Hoy me rindo a ti

Todo es mucho más sencillo de cómo nos lo planteamos tantas veces. Al menos yo siempre le he dado mil vueltas a las cosas porque quiero tener mi vida perfectamente atada y organizada. Que nada se salga de la cuadrícula, y que nada se presente sin previo aviso.

Lo mismo me ocurre en la relación con el Señor: siempre dando tumbos, tratando de entender desesperadamente y de resolver urgentemente. Es como si estuviera sumergida en una gymkana en la que tengo que participar con prisas y emoción, mientras creo avanzar hacia una supuesta siguiente “prueba” (¡como aquella divertida búsqueda del tesoro de cuando éramos pequeños!). Sin embargo, sé bien que el Señor no pretende jugar al escondite.

Cuando en la última entrevista de SJD, Pedro de Benito hablaba con humor de “las casualidades” de la vida que le han llevado hasta donde está hoy, me hacía verdaderamente pensar, y sonreír. Me sumo yo también a hablar de esas casualidades (providenciales, siempre) que reconozco en la historia que el Señor va haciendo conmigo. Casualidades, que muchas veces han traído alegría a mi vida, y casualidades (aunque en este caso nunca las he querido llamar así) que me la han destrozado completamente.

Al final la vida está llena de todo y uno elige vivir, o no vivir. Queremos entender por qué nos pasa esto o lo otro, por qué tenemos que vivir ante esta circunstancia o la otra… E incluso a veces, cuando tratamos de situar a Dios “en medio de este revoltijo”, nos podemos llegar a sentir un poco “abandonados, atormentados, mareados ya de tanta vuelta”.

Es lógico y lícito vivir tiempos espiritual o existencialmente más agitados, porque uno se cuestiona muchas cosas cuando verdaderamente ha elegido Vivir. El encuentro con este “algo” que me conmueve de tal manera, me lleva inevitablemente, indiscutiblemente, a preguntar mil porqués. ¡Es que es imposible no hacerlo!

Sin embargo, no consiste en coger este Misterio y fraccionarlo hasta lograr entenderlo. Con San Agustín ya aprendimos que “si entendiste, no es Dios”. La propuesta es sencilla: vivir abandonados, confiados plenamente a ese Creador que siempre responde con mayor abundancia de lo que nosotros mismos somos capaces de esperar y de imaginar. Pensémoslo bien por un momento: El que me ha creado, me da aquello que ¡ni si quiera! sé pedir. ¿Cómo no dejarme hacer y descansar tranquila, si incluso todo lo que a mí no se me ocurra, también lo tendré – lo seré – lo conoceré…?

Filed Under: Portada

256 Visitas



Comentarios (3)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. tuky dice:

    100% de acuerdo Patilí. Me encanta tu último párrafo, da en la clave.
    Gracias friend!!

  2. Shadja dice:

    Grande, grande!

  3. Mota dice:

    Bravo Patilí.

    Enorme.

    Gracias.

Dejar un comentario