Para no inventar la rueda
El pasado mes de enero, en el programa La brújula de Carlos Alsina, en la sección de ciencia, a la que no soy nada aficionado pero que aquel día escuchaba por casualidad, se dijo una frase que da que pensar. El 33% de la investigación española está dirigida a cosas ya patentadas. La Oficina española de patentes y marcas informa cuando se presenta la investigación si ya existe lo que se ha vuelto a inventar.
Y esto ocurre porque todo ese 33% de investigadores no estudia si ya existe lo que quiere inventarse. ¡Un tercio! ¿Qué implica esto? Se pierde una tercera parte del tiempo y el dinero de la investigación española en futilidades. Este dato hace echarse las manos a la cabeza y da que pensar en un sentido más amplio, ¿no? Y es que querer inventar la rueda es algo muy humano; no recurrir a las instituciones que pueden ayudarnos y aconsejarnos y “hacer la guerra por mi cuenta”, es algo muy común. Manuel Conthe en La paradoja del bronce afirma que el hombre es más propenso a asumir que va a ganar que a perder aunque la probabilidad indique lo contrario.
Con estas dos ideas podemos concluir, en primer lugar, el hombre por naturaleza se equivoca, de media una de cada tres veces, convencido de que acertará. En segundo lugar, que necesitamos aconsejarnos bien para tomar decisiones importantes. Esto nos lleva a pensar que el treinta por ciento de nuestro tiempo y de nuestros esfuerzos lo podemos estar dedicando a empresas que, sinceramente, están destinados al fracaso. O uno de cada tres proyectos, en los que vamos a poner nuestro empeño e ilusión, pueden no ser de Dios y por ello pueden no darnos ninguna felicidad.
El cristiano, siendo una persona de fe y oración, tiene como gran recurso, en primer lugar la oración, pero en este caso sobre todo la dirección espiritual. Se me antoja como una torre, que nos permite tener una perspectiva mucho mejor de lo que nos rodea, con dos grandes prismáticos: la experiencia y la presencia de Dios. Con ella el cristiano puede actuar en su vida y en el mundo con mayor orientación y mayor previsión. El cristiano haciendo un uso adecuado de la dirección espiritual puede, no sólo dejar de perder ese tercio de sus esfuerzos en proyectos que no le rentan espiritualmente hablando, sino ganarlo.
Como último detalle, y haciendo un guiño a mis estudios, en Metalurgia nos hablaban de la importancia de las distintas durezas de las aleaciones. Es por ejemplo fundamental, que el destornillador sea de un acero más blando que el tornillo. ¿Por qué? Si a priori, parecería que cuanto más resistente sea el destornillador mejor. Pues bien, en una máquina lo importante es lo que permanece en ella, el tornillo, es necesario que esté en perfectas condiciones y que aguante los embates del uso. Si fuera más blando se desgastaría y no podría cambiarse.
Llevado al terreno de la dirección espiritual: el dirigido debe ser más tenaz y duro que el director. No se debe acudir a la dirección espiritual esperando que el director decida por uno o que indique exactamente cómo actuar. El dirigido acude a la dirección para buscar orientación, pero siempre le guía su sentido crítico y su férrea voluntad de mejorar su vida y acercarse más a Dios. No deja todo en manos del director.
Estas dos observaciones hacen en mi opinión de la dirección espiritual una herramienta de libertad. Frente al mundo que dice que es una forma de dirigir las mentes, la Iglesia nos propone un medio para guiarnos en el mundo y afrontar los grandes problemas, que tanto ahora como hace mil años, son iguales y afectan de la misma forma al hombre.
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De la rueda a la dirección espiritual, ¡¡qué capacidad de asociación de ideas Juan!! No lo hubiera esperado al inicio de tu artículo, jajaja. De todas formas, efectivamente la dirección espiritual es una bendición, un regalo más del Señor. Ayuda a “mirarse al espejo” y -en compañía de otro- seguir caminando.
Interesantísima y sorprendente asociación de ideas. Mueve a una reflexión sincera… por ejemplo:
- ¿Cuáles de mis proyectos están condenados al fracaso?
- ¿Soy objetivo o sesgado al asumir que estoy haciendo lo correcto?
- ¿Pienso que soy dueño absoluto de mi destino, o me pregunto qué quiere Dios de mí?
- ¿Soy débil o dócil para atender las indicaciones de un director espiritual?
Efectivamente, siempre habría pensado (reconozco que hasta ahora nunca había tenido este tipo de pensamientos) que el destornillador habría de ser más duro y resistente que el tornillo y es al revés… Qué curioso, no?? y cuánto ha de dar de sí esta idea…
Fascinating John…
A veces, metidos dentro de la ”selva” de nuestras vidas, del ser más y del tener más, los árboles de nuestras dificultades, retos, ilusiones, tozudeces (que de todo hay) nos impiden ver el bosque de la realidad, de lo que realmente nos hace felices. Es necesario mirar al cielo si, pero también elevarse para tener perspectiva, y para eso uno necesita de otros medios; un motor con un rotor que nos suba y una brújula para orientarnos y manifestarnos donde está siempre nuestro Norte. En cristiano, sacramentos, sacramentos y sacramentos serán el motor y el rotor, la brújula ya la conoces, pero bien aislada de los imanes Juan, porque las consecuencias pueden ser catastróficas.