Saborear la soledad

-Tengo miedo a estar solo. ¿Quién no lo tiene? Podemos estar verdaderamente rodeados de gente, de mucha gente, y sin embargo correr el peligro de estar solos. Y yo no quiero estar solo. Me aterra estar solo. Tanto, que soy incluso capaz de perder mi identidad y mimetizarme con esta gente que me rodea, intentando alcanzar de ellos su aprobación y su aceptación. Tanto, que soy también capaz de caer en un activismo obsesivo, de forma que trato de ocupar toda la semana a modo de “relaciones públicas” para poder llegar a casa sintiéndome el rey del mundo por haber ayudado a cierta persona con un problema, haber organizado tal cosa y tal otra… y es que si no lo hago así, creo estar solo.

-Otras veces sin embargo creo que soy una persona con muchísimos amigos, y mis fotos en Facebook pueden demostrarlo. Tengo una patética cara de felicidad, y simulo pasarlo bien. No es que no lo pase bien, pero en el momento de la foto lo paso siempre especialmente bien. Existe ya incluso el término “foto Facebook” o “esta foto de principal”. Sin embargo, cuando las cosas no me van bien, y tengo ciertos problemas que no consigo resolver, me encantaría sentirme tan acompañado como en las fotos, saber que tengo un amigo que absolutamente camina a mi lado. Pero la realidad es que soy profundamente consciente de lo “sentimentaloides” y superficiales que son algunas de mis amistades. Y me siento muy solo.

Existen montones de situaciones, existen montones de testimonios, existen montones de personas –con rostros muy concretos- que experimentan esta amarga soledad. Nosotros también hemos tenido en ocasiones experiencia de ello, pero por fortuna (por don de Dios) hemos descubierto una hermosa y fiel Compañía, Presencia real en nuestra vida.

La experiencia de soledad es terriblemente dramática. Pone en peligro entender el sentido de la propia vida. Uno se puede llegar a cuestionar infinidad de cosas, y ver su vida tambalear. Mirar a su alrededor y creer ver todo lo que no hay en él:. “Todo el mundo ríe, todo el mundo está bien, todo el mundo… ¿y yo? Yo estoy solo. ¡Madre mía! Estoy solo. Estoy solo…”.

Tendemos a querer evadir esta experiencia, y en el fondo es verdad que ¿quién elige voluntariamente estar solo? Sin embargo saber permanecer en este momento que se le brinde a cada cual, sin agarrarse a cualquier banal inmediatez que aparentemente “saque de la soledad”, es una oportunidad buenísima para encontrarse con el Señor. Allí donde creemos estar completamente solos, allí donde el eco nos devuelve nuestros propios gritos, allí está todavía el Señor.

Ahora que, saborear esta ocasión es sólo para paladares exquisitos. El resto salta este momento, como una madre tiene que echarle kétchup al pescado o a la verdura para que su hijo sin protestar –y sin saborear- lo coma. Y sin embargo esta experiencia que decíamos “terriblemente dramática” es también terriblemente enriquecedora. Porque en la soledad, uno se enriquece de lo Único que permanece.

 

Filed Under: Portada

295 Visitas



Comentarios (4)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. Floren dice:

    Pati únicamente te pongo unos versos de Santa Teresa, búscalos en internet y cuando leas completamente el poema al que pertenecen, verás que Él siempre está y nunca te sentirás sola.
    “Vivo sin vivir en mí,
    y tan alta vida espero,
    que muero porque no muero.

    Vivo ya fuera de mí,
    después que muero de amor;
    porque vivo en el Señor,
    que me quiso para sí:
    cuando el corazón le di
    puso en él este letrero,
    que muero porque no muero.
    …”

  2. Mario dice:

    en la soledad, uno se enriquece de lo Único que permanece…


    en la soledad, uno se enriquece de lo Único que permanece…


    Que bonito es tener la certeza de que Él saca algo bueno de todo lo que a nosotros no nos lo parece e, incluso, nos agobia como la soledad.

    Gracias Pati,

  3. belmon dice:

    qué bien escrito! Profundidad, finura, experiencia. No le falta de nada. Gracias por tu artículo.

  4. coque dice:

    Pati!!!
    Que gusto da leerte! La Parroquia está mas sola desde que te nos has ido a Roma! Pero,como tan profundamente escribes en tu artículo,estamos unidos por la oración! ¿Que mejor remedio para la soledad?

Dejar un comentario