Religión a la carta

En estos tiempos de relativismo y subjetivismo es fácil que pongamos nuestro criterio como la máxima expresión de verdad. De hecho lo difícil es evitarlo. “Yo decido en conciencia”, decimos. Olvidando que esa conciencia tiene que estar bien formada y que no puede contradecir la ley natural, inscrita por Dios en el corazón del hombre.

 

Por eso tendemos a veces a elaborar una religión adaptada a nuestra conveniencia. Si hay algo que no nos gusta, lo “borramos”. ¿Quiénes son los curas para imponernos nada? Mi opinión es tan válida como la de cualquiera. El Papa en definitiva es un ser humano y en consecuencia puede equivocarse, eso de la infalibilidad no me lo trago… ¿no lo dijo un Papa?

 

No sé porqué, a mí todo esto me recuerda a Pilato. Cuando le dice Jesús: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”, él responde: “La verdad… ¿y qué es la verdad?”. Con un tremendo cinismo niega la posibilidad de que haya una verdad objetiva, ¡cuando resulta que tiene delante a quien ES la Verdad!

Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Esto es lo que Él dice de sí mismo en Jn 14, 6. La pregunta clave para todo ser humano es ¿quién es Jesús? Si es el Hijo de Dios, entonces todo lo que dice cobra un especial significado. Si es un hombre, puede parecer admirable en muchos sentidos, pero a la postre sus palabras resultan intrascendentes.

Si Jesucristo es el Verbo encarnado, si es realmente Dios, entonces el relativismo se cae por su propio peso. No existen varias verdades, todas ellas igualmente válidas. Existe solo una verdad, y es Cristo. Esta es la piedra angular, a partir de la que podemos construir un edificio sólido que resistirá los embates del enemigo. Este edificio es la doctrina de la Iglesia, basada en la Tradición y el Magisterio, así como la liturgia, que recoge el modo en que debe efectuarse la celebración de los misterios de la fe.

 

Es fundamental darnos cuenta de que lo que nos enseña y transmite la Iglesia no es fruto de la arbitrariedad, ni de unas lucubraciones, ni de deducciones de unos sabios; es inspirado por el Espíritu Santo y basado en la revelación, culminada en Jesucristo.

En otras palabras, no es verdad porque lo diga la Iglesia, sino que lo dice porque ES la verdad.

 

La consecuencia de todo esto es que cuando nosotros pretendemos confeccionar nuestro menú religioso (esto sí, aquello no), en el fondo estamos rechazando a Jesucristo. Estamos actuando como Pilato: no queriendo reconocer la Verdad, y anteponiendo nuestro criterio al mismo Dios. Estamos endiosándonos, que es exactamente lo mismo que intentaron nuestros primeros padres; es una reiteración del pecado original.

 

La manera de evitar caer en esto es sencilla y complicada a la vez: no hace falta más que ser humilde. Pero la humildad no quiere decir ser servil ni tímido o apocado. La humildad supone vaciarse de uno mismo. Por eso su opuesto es la soberbia, que es llenarse de uno mismo. Como dice San Ignacio de Loyola, a la humildad se llega mediante la pobreza y las humillaciones, y una vez adquirida esta, de allí a todas las demás virtudes; mientras que por la codicia y el vano honor del mundo se llega a la soberbia, y de allí a todos los vicios.

 

La persona humilde reconoce sus limitaciones, la superioridad del Señor y el magisterio de la Iglesia como algo bueno para ella, aunque no le guste o le moleste en algunas cosas. Aceptar lo que nos incomoda es un ejercicio extremadamente conveniente que nos hace crecer en virtud. Esto no quiere decir que haya que tragar cualquier cosa que nos diga un sacerdote; el sentido común nos permite distinguir entre lo que es doctrina verdadera y lo que puede ser una interpretación más o menos subjetiva.

 

Cristo nos ha revelado el camino para alcanzar la santidad. Ese camino pasa por la cruz. Es lógico que nos produzca rechazo, pero en el fondo, de un modo misterioso, es buena para nosotros. No hay resurrección sin cruz. Podemos intentar inventar otro camino, pero ¿podemos saber más que el propio Hijo de Dios?

 

No intentemos crear nuestra propia secta o herejía. Ese camino no lleva a la felicidad. En cambio, si somos dóciles a las enseñanzas de Jesús y de la Iglesia, cumpliendo sus mandatos, realizaremos el plan de Dios en nuestra vida, construiremos su Reino en el mundo y así seremos felices.

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Comentarios (4)

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  1. Ingrid dice:

    Profundo como todos los artículos del Sr. Deleña. Y sencilla a la vez. Si nos dejamos de florituras – vease, menus – nos quedamos con lo más importante y lo más básico, lo más auténico de nuestra fé.
    Excelente. Gracias.

  2. Mota dice:

    De nuevo, no puedo más que coincidir con la apreciación de Ingrid: magnífica columna, Sr. Deleña.

    Cuanta verdad en tus palabras, cuanto Doctrina, Tradición y Fe en ellas.

    Volveré a releerme este artículo, rumiándolo.

    De momento, me quedo con esto: “La persona humilde reconoce sus limitaciones, la superioridad del Señor y el magisterio de la Iglesia como algo bueno para ella, aunque no le guste o le moleste en algunas cosas”

  3. miguelangel dice:

    pues yo soy de esos cristianos que le da una importancia extrema a la conciencia personal ,y que por tanto, soy o debo ser partidario de esta “religión a la carta”.

    nuestra religión no es una religión del libro, del dogma, del cumplimiento de unas leyes, de unas conductas morales, de unas normas…nuestra fe es un encuentro PERSONAL con Dios y Dios es tan ominipotente que a cada uno se le puede mostrar de diferente manera.

    Siempre que mezclamos las expresiones “obrar en conciencia” y “religión a la carta” lo hacemos como algo despectivo, como diciendo que quien hace eso es mal cristiano, o es cristiano de segunda, o light, o tibio…pero la conciencia de cada uno solo la conoce Dios. además, pq siempre pensamos que actuar en conciencia es sinónimo de comodidad o egoísmo? hay cristianos cuya sacrosanta conciencia les impulsa a dejar todo y dárselo a los pobres, a vivir poco menos que mendicando, o a irse al tercer mundo sin que nadie les mande…

    y puede haber también cristianos que en conciencia piensen, por ejemplo que abstenerse de comer carne en cuaresma no es lo que Dios quiere que hagamos en el siglo XXI y optan por “mortificarse” de otra manera.

    yo creo que uno de los mayores pecados es obrar contra la propia conciencia personal

  4. Floren dice:

    Efectivamente el “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré  mi Iglesia”, es algo tan fundamental que incluso los protestantes lo olvidan en el mejor de los casos, o simplemente lo omiten. El justificarse sólo por la fe no nos sirve. Repásese la carta del Apostol Santiago que nos dice que una fe sin obras es una fe muerta. Si “formamos” la conciencia como creemos nosotros que debe estar formada corremos el riesgo, de caer en un grave error, que nos puede llevar a otros como la interpretación personal de las Escrituras, la herejía, etc… nada nuevo, pero para eso está y recomiendo muy vivamente echarle un vistazo al Catecismo, que aclara este tipo de cosas. Tradición y Magisterio.Por cierto esos movimientos a hacer o a mortificarse no estan en la conciencia, estan en el Amor. ¿Hay algo menos racional que el Amor?

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