A los estudiantes de la Complu

Amadísimos hermanos en Jesucristo:

 

Con gran dolor he leído las noticias de la profanación del templo sagrado de Dios en la Universidad Complutense de Madrid. ¿Qué necesidad había de esta burla, de este ultraje, de esta demostración de falta de educación y de tolerancia y de un mínimo respeto a las creencias de los demás? ¿Qué mal os han hecho los pobres cristianos que acuden allí, entre otras cosas, a rezar por vosotros? ¿Qué mal os ha hecho Jesucristo?

 

Queridos hermanos en Cristo, también vosotros sois hijos de Dios y por cada uno de vosotros murió también Él en la cruz. Cada uno de vosotros existe porque Dios le llamó a la vida desde la eternidad, cada uno de vosotros continúa en la existencia porque Dios le sostiene con su amor infinito, y cada uno de vosotros está destinado a la vida eterna…

 

Nosotros, los pobres cristianos, nada podemos hacer contra vosotros. Nada malo. Solo podemos amaros y pedir por vosotros, como nos mandó el mismo Jesús: “amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen”. Aunque os cueste creerlo, sí, os amamos. El amor es un fruto de la voluntad, no es solamente un sentimiento. Pues en este momento el sentimiento es de profunda repugnancia, verdadero asco por los despreciables hechos de unos individuos que parecen haber abdicado de su condición de personas. Y también por quienes les encubren y quienes, permitiendo sus delitos, son cómplices.

 

Pero nos sobreponemos, haciendo un titánico esfuerzo de la voluntad, y os tendemos la mano. Ponemos la otra mejilla.

No os guardamos rencor por estas barbaridades y tropelías que habéis cometido, porque nosotros también somos pecadores y sabemos que Dios nos ha perdonado mucho más de lo que nosotros podemos tener contra vosotros. Con Jesús crucificado, pedimos al Padre: “perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

 

Dios os ama. A cada uno. Y está deseando recibiros de regreso, como al hijo pródigo. Volved a Él, porque solo en Él hallaréis descanso.

 

A todo ser humano le espera al término de su vida, de modo inevitable, el encuentro personal con Jesucristo. El juicio particular. De estos lamentables actos, y de todos, habréis de dar cuenta en ese momento. Quiera Dios que vuestro corazón se mueva antes del final a un arrepentimiento sincero, antes de que os llegue la hora, pues cuando llega la noche ya no se puede trabajar.

Filed Under: Portada

257 Visitas



Comentarios (2)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. miguelangel dice:

    gracias, aldabon por tu artículo y sobre todo tu testimonio. creo que lo que dices, es lo que debemos hacer no añado ni un punto ni una coma.

  2. Mota dice:

    Amén Aldabón.

    Necesitaba leer algo así respecto de este episodio.

    GRACIAS.

Dejar un comentario