Cuando la mediocridad se hace habitual

En este artículo voy a hablar de política, me apetece pisar un poco sobre terreno más polémico a pesar de que la mayoría de mis lectores tengan ideas parecidas. No diré aquello de Juan Manuel de Prada de que me “leerán dos señoras mayores”…pues espero que no solo sean mayores.

El panorama político actual está plagado de ejemplos chuscos de la dejadez imperante en el político medio español. Ya no sólo se cierne la sospecha de que los políticos se aprovechan de sus puestos en beneficio propio con cierto tufo a ilegalidad, comentario que ya ni se hace por manido. Lo que se pone de manifiesto cada día es la dejadez total de funciones que adolecen la mayoría de nuestros representantes.

Cada vez hay una distancia mayor entre político y votante por la sensación de alejamiento y desinterés de los primeros por los segundos. En la pasada legislatura se daba la situación de consenso en el parlamento sólo en lo tocante a cuestiones de remuneración. En las recientes elecciones autonómicas catalanas se han llegado a escuchar programas electorales con propuestas –alguna inmoral- tan cutres que solo sirven para reírse. Un ejemplo del relativismo al que estamos llegando es la acusación de antipatriota a Almunia por destacar que España tiene un riesgo alto por lo que “no se ve”. ¿Desde cuándo eso es ser antipatriota? Eso es ser patriota y de los buenos.

El político, ni hace falta decirlo, es un ser humano más. No es necesariamente una figura a la que haya que admirar aunque si debe tener un comportamiento ejemplar. Pues bien, asumiendo que puede errar, lo que si debe es defender ideas, buenas ideas. ¿Cuántos hablan claro y postulan directamente lo que defienden? La progresía rancia de este país es mucho más clara en este aspecto que el resto.

Mi idea es que como cristianos no nos dejamos impregnar del relativismo moral y si algo está mal eso no es discutible. No es aceptable que un político no manifieste claramente lo que piensa y quiere defender sobre temas de calado como la idea de nación, la familia, la educación. Por eso, no es aceptable la oposición tan mediocre que tiene hoy España. Cuando la mediocridad se hace habitual la gente con talento destaca mucho más. Por eso somos los cristianos los que vamos a tener que dar solución a todos los problemas que nos acucian como sociedad.

Filed Under: Portada

196 Visitas



Comentarios (3)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. fedelena dice:

    Me temo que la raíz del problema es la falta de moralidad generalizada en nuestra sociedad, pero no solo en España, sino en casi toda Europa. Si uno mira los líderes políticos de otros países, se encuentra con adúlteros, chanchulleros, semi-déspotas… lo que se necesita es un rearme moral, una coherencia entre las convicciones y la conducta pública, un deseo de hacer las cosas bien y de resolver problemas. Pero mucho me temo que un político que defendiera tales cuestiones obtendría muy pocos votos… creo que hay algo de verdad en aquello de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. En definitiva, los gobernantes salen del pueblo… muchos que critican los comportamientos delictivos de otros harían lo mismo o peor si estuvieran en el poder.

  2. Mota dice:

    A veces tengo la sensación de que la política fuese un campo en el que la verdad, la coherencia y la humildad estuviesen vetadas.

    Que si algún político se le ocurriese ser completamente franco, honrado y bondadoso caería fulminado al día siguiente por la mañana.

    A veces se ven destellos de esperanza. Yo, en concreto, lo he visto en Mayor Oreja, María San Gil (ya no está) y en Durán i Lleida.

  3. Floren dice:

      A parte del relativismo, creo yo que lo que está imperando ahora es aquella máxima maquiavélica de que “El fin justifica los medios”. “Nada importa mientras mentenga en el poder a los míos, aunque nos hundamos en la miseria”. “Y es que a lo mejor los míos son malos , pero los otros, son peores”.Este tipo de cosas se escuchan por la calle, y a mi siempre  me salta de la memoria la siguiente Fábula de Samaniego:
    En una alforja al hombro
    llevo los vicios:
    los ajenos delante,
    detrás los míos.
    Esto hacen todos:
    así ven los ajenos,
    mas no los propios.

Dejar un comentario