Somos lo que esperamos
Si hiciésemos una encuesta improvisada por la calle, grabadora en mano, para preguntar a la gente: y tú, ¿qué esperas en la vida?, podríamos encontrar respuestas de todo tipo. Es importante que nos hagamos y respondamos esta pregunta alguna vez, porque en gran parte nos estaremos ‘retratando’ en la respuesta, ya que “somos lo que esperamos”.
Y esta espera tiene mucho que ver con el deseo. Quien espera, desea. Y no se trata de una espera pasiva, sino activa, porque el deseo nos mueve a querer alcanzar el objeto de nuestro deseo, mediante decisiones y acciones de nuestra libertad y voluntad.
Quien espera en esta vida cosas pequeñas, se acaba empequeñeciendo, a merced de corrientes y ‘modas’, y quien espera cosas grandes, ensancha su horizonte y esponja su corazón, de forma que podríamos afirmar que “el que no espera, desespera”.
Los cristianos vivimos con una conciencia viva de esta espera, que no se concreta en un ‘qué’ sino en un ‘quién’, y esperamos algo grande: salvación, plenitud, Amor. Conscientes de que en esta vida hay cosas que no nos podemos dar a nosotros mismos, y sin conformarnos con cosas ‘pequeñas’ que no dan la felicidad que prometen, los creyentes vivimos el presente en continua tensión hacia el futuro, con la confianza y la mirada fijas en Aquel que ya ha venido y que ha prometido volver gloriosamente para dar pleno sentido a nuestras vidas: Jesucristo. Vivimos fiados de una promesa de salvación, en la cual confiamos porque ya se ha cumplido: porque Jesucristo ya ha venido (en la carne), creemos que volverá (en gloria).
Nuestra humanidad tantas veces quebrada, los deseos y anhelos más profundos de nuestro corazón, encontrarán su cumplimiento definitivo cuando Cristo vuelva ‘al final de los tiempos’, trayendo consigo resurrección y vida, justicia universal y plenitud definitiva. Esto es lo que esperamos, lo que ensancha nuestro corazón, lo que nos hace seguir mirando hacia delante y confiar sin desanimarnos, incluso a pesar de las adversidades.
Y tú, ¿qué esperas para esperar cosas grandes?
Filed Under: Portada


Esto lo sabemos en teoría, lo difícil es vivirlo en la práctica. Cada día tiene su afán y claro, nos afanamos en el día a día, lo urgente, olvidando o relegando a veces lo importante. Es la eterna disyuntiva Marta – María.
A veces yo me encuentro más bien “queriendo ser lo que espero” que “siendo lo que espero”. Supongo que va ligado a la eterna pregunta ¿quién soy yo? Mi madre me ha enseñado últimamente a responder así: “Yo soy Tú que me haces”
A veces no somos lo que esperamos, pues con mirar un poco fuera de nosotros, lo podremos comprobar. Estamos ciegos y sordos a lo que en el fondo realmente esperamos.Otra cosa es saber realmente qué es lo que se quiere. El profeta Samuel tardó tres veces en saber y aún así lo supo por otro, que Dios le llamaba. A veces nos encabezonamos en cosas, que con escuchar sinceramente, sin grabaciones extrañas que nos dicen lo buenos, lo listos, lo estupendos que somos, y responder, esta vez si, con la confianza puesta en el Señor, nos enteraremos de lo que realmente queremosy lo que Dios quiere de nosotros. ¡¡Habla Señor, que tu siervo escucha!!
Como siempre, la pregunta final que da en el clavo. Qué espero para esperar cosas grandes? Tener confianza de que merezco esas cosas grandes, qué puedo esperarlas. Como dice Floren, muchas veces no somos lo que esperamos. Lo cual no quita para que podamos pedir al único que nos puede ayudar de verdad sepamos escucharle y conocer su voluntad.
Qué gran columna Belmon.
Cómo das en el clavo de la existencia humana.
Nuestra confianza y espera en el Señor no es ciega pues, como bien describes, Él ya ha venido en carne, y volverá en gloria.
Gracias.