La nación de la esperanza
Hablar de la competencia económica entre China y Estados Unidos no es un tema novedoso. Hablar de África como campo de batalla de dicha competencia, tampoco. Hablar de un choque entre ambas en el corazón de África ya lo es algo menos. Hablar de que China transige en aras de la practicidad empieza a sernos familiar. Constatar una victoria de la paz, la justicia, la democracia y, sobre todo, el cristianismo frente al Islam, en cambio, es por desgracia una excepción en el panorama informativo mundial.
Sin embargo, estamos siendo testigos estos días del nacimiento de una nación cristiana, paupérrima pero con vocación a tener una importancia fundamental en el futuro. No solamente por el precedente que supone ser la primera ruptura importante del mapa colonial surgido de la Conferencia de Berlín de 1885, que viene sufriendo África desde su descolonización, sino también porque empuja miles de kilómetros al norte la línea imaginaria de expansión del Islam en el continente, tras el fin de una guerra en que un ejército de campesinos armado por Estados Unidos consiguió plantar cara y vencer a un ejército salafista –la “Fuerza de Defensa Popular”- armado por China y Arabia Saudí, que proclamó en 1992 de la yihad contra todos los cristianos del país.
El nuevo país potencialmente contiene un tercio de todas las reservas de petróleo de África, cuyas exportaciones controla China por los oleoductos del norte, conectados con la mayor refinería de África, junto con India y Malasia, que también poseen importantes intereses en el petróleo de la zona. China mantiene el control de las exportaciones, y cuenta con poder mantener una influencia decisiva en el país, seguramente confiada en que, como dicen desde la nueva capital, “es fácil ponerse de acuerdo con los chinos, pues únicamente hablan de negocios”.
Estados Unidos ha podido con ello patrocinar una transición a la independencia que después de 6 años toca ahora a su fin, desde que el acuerdo que en 2005 daba por terminada una guerra de 22 años que dejaba atrás 2 millones de muertos y 4 de desplazados. La guerra se desencadenó cuando la capital del norte del país quiso imponer al sur la ley islámica y, eliminando la autonomía que le había dado poco antes, proceder a la islamización del país en que habían fracasado los jedives de El Cairo un siglo antes. En 1992 se declaró oficialmente la yihad a todos los “infieles” del país, católicos, episcopalianos y también animistas.
La capital del norte –cuyo Presidente está encausado por el Tribunal Penal Internacional- por supuesto también ha recibido ciertos beneficios políticos a cambio de la paz y la independencia de la región cristiana: su país, antiguo protector de Bin Laden, ha sido borrado de la lista estadounidense de países que apoyan el terrorismo, y ha recibido garantías de que Israel no emprenderá nuevas operaciones en su territorio contra las redes de aprovisionamiento de armas a Hamas y Hizbollah.
El que será el 54º país de África es –como toda nación africana- un conglomerado de pueblos a los que les une un pasado colonial común y, en ocasiones, algunos vínculos geográficos. Los Dinka, Nuer, Shilluk o Azande (conocidos antiguamente como ñamñam, o “grandes comedores”, pues se trataba de un pueblo con costumbres caníbales) tienen además en común el haber resistido a la penetración del islam ayudados por las barreras geográficas –los montes de Nubia-.
El Alto Nilo Azul, la Ecuatoria de los ingleses, deja atrás toda una vida de asaltos, secuestros, violaciones, esclavitud, e incluso bombardeos aéreos indiscriminados sobre poblaciones cristianas contra las que levantaron sus voces repetidas veces los obispos del país. Los valores bíblicos aparecen ahora en la letra del nuevo himno del país.
Bienvenidos a la nueva tierra de la esperanza. Bienvenidos a Sudán del Sur.
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Ojalá sea una realidad, no la aplasten los intolerantes.
Estimado Shadja, es estupendo conocer un poco más un país en el que la esclavitud es algo habitual, en el que la pobreza es aprovechada por intereses foráneos hasta que las riquezas naturales sean esquilmadas, sin otro límite que la rentabilidad para el explotador, a costa del mantenimiento, en el mejor de los casos, de la ignorancia y la incultura, cuando no de la condenación al hambre, al hostigamiento y al robo vestido de ideas religiosas. ¿Qué clase de mundo se llama así mismo “progresista”, cuando permite estas cosas?. El cinismo del todo vale cuando es a mi favor no es el camino.
No tenia ni idea… solo de que ultimamente mataban alli a muchos cristianos..
¡GRACIAS!
Por fin una explicación clara y documentada de lo que hablan los medios sin un entendimiento ni perspectiva histórica de los hechos (esto no es cosa nueva…). Excelente artículo.
nomegusta ber mi rasa negra sufriendo el estado deberia de ayudarles q pesar ber jente asi q tristesa