¿Por qué no confío?
Me gustaría vivir con la confianza de que Dios existe, pero no lo consigo.
Yo creo, ¿no? – ¡Claro que creo! He experimentado en mi vida, en numerosas ocasiones que Dios existe. Me ha bastado mirar la Creación, ver a un bebé recién nacido o saber de la muerte. Ese punto parece estar claro. He notado, también muchas veces, que no sólo Dios existe sino que soy amada por Él. A través de mi familia, de mis padres, de mis amigos. Soy amada en la Eucaristía, soy amada en la penitencia, en la oración… Ese punto también parece tener evidencias.
He sabido, a partir de la experiencia, que mi vida no está en mis manos. Ni me pertenece ni podrá ser mía. El espacio y el tiempo se escapan a mi control. Los agentes atmosféricos existen por encima de mis preferencias. La lluvia, el calor, la humedad, el viento. Las horas pasan, la vida transcurre, la muerte llega. Y yo no tengo capacidad de elegir al respecto. Puedo afrontar las circunstancias mejor o peor…pero en realidad, a menudo, ni siquiera eso depende sólo de mí.
Soy libre pero no me pertenezco. Ni soy mía ni nadie es de mi propiedad y aún así y sabiendo esto con certeza, vivo como si las tormentas y el arcoiris estuvieran en mis manos, como si con mis fuerzas bastara para casi todo. Y entonces me pregunto…¿Y Dios? Dios existe, me quiere, pero no acabo de confiar en Él. Le dejo entrar en algunas parcelas de mi vida, pero asumo el mando de mis tropas. Cojo las riendas y echo a andar sin consultarle. Hasta que aparece la duda, el desasosiego, el desconcierto, y entonces recuerdo a quién pertenezco, por quién soy creada…y reculo, cabizbaja consciente de mi fragilidad y pequeñez.
Pero yo lo pido, lo pido incansable porque sola no puedo. Quiero fiarme, quiero recordarme cada mañana de quién soy y por quién vivo. Que los que quiero tampoco me pertenecen. Quiero ganar en confianza. Ganar la confianza…y que ésta sostenga mi vida. Porque donde yo no llego ya ha llegado Otro antes, ¿no?
Habré de recordarlo cientos de veces…
Filed Under: Portada


Mi hija de 5 años suele decir “yo solita” cuando quiere hacer algo “difícil”. Creo que todos somos un poco así: confiamos más en nuestras propias fuerzas y en nuestros propios recursos que en el Señor…
Ciertamente. Soltar riendas. Eso es lo que nos pide el Señor.
Un abrazo para la recientemente ampliada familia.
Alguien me dijo; “Solo los pobres confian”… será que no soy suficiente libre de mi orgullo, soberbia… no me doy cuenta de mi pobreza, de necesidad de Dios en mi vida… por eso no confio… es el privilegio de los pobres..de los que esperan TODO de Dios… gracias por este articulo
saludos
ilonay