La estatura de un niño

Y yo de pronto he comprendido

que, a veces, es preciso descansar de vivir,

que todo vuelve,

que todo ha de tener, al fin, la estatura de un niño (…)

La casa encendida (Luis Rosales)

 

Que todo vuelve…  todo vuelve.

Siempre.

 Año tras año.

Risa tras risa.

Miedo tras miedo.

 Nada tras nada.

Todo vuelve en este silencio antiguo, cíclico, vital. Todo tiende a su ser. Todo tiende a su estatura. ¿Yo también?

Ojalá.

Y otra vez Adviento. Éste habría de ser mi camino a la estatura exacta, la más pequeña, la más potente, la más indigente y necesitada, la que precisa que me incline, que me arrodille para contemplar en cercanía.

Pero hay aún algo más grande. Mirarte cara a cara. Hacerme niño. Retornar a mi verdadera vocación: la niñez. Cumplir mi misión vital. Alcanzar mi estatura idónea: la de niño. Pero… Para eso, no me basto. ¿no hay nada que pueda hacer? Ya, no hacer nada es todo lo que debo hacer. “Es preciso descansar de vivir”.

Calma.

Admirarme. Admirarte. Contemplar. Crecer y menguar, menguar y crecer. Alternativamente. Complementariamente. Necesariamente, dejarme hacer. Dejarte hacer. Y agacharme. Y beber… de donde siempre, de donde nunca. Como habría de ser. Como será. Porque todo tiende a su ser, a su esencia primera, a su niñez.

Por eso vuelves. Porque aún no he terminado de volver. Por eso no te cansas. Por eso era necesario que tomaras la estatura por la que me siento tentado. Deshazme y confórmame en la nueva medida… depúrame, esénciame. Hazme en Ti, en nosotros. Hazme en nosotros, en Ti.

Que todo vuelve…  todo vuelve.

Siempre.

 Año tras año.

Risa tras risa.

Miedo tras miedo.

 Nada tras nada.

Filed Under: Portada

204 Visitas



Comentarios (2)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. fedelena dice:

    Qué bonito, qué sencillo, qué profundo… gracias Simeón por esta pequeña joya.

  2. pati linares dice:

    Precioso. Gracias.

Dejar un comentario