Olivo
“Cada árbol tiene su sazón y su manera de madurar: los hay tímidos, los hay airosos, los hay torpes, como los animales y las personas; pero siempre en una relación dichosa con su forma y su tronco.”
Las cosas del campo (J.A. Muñoz Rojas)
Siempre en una relación dichosa con su forma y su tronco…
Porque Tú lo has querido así. Porque el tronco del olivo habla de sus olivas. Aunque al olivo le cueste un centenario lo que al eucalipto un día y tarde el olivo en reconocerse olivo y la encina en descubrirse encina.
Y siendo olivo, sabes que envidio al olmo, por su balanceo en la rivera, cuando el cierzo acuna sus hojas plata. ¡Si tuviera yo, Señor, su tronco blanco…! Ya, ya sé. Si tuviera yo su tronco blanco, no podría aguantar tanta oliva, ni tanta… ni tanta nada.
Pero de momento no tengo olivas, ¿me cambias por un tiempo este tronco retorcido mío por uno blanco con hojitas plata? Ya, ya… ya sé que me estás haciendo, pero es que es larga la espera, y sin hacer nada…
En esta espera en que sólo de la cigüeña, las campanadas. De los sembrados, las amapolas. De las tormentas, las golondrinas y el suave aroma que siempre deja el trillo mojado. Y en esta espera me entretengo del viento al prado, de la luz a la higuera y en la primavera… ay, en la primavera, sólo Tú lo sabes.
Ya sé que me quieres olivo viejo para ser callado cayado. Habrás de enseñarme a ser callado y tendrás que sustituirme como cayado. Pero confío. Lábrame en la cigüeña y en las golondrinas, en el trigo y en la amapola, en el buey y en el arado y en cada repicar de cada campana para darte gloria con ellos. Para sostenerme en ellos. Para aprender de ellos, como olivo, a encontrar la relación dichosa con mi tronco viejo y retorcido, sin avergonzarme ante el olmo o el cerezo, sin querer florecer cuando el magnolio o el almendro… siendo simplemente yo, olivo nacido de tus manos.
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Gracias por esta columna que tanto invita a pensar, rezar y dar gracias!
Preciosa y profunda reflexión, Simeón. Y por cierto, me ha recordado las tardes de añoranzas en Arabia leyendo bajo el vieno cálido las evocaciones de “Las cosas del campo” que me regaló una amiga…
Muchas Gracias por este artículo que contiene un mensaje verdadero pero, a veces, difícil de llevar a la práctica.
Un abrazo