en su vida.
Presencia que, como muy bien apunta belmon, queda reflejada en toda su obra.