Piedras vivas

Todos hemos tenido la oportunidad de ver por televisión una de las celebraciones más bellas y expresivas de toda la Liturgia cristiana: la dedicación del templo y el altar de la Sagrada Familia de Barcelona, presidida por el papa Benedicto. ¿Pero cuál es la relación entre la consagración de estas piedras (prodigio de la arquitectura, pero piedras) y los cristianos? Sorprenden las continuas referencias y el paralelismo entre las oraciones y símbolos de la consagración de un templo y de la consagración de las personas, que es el bautismo: el altar y las paredes del templo de asperjan con agua bendita, se ungen con crisma (aceite mezclado con perfume) y se iluminan de igual forma que sucede en nuestro bautismo.

Así, los cristianos quedan constituidos como piedras vivas de la Iglesia y constituyen el templo de Dios donde se da culto al Padre en espíritu y verdad (Jn. 4, 23).

Los antiguos Padres de la Iglesia no dudaron, meditando la carta a los Hebreos, en afirmar que Cristo fue al mismo tiempo víctima, sacerdote y altar de su propio sacrificio, el Altar vivo del templo celestial. Y explicaron que si Cristo, Cabeza y Maestro, es verdadero altar, también sus miembros y discípulos son altares espirituales, en los que se ofrece a Dios el sacrificio de una vida santa. ¿Qué es el altar de Dios, sino la mente de quienes viven honestamente?, afirmaba Gregorio Magno.

Los fieles cristianos, que se dedican a la oración, que ofrecen a Dios el sacrificio de sus plegarias y súplicas, son ellos mismos piedras vivas con las que el Señor Jesús edifica el altar de la Iglesia cada día.

La celebración y las oraciones del Papa en la Sagrada Familia no tenían desperdicio a este respecto: al bendecir el agua para rociar el altar y al pueblo oró así: Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida… santifica esta agua, para que, rociada sobre nosotros y sobre los muros de esta iglesia, sea señal del bautismo, por el cual, lavados en Cristo, llegamos a ser templos de tu Espíritu… y concluyó: y purifique a quienes somos templo vivo para su gloria.

Al introducir las letanías, el Papa invocó a Dios, quien de los corazones de los fieles ha hecho para sí templos espirituales, y en la oración central de la dedicación, hablaba de la Iglesia en estos términos: Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres, el templo santo, construido con piedras vivas, sobre el cimiento de los Apóstoles, con Cristo Jesús como suprema piedra angular.

Finalmente, para regocijo de todos los cristianos, en la oración central de la Misa, la Plegaria Eucarística, el santo padre elevó su oración a Dios diciendo: Hoy, exultantes de gozo, dedicamos a tu servicio esta casa de oración, construida con el trabajo de los hombres. En ella se manifiesta el misterio del verdadero templo y se vislumbra la imagen de la Jerusalén del cielo, porque te consagraste como templo sagrado, en el que habitara la divinidad, el Cuerpo de tu Hijo nacido de la virgen Inmaculada. También constituiste tu Iglesia como ciudad santa… y continúas edificándola con piedras elegidas, vivificadas por el Espíritu, unidas por el amor, donde tú serás siempre todo para todos y brillará eternamente la luz de Cristo.

Después de haber celebrado y rezado con estas oraciones y símbolos, ¿se puede reducir la Liturgia de la Iglesia a una simple ceremonia, o es la expresión de la Vida que nos viene de Dios por medio del Espíritu?

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Comentarios (4)

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  1. Ingrid dice:

    Me encanta la pregunta que haces al final de tu artículo.  Pregunta muy pertinente, como todas las tuyeas, y merece una mediación en condiciones.  Pues claramente somo templo vivo pero a veces no nos lo creemos.  Más meditación.  Qué suerte tuviste de estar ahí, y qué suerta la nuestra que compartas con nosotros tu experiencia.

  2. Floren dice:

    Aunque no tuvimos la suerte de estar dentro de la nueva Basílica, si nos maravilló esa forma de Gaudí de hacer liturgia con la piedra y el cemento, algo que sólo un espíritu humano unido a Dios puede levantar. Cuando uno lee algunos datos de la biografía del arquitecto, comprende cómo “pudo hacer eso” y el porqué. Él mismo comprendió y se hizo templo de Dios. Dejó su fama,  dinero, proyectos que le podrían haber dado mayor prestigio y haber engordado su patrimonio, todo lo que a un profesional puede “tentar”, para , humildemente, volverse a Dios, dejar su hacienda, pues a veces se le veia pedir limosna por Barcelona, mal vestido y peor cuidado, dejando su vida profesional de prestigio humano, para alzar a Dios esa obra que es reflejo del templo interior que llevaba dentro y le salía en cada dibujo, en cada boceto. Hizo germinar una realidad en medio de un mundo contrario a lo que representa. Utilizó la piedra, materia inerte, para reflejar vida, esa vida que Cristo nos ha regalado. La Liturgia “pétrea” se completó con la Liturgia de la Palabra.

  3. Mota dice:

    Vaya pedazo de columna “litúrgica”.
    Gracias por aclararnos y acercanos los conceptos, frases y símbolos, de enorme riqueza, que se utilizaron en la espectacular ceremonia pontificia.

    Fue algo vibrante.

  4. Santiago Font dice:

    Dices bien, padre, al mencionar la Liturgia como expresión de Vida que nos viene de Dios a través del Espíritu. Desde siempre, la imagen de “piedra viva” ha sido para mí un recurrente motivo de reflexión y de oración. Y es precisamente en un contexto marcadamente eclesial donde se formula esta preciosa analogía por Pedro (IP 2,5), recordándonos el salmo 118 “la piedra que desecharon los arquitectos…”, como piedras del templo espiritual, edificado sobre los apóstoles y los profetas (Ef 2,20) y cuya piedra angular es Cristo. Me gusta ser piedra. Me apoyo en otras y otras se apoyan en mí, y de mi estabilidad depende la estabilidad de las demás y de parte del templo.

    Si nos fijamos en una gran catedral, ninguna piedra sobra. Todas han sido pensadas de antemano por el arquitecto para ocupar un lugar determinado e insustitituible. Pero las ” piedras vivas” no son pasivas, no se comunican unas a otras únicamente la estabilidad o la solidez. Se comunican la vida, la Vida del Espíritu, que a su vez les sirve de unión y de la vida de cada una depende en parte la vida de las demás. Y además, no sólo sirven para ser parte de la catedral, sino incluso para ser altar “para ofrecer sacrificios agradables a Dios por medio de Jesucristo. Y no es que además sirvan, como una utilidad más, para eso, sino es que han sido talladas por el cantero para ser altar. Por eso han sido consagradas con la unción del crisma bautismo.

    Dice Ingrid que qué suerte tuviste al estar allí. Seguro que sí. Pero yo me siento inmensamente más afortunado de ser y sentirme “piedra viva”. Haces bien, padre, al recordárnoslo.

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