El Árbol de Navidad: ¿pagano o cristiano?
Son muchas las familias cristianas que en estos días de preparación de la Navidad adornan sus casas con elementos tradicionales como el belén y el árbol de Navidad. Si bien sobre el belén todos tienen claro su sentido cristiano, aletea una sombra de duda sobre el árbol, pensándose que no es un símbolo cristiano, sino pagano. Pero pocos símbolos hay tan antiguos y significativos para los cristianos como el árbol de Navidad.
En primer lugar, la hoja verde y perenne del abeto navideño, en medio del frío invierno donde los árboles pierden las hojas, se ve como un símbolo de la vida que no se acaba, poniéndolo así en relación al niño que nace en Belén, que viene para darnos vida eterna.
En las culturas griega, romana, celta y escandinava, se adornaba las casas con hojas de hiedra, muérdago, acebo o laurel con un sentido medicinal y a veces mágico. Los cristianos supieron ‘bautizar’ este sentido primitivo para ponerlo en relación con Jesucristo. En esta línea, hay constancia de un hecho histórico acaecido en el año 724 en el que S. Bonifacio, obispo de origen inglés, en la ardua tarea de la evangelización del norte de Europa taló en Geismar (Alemania) un roble “sagrado”, dedicado al dios Thor. En su lugar plantó un abeto en honor a Jesucristo, que con sus hojas siempre verdes simbolizaba a aquel que vive para siempre (Ap. 1,18), y con la madera del anterior mandó construir una capilla en honor a S. Pedro.
Los cristianos siguieron la costumbre de adornar sus casas con ramos verdes con un sentido nuevo, ya no como algo ritual o mágico. La forma triangular del abeto recordaba además al Dios Trino.
En el s. XII se hicieron famosas las representaciones teatrales sobre la historia de la salvación, desde Adán y Eva, en las cuales el árbol ocupaba un papel preeminente, adornándose con manzanas rojas (que hoy se han convertido en bolas de colores) que recordaban el pecado y la redención, y dulces como signo de la tierra prometida, tierra que mana leche y miel (Ex. 3,8).
La decoración del abeto con luces, que era también una costumbre escandinava, pasa a significar para los cristianos por una parte que Cristo es la Luz del mundo (Jn. 8,12) que vence a las tinieblas del pecado y de la muerte; por otra, que los cristianos salimos en Adviento al encuentro del Señor con las lámparas de nuestras buenas obras encendidas.
Decorar nuestras casas, centros comerciales o calles con el árbol de Navidad es además hacer memoria de otros dos árboles: el árbol del paraíso, plantado al Oriente (Gn. 2,9), en el cual el hombre perdió la comunión con Dios al comer de su fruto prohibido, y el árbol de la cruz, donde el hombre recupera la comunión con Dios acercándose a aquel que viene a quitar el pecado del mundo: Jesucristo. Si por un árbol nos vino la perdición, por otro nos viene la salvación: Cristo, nacido por nosotros en Belén, es el verdadero Árbol de la vida (Ap. 2,7).
La pérdida de la comunión con Dios por el fruto prohibido del árbol del paraíso, hará que el hombre anhele desde entonces recuperar el acceso al árbol de la vida, que es el árbol de la cruz del que pende Jesucristo, el fruto bendito que da vida.
Filed Under: Portada


Sólo hacer una pequeña aclaración, El fruto del pecado original no es una manzana , pues el Génesis no dice nada al respecto. Quizá por su apariencia , sabor y color la tradición lo ha tomado como “figura” del pecado. No es que uno haga sidra ni nada por el estilo, pero a cada uno hay que darle lo suyo, y los pobres manzanos, tan bonitos, no merecen cargar con esa culpa. Me ha gustado Jose Antonio, que des esta pincelada para que sepamos el porqué de las costumbres cristianas, pues a lo mejor damos por sabidas muchas cosas que realmente se ignoran.
Me ha venido muy bien leer este artículo, porque yo le tenía cierta prevención al árbol…
Magnífica columna belmon.
Muy ilustrativa, muy clarificadora. Muy interesante.
Por cierto, estoy con Pedro…