Acariciando Madrid 2011

Se acerca “Madrid 2011”. Hace años que estamos preparando las Jornadas Mundiales de la Juventud (las JMJ). Durante esos días, todos pondremos nuestras casas y parroquias a disposición de quienes vienen a España desde los puntos más remotos del planeta.

¿Cuál es el espíritu de las JMJ? Así las definía Juan Pablo II:

Las Jornadas, acogiendo una iniciativa propuesta por los mismos jóvenes, han nacido del deseo de ofrecerles significativos momentos de pausa en la constante peregrinación de la fe, que se alimenta también mediante el encuentro con los coetáneos de otros países y el intercambio de las propias experiencias.

La finalidad principal de las Jornadas es colocar a Jesucristo en el centro de la fe y de la vida de cada joven, para que sea el punto de referencia constante y la luz verdadera de cada iniciativa y de toda tarea educativa de las nuevas generaciones. Es el estribillo de cada Jornada Mundial. Y todas juntas, a lo largo de este decenio, aparecen como una continua y apremiante invitación a fundamentar la vida y la fe sobre la roca que es Cristo[1].”

Las JMJ no son una celebración porque venga el Papa a Madrid. Tampoco son una celebración porque vengan miles de jóvenes hasta nuestras casas, ni unos días para hacer amigos de distintos países.

Uno de los fantasmas de las JMJ es que tenemos tanta necesidad de dar con buenos testigos del Evangelio, que corremos el peligro de elevar al cielo a los emisarios en lugar de hacerles caso y mirar a Aquél a quienes ellos están señalando. En palabras de Narciso Sunda, “uno de los elementos de mayor ambigüedad en las JMJ es la posibilidad de que el entusiasmo juvenil desemboque en “papolatrías” malsanas[2]. Del mismo modo se puede idolatrar la juventud, la amistad, el placer del encuentro… y, en realidad, todo eso tiene sentido porque está señalando al Padre que nos reúne y nos ha llamado para que miremos más allá de todo.

En este sentido, es bueno reparar en las palabras del Papa Benedicto XVI:

Algunos análisis que están de moda tienden a considerar estas jornadas como una variante de la cultura juvenil moderna, como una especie de festival de rock modificado en sentido eclesial, con el Papa como estrella. Con fe o sin fe, en el fondo estos festivales serán siempre lo mismo; y así se piensa dejar de lado la cuestión sobre Dios. También hay voces católicas que van en esta dirección, considerando todo ello como un gran espectáculo que, aunque sea hermoso, sería de poco significado para la cuestión sobre la fe y sobre la presencia del Evangelio en nuestro tiempo. Serían momentos de un éxtasis festivo pero que, a fin de cuentas, luego dejarían todo tal como estaba antes, sin influir profundamente en la vida… Asimismo, el Papa no es la estrella en torno a la cual gira todo. Es total y solamente vicario. Remite a Otro que está en medio de nosotros[3]”.

Las JMJ son un encuentro global de jóvenes cristianos, un momento para abrir nuestros horizontes, sueños y deseos a Dios. Son un momento de pausa y de reflexión. Para algunos será la primera experiencia profunda de fe. Llegarán sin saber muy bien por qué y cambiará su vida. Para otros, será un tiempo necesario para vivir con mayor hondura y profundizar en la fe, que se ahoga a veces en medio de las ocupaciones diarias.

Las JMJ son un tiempo para mirar a la amplitud y al futuro de la Iglesia y para soñar una Iglesia siempre mayor de lo que imaginamos, siempre más rica, universal, por encima de nuestras pertenencias a parroquias, grupos, movimientos y nacionalidades. En las JMJ se nos revelará un Dios que no es europeo, africano, americano o asiático, sencillamente porque no es “nuestro”. En cambio, nosotros somos suyos antes que españoles o miembros de cualquier comunidad religiosa. Para el que se atreva a ello, el Señor derribará todas las fronteras y hablará en una sola lengua para todos: la lengua del Espíritu.

Que podamos decir, como dijo Benedicto XVI que Madrid 2011 [4]fue una fiesta de alegría, una alegría que al final invadió también a los reaicios: al final nadie se sintió molesto. Las jornadas se transformaron en una fiesta para todos; más aún, sólo entonces se cayó verdadereamente en la cuenta de lo que es en realidad una fiesta: un acontecimiento en el que todos, por decirlo así, salen de sí mismos, van más allá de sí mismos y precisamente así están consigo y con los demás… Según la Escritura, la alegría es fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5, 22)”.


[1] “Alocución de Juan Pablo II al colegio cardenalicio, a la curia y a la prelatura romana con motivo de las felicitaciones navideñas”: Sala Clementina, 20 de diciembre de 1985.

[2] NARCISO SUNDA, “La Jornada Mundial de la Juventud”, Revista Sal Terrae, número 1.153, febrero de 2011.

[3]Alocución de Benedicto XVI al colegio cardenalicio, a la curia y a la prelatura romana con motivo de las felicitaciones navideñas”: Sala Clementina, 22 de diciembre de 2008.

[4]Alocución de Benedicto XVI al colegio cardenalicio, a la curia y a la prelatura romana con motivo de las felicitaciones navideñas”: Sala Clementina, 22 de diciembre de 2008

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¿Quién es Loreley? Loreley es el nombre de una peña situada a la orilla este del Rin, cerca de Sankt Goarshausen. Su nombre designa al tramo más estrecho y profundo del río legendario. Desde la Edad Media existen referencias a su utilización como marca en los caminos. Y también, historias y lamentos acerca del peligro que corrían quienes navegaban por el Rin y a ella se acercaban. Por aquellas tierras, ricas en mitos e historias, se propagó la noticia de que una sirena habitaba en la roca. Orientaba a los pescadores, que obtenían una pesca abundante. Pero muchos también naufragaban, cautivados por el embrujo de sus cantos. Los grandes autores del romanticismo alemán escribieron versos a la sirena Loreley, como Heinrich Heine en 1824. Yo, que de sirena tengo poco, en cambio sí quisiera interpretar mis cantos desde la roca en que me siento. Desearía que pudieran ayudar a quienes los escuchan a obtener una pesca abundante. Soy consciente de que si alguien tratara mis palabras como verdades absolutas, podría naufragar. A veces yo he sido la primera. Pero permanezco en mi puesto. Interpreto mis cantos de sirena. Y me esmero por llegar a quien los escucha. Mi formación es económica y jurídica, y ambos enfoques están siempre presentes en mis ideas. La cultura es una de mis pasiones. No como saber acumulado, sino como manera de mirar la vida. Disfruto con el arte, en todas sus formas. También con las humanidades. Soy conciliadora en el conflicto, y me gusta opinar. Lo social jamás me es indiferente. Y quisiera comportarme como cristiana cuando escribo. Este deseo exige mucho de mí. Me obliga a reconocer, con franqueza, mis fallos; a expresar mis anhelos; a no callar; a callar a veces; a denunciar; a alabar; a preguntarme; a leer; a disfrutar; y a permanecer en esta Roca, entonando mis cantos de sirena.



Comentarios (3)

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  1. pedro de benito dice:

    Certero. Merece la pena leerlo y asimilarlo.

  2. fedelena dice:

    Serán mis primeras jornadas. Aunque soy un “joven cincuentón”, tengo bastante ilusión, pero no tengo muy claro qué esperar… quisiera que fuera un tiempo de verdadera comunión, de reflexión y renovación. De compromiso y de conversión. Que no se quede en una experiencia bonita, un recuerdo entrañable, sino que sea un acicate, un estímulo para esa metanoia.

  3. Mota dice:

    Bravo Loreley. Bravo.

    Lo has clavado. Y muy bien fundamentado, no sólo mostrando “tu” opinión.

    Gracias.

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