La mies es mucha, mas los trabajadores son pocos
(Dedicado a Susi, que ha comenzado la tarea).
La Santa Sede ha publicado esta semana el mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de las Vocaciones, que se celebrará el próximo día 15 de Mayo, cuarto Domingo de Pascua.
El Mensaje Papal se inicia con un recuerdo a Pío XII que instituyó hace setenta años la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales, y de obras semejantes que muchos obispos en sus diócesis siguieron fundando.
Dice el Papa que “ El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero”. Hace el Papa una llamada de atención sobre cómo Jesús, antes de llamar a sus primeros discípulos, se retira, pasa una noche a solas en oración con Dios, separado de sus discípulos, para, posteriormente, elegir entre ellos a doce, que llamó apóstoles (Lc. 6.12-13). Es a partir de esa noche de oración con el Padre, cuando Cristo de una forma extraordinaria, pues hace algo fuera de lo habitual, hace aparecer la vocación, que es, simple y complejamente, la llamada. Del contacto con el Señor de la mies, por medio de la oración habitual, y mejor si es constante, nacen las vocaciones a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal, tanto desde las familias, como desde las parroquias, y de aquellas otras comunidades denominadas por el Papa como “cenáculos vocacionales”.
Es en especial en estos tiempos en los que la voz del Señor, parece que está ahogada por otro tipo de “voces”, y que la propuesta de seguirle, entregándole la propia vida, parece demasiado difícil, cuando todos los fieles deberíamos asumir de una manera consciente el compromiso de promover las vocaciones. El Papa insiste y reitera que es muy importante “alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa”, para que éstos “sientan el calor de toda la comunidad al decir ‘sí’ a Dios y a la Iglesia”.
Conviene tener dentro del ámbito familiar un especial interés y estar atentos a educar en el sentido cristiano, pues de esto no se ocupa en exclusiva el colegio que tenga un ideario religioso. Inculcar una amistad con Dios fundada en la oración en familia, que también es necesaria, recordemos aquella frase del P. Peyton: “La familia que reza unida, permanece unida”, sino que además es necesaria la orientación, el acompañamiento en la iniciación de la oración personal y litúrgica, para aprender a escuchar a Dios por medio de las Sagradas Escrituras. Y no sólo dentro de las familias, sino también de las parroquias, para hacer comprender que hacer caso de la voluntad de Dios, no significa una destrucción de la propia personalidad, sino que ello permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre si mismo, para hacer vivir que la fraternidad , el despego de si mismo y la gratuidad hacia los demás, es la manera de encontrar la verdadera alegría de vivir, pues abriendo el corazón al amor de Cristo se encuentra la plena realización de las propias aspiraciones. Hacer ver que el camino de seguir totalmente a Cristo aunque no es sencillo, como está lleno y pleno del mayor sentido, llena una vida que merece la pena vivirse.
El Papa también llama a los obispos a que colaboren para que las llamadas a la vocación lleguen a quienes Cristo escoge, a los sacerdotes, a los catequistas y a todos aquellos que colaboran con los sacerdotes en las parroquias, para que con su ejemplo y buen hacer ayuden a acoger con generosidad esa llamada y cultiven entre los que se les ha confiado el sentir y el seguir, con el mejor ánimo, la vocación divina.
Dios no se cansa de amarnos, de buscarnos, de caminar a nuestro lado, de esperar que le abramos nuestros corazones. A veces el mal parece tan grande que nos olvidamos de su Amor, que pensamos en su silencio como si nos abandonase. Pero Dios no calla. Responde a nuestra oración de súplica. Dios contesta que nos ama, para siempre, cuando un joven dice sí a Cristo, cuando un obispo consagra un nuevo sacerdote, o un nuevo fraile o monja. Cada sacerdote, cada consagrado es un mensaje de Dios, un grito que nos recuerda lo mucho que nos ama. Y esos gritos son miles, aunque no aparezcan en la prensa.
Dios, a pesar de nuestro pesar, nuestro desánimo, no nos deja solos, de cada nuevo sacerdote, religioso o religiosa consagrados, surge de nuevo la esperanza que Él nos brindó cuando nos dijo: “No tengáis miedo…Con vosotros estoy…”
Como es evidente el regalo de tener sacerdotes, buenos sacerdotes, eso que se pide en la exposición del Santísimo en la Parroquia, requiere de nuestra oración, de nuestro aliento y sostenimiento, a cambio podremos ver en ellos a Jesús, y esos sacerdotes nos darán fuerza para seguir, como Iglesia, como Pueblo de Dios, hacia la Gloria, hacia el encuentro definitivo con Él . Demos gracias a Dios pues de nuestra parroquia han surgido muchas vocaciones, otras están surgiendo y ahí las tenemos, y siempre con la ayuda de Dios y nuestro empeño, seguro que surgirán otras.
Invocamos, junto con el Papa, con confianza e insistencia la ayuda de María, mediadora nuestra, para que, con su ejemplo de acogida al Plan Salvífico de Dios, se pueda difundir esa aceptación de la llamada de Cristo al sacerdocio y la vida consagrada, y ese “si” a Cristo lleve a más trabajadores a su mies.
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El Señor llama… “ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.
Impresionante columna Floren.
Me ha tocado. Me ha hecho sentirme pleno y orgulloso de ser cristiano, y de vivir mi fe -de forma principal-en San Jorge.