¡Dios viene a nacer en nuestro mundo!
Pronto comenzaremos este tiempo tan especial, en que nos vamos a preparar a la venida de Nuestro Señor Jesucristo.
El Adviento es el inicio del calendario litúrgico, justo después de la conmemoración de Cristo como Rey del universo, fiesta que marca el final del año religioso. Toda nuestra vida debería tener esa misma dirección: partiendo del maravilloso misterio de un Dios todopoderoso que se hace embrión en el seno materno, llegar hasta la pasión, muerte y resurrección, y triunfo final del Hijo de Dios.
El ser humano vive en ciclos. Los ciclos naturales regulan nuestras vidas: las semanas, los años, las estaciones… y las conmemoraciones, los cumpleaños, aniversarios, santos, etc. Con el tiempo litúrgico ocurre algo semejante. Cada año se renueva el recuerdo de la vida de Jesucristo, desde el anuncio de su concepción hasta su partida a los cielos.
El Adviento es un buen momento para intentar detenernos un poco en el ritmo vertiginoso de la vida moderna, tan alienante. Para intentar reflexionar en el inmenso misterio de amor por el que el Creador se abaja hasta prácticamente convertirse en criatura. Dios se hace hombre… y lo hace por mí. Solo con que llegásemos a este convencimiento seríamos plenamente santos.
El Adviento bien vivido lleva a una celebración verdadera de la Navidad, alejada del consumismo y de los aspectos materialistas de la vida. La razón por la que los cristianos celebramos la Navidad es que estamos muy alegres, muy dichosos, muy gozosos, de que Dios se haya hecho exactamente igual que uno de nosotros, salvo en el pecado. ¡Dios viene a nacer en nuestro mundo! El Dios todopoderoso, Creador del universo, va a ser un diminuto embrión, después un pequeño bebé que se irá formando en el seno de la Virgen, al cabo de nueve meses de gestación nacerá en Belén, y vivirá, trabajará y caminará por las sendas de Egipto y Palestina durante más de treinta años.
Cuando alguien importante va a venir a nuestra casa, nos preparamos. Todo se limpia con más cuidado, nos aseguramos de que no haya trastos por ahí, nos vestimos con nuestras mejores galas, estamos emocionados y expectantes… todo esto podemos vivirlo en mayor medida a lo largo del Adviento, porque en verdad va a venir Alguien muy importante… Alguien a quien deberíamos recibir embellecidos sobre todo interiormente, despojándonos de nuestros odres viejos, renaciendo espiritualmente.
El Adviento es una muestra del optimismo cristiano. En un mundo marcado por la crisis económica y moral, lo verdaderamente importante no es la historia política, sino la historia de la Salvación. Historia que se repite personalmente en cada uno de nosotros.
Jesucristo se acerca, viene a nuestro encuentro. ¿Nos encontrará preparados?
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Gracias por tu columna!! A mí me ayudó escuchar de boca de varios sacerdotes, que no son tiempos simplemente cíclicos los que vivimos, sino más bien una “espiral” en la que cada Adviento, cada Navidad que se repite, es a la vez siempre nueva; tendiendo siempre hacia arriba, cada vez más hacia Dios.
Bonita imagen la de la espiral, Patilí.
Yo quiero ser de los que están expectantes, alegres, ilusionados.
De los que limpan su casa, pero antes limpian su corazón.
Es grandioso lo que hizo Dios por nostros.
Señor, dame fe y luz para entender y vivir la grandeza de tu generosidad.
Como siempre, gracias Federico.