El renacimiento de Jesús

Hemos terminado el tiempo litúrgico de la Navidad y lo hemos hecho con la celebración del Bautismo del Señor. Si nos paramos a pensar, resulta un tanto sorprendente que la fiestas  del nacimiento  las concluyamos con una fiesta que nos muestra a un Jesús con treinta años, bastante crecido, y es que el misterio amoroso de la venida y configuración humana de Cristo marcando el Camino, la Verdad y la Vida, nos lleva a comprobar que es él mismo quien realiza el Camino, Él mismo se hace Camino de Salvación, pasa por todas y cada una de las etapas que un cristiano debería pasar, demostrando que nada es imposible para Dios, incluso hacerse humano, participar de nuestra naturaleza humana, mostrándonos que aún siendo seres inferiores a Dios , Él nos ama y nos pide no que seamos como Él sino que le sigamos en nuestra humilde condición.

 

No es un nacimiento físico solamente, hay un nacimiento o más bien un renacimiento o un recobrar el sentido de las almas golpeadas por el pecado.

 

Esa escena del Bautismo, nos muestra a Jesús hecho hombre, en su plenitud humana, recibiendo el si del Espíritu, la confirmación de Dios Padre de que en Él está todo lo que es, y  además, algo fundamental: que Él es el que es, ha sido y lo será siempre, pues contemplando  esa condición de hombre a veces olvidamos que es Dios. El texto de San Mateo  (3, 16-17)nos aclara esto que debemos tener presente, que Jesús es el Hijo amado de Dios y en el está el Espíritu Santo.

 

En Él se cumplen las profecías, se confirman las promesas del Mesías Redentor, del libertador no material, que se somete primero en su condición humana a recibir el Bautismo de Juan, aunque este le pone sus reparos , diciéndole que tendría que ser él el bautizado por Cristo. Jesús después actuará, no como rey, ni como caudillo, o ni siquiera  como un general  al mando de un ejército para levantar a un pueblo un yugo de opresión y castigo impuesto por otros hombres, sino  que estamos ante algo más profundo, ante la liberación de las almas uncidas al yugo del pecado y eso únicamente lo puede hacer Dios.

 

Así pues, tras  el “nacimiento físico” de Dios como el más humilde de los hombres, de nuevo aparece un “renacer” de Cristo, como una “certificación” de que Jesús es Dios, Hijo del Altísimo y que mostrándose a si mismo en sus acciones, nos muestra a nosotros lo que podemos hacer para ser considerados verdaderos hijos de Dios.

 

Así, nos convertimos en cristianos al recibir el Bautismo, renacemos por medio del Espíritu Santo como hijos de Dios, dentro del seno de la Iglesia.

 

Su Santidad el Papa bautizó a 21 neófitos el pasado domingo 9 de enero y manifestaba que el Bautismo es el “inicio de la vida espiritual, que encuentra su plenitud por medio de la Iglesia.”. Y como todo inicio, para llegar a buen término, requiere de la ayuda, en este caso de los padres y los padrinos, y en otros también de los catequistas, que se comprometen a sostener al recién bautizado en la formación y educación cristiana. El Papa nos invita también a redescubrir la belleza de estar bautizados y de pertenecer a la gran familia de Dios, dando testimonio de nuestra fe, pues así daremos frutos de bien y concordia.

 

Ahora que en estos primeros días nos hacemos buenos propósitos, tratando de hacer aquello que creemos es bueno para nosotros, es bueno hacernos el propósito y mejor aún llevarlo a la práctica de pedirle a Dios que nos renueve nuestra vocación a la santidad, a la que debemos tender desde que recibimos el bautismo pero que dejamos olvidada o consideramos inalcanzable, y porqué no, acudir a la intercesión de la Santísima Virgen María para que nos ayude en esos buenos propósitos de seguir el Camino, la Verdad y la Vida que Jesús desde su “renacimiento” nos mostró.

 

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Comentarios (2)

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  1. Federico Deleña dice:

    Muchas gracias Floren, precioso artículo. En la línea que comentas al final, puede ser bueno recordar las promesas del Bautismo:
    - ¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
    - ¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado?
    - ¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?
    En aquel momento los padrinos dijeron “Sí, renuncio”, por nosotros. Los que nos confirmamos hicimos una renovación de esas promesas. Pero quizá no está de más reflexionar de vez en cuando sobre cómo estamos cumpliéndolas…

  2. Florentino dice:

    Efectivamente, parece que “nos han hecho cristianos”, pero que legando o pasando de la edad del discernimiento no asumimos nuestra condición. He leído no me preguntes dónde una frase que me ha encantado, pues me ha dado que pensar: “Quien conoce a Jesús , le ama”. ¿Es que no le conocemos? , ¿es que nuestro conocimiento es limitadamente biográfico?, ¿es que no le comprendemos ?, ¿es que nos parece “demasiado fácil” o quizá lo “damos por sabido”?. A lo mejor somos como aquellos herederos que reciben una herencia y no conocen el valor de lo que han recibido, y, por desgracia, “malvenden” el legado.

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