La pasión en el corazón de María
Jesús carga con la Cruz. María le ha seguido en todo momento con el cuerpo y con la mirada. Él está agotado. Su cuerpo magullado. Su rostro ya ha dejado de ser un rostro hermoso. La gente grita. Él avanza lentamente. ¡La cruz pesa demasiado! Ya no tiene casi fuerza física para moverse. Se cae al suelo…
María va deprisa hacia Él. ¡¡Su niño se ha caído!! ¡¡Tiene que ayudarle a levantarse!! Se abre paso entre la gente. Se tira al suelo y le dice: “estoy aquí… estoy aquí”. Todo se detiene. Están ahora los dos en el suelo. Heridos. Se miran. Se agarran. Entonces Él dice: “¿Ves Madre? Yo hago nuevas todas las cosas”. Se levanta, y continúa Jesús su camino al Calvario.
¡CÓMO DEBE ESTAR EL CORAZÓN DE MARÍA…!
Dice Ignacio Larrañaga en su libro El Silencio de María que “mediante una pedagogía desconcertante y dolorosa, María ha sido conducida desde una maternidad meramente humana a una maternidad en fe y espíritu”. Pues en este momento en que ella es aún madre humana, no puedo evitar pensar que tiene que tener ¡destrozado! el corazón. Está viendo con sus propios ojos lo que están haciendo con su hijo. Y no puede decir ni hacer nada… Permanece observando cara a cara el sufrimiento de su hijo, que es a la vez dolorosísimo en ella.
Su llanto ya no es tal llanto, más bien respiración cansada y jadeante que expresa un profundo dolor, un profundo desconcierto, una profunda amargura. Es como si faltase el aire en ese momento y en aquel lugar para respirar, mientras se arrastra con Él hacia el Calvario…
Ella permanece. Y lo hará hasta el final. No sabe cómo serán las próximas horas de agonía… pero permanece. ¿Cómo lo hace? ¡¿CÓMO ES POSIBLE?! ¿De dónde saca fuerzas para seguir de pie? ¡¿Pero es que sigue confiando en el Señor?! ¿PERO POR QUÉ PERMANECE? Jesús le ha dicho: “Yo hago nuevas todas las cosas”… ¡¿Pero y qué quiere decir?!
¡CÓMO DEBE ESTAR EL CORAZÓN DE MARÍA…!
La Virgen María -humana, no lo olvidemos- es maestra ante el sufrimiento. Ella, como nadie, ha sufrido. Ella, como nadie, ha acompañado en el sufrimiento. A Ella, su corazón se le hizo pedazos… Sin embargo, Ella permaneció. Y lo hizo con una firmeza y con una entereza que solo pudo ser fruto y don de su preciosa fe.
Me he preguntado infinidad de veces ¿cómo? ¡¿CÓMO?! Si cuando yo sufro un poco, en seguida se tambalea mi vida entera y mi fe en el Señor. ¿Ella cómo lo hace? (…) Yo quiero esa paz. Yo quiero esa confianza. Yo quiero saber abandonarme ASÍ en el Señor.
Gracias, Señor, por María.
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Pati, a María hay que conocerla, aunque no se diga mucho en los Evangelios sobre Ella, pero repasando los Textos Sagrados, se dice tanto de su ser… Un ser de mujer humana, próxima a nosotros, conocedora del sentir del hombre como Madre, y concedora de Dios por ser ella elegida entre todas las demás, por llevar tantas y tantas cosas en su corazón. Hasta el dolor de ver a su hijo arrojado a lo peor, escarnecido, vituperado, infamado con la muerte más terrible, sufrir con el hijo muerto entre sus brazos. Pero Dios no podía dejarla así y ella supo que su Hijo resucitó, y que vive para siempre. Y todo empezó por un “Hágase en mi …” . Si Dios está contigo nada se tambalea, ni tu tampoco.
Pati – qué razón tienes cuando dices que a poco que se nos tuercen las cosas enseguida se nos colapsan los sistemas. Pero María – María está llena del espíritu santo, es parte del plan de Dios, es LA VIRGEN. Y aunque efectivamente los Evangelios dicen poco de ella, sabemos que era LA elegida como Madre del Señor. O sea, aunque su sufrimiento debió ser terrible a nivel humano, tenía muy claro su deber: estar al lado de su hijo y obedecer a Dios. Podemos decir nosotros lo mismo?
Pati – qué razón tienes cuando dices que a poco que se nos tuercen las cosas enseguida se nos colapsan los sistemas. Pero María – María está llena del espíritu santo, es parte del plan de Dios, es LA VIRGEN. Y aunque efectivamente los Evangelios dicen poco de ella, sabemos que era LA elegida como Madre del Señor. O sea, aunque su sufrimiento debió ser terrible a nivel humano, tenía muy claro su deber – estar al lado de su hijo y obedecer a Dios - tenemos nosotros igual de claro cuál es nuestra obligación frente al Señor, aunque implica sacrificios?
Gracias Pati, me ha ayudado mucho
Patilí, esa es la frase que más me emociona cada vez que veo “La Pasión” o leo el Evangelio.
¡Qué frase tan potente y, a la vez, tan misteriosa!
Me sobrecoge. Como me sobrecoge el amor,la entereza y la fuerza de María.
Gracias por esta columna tan bonita.
En tantas ocasiones medito la Pasion de Cristo.
Tantas veces contemplo la Cruz.
Pero cuando llega el momento del dolor, de la prueba, siempre me hago la mismas preguntas que tu te haces.
Gracias por tu sensibilidad, cuando hablas de la Santisima Virgen y tu reflexion tan profunda de la Pasion de Cristo.
A mí no me cabe duda de que María es corredentora. Stabat Mater juxta crucem. Estaba allí de pie junto a la cruz la Madre de Dios. Viendo a Su Hijo, a Su Dios, crucificado, insultado y vilipendiado por todos. Ojo: no solo los que estaban allí; también por todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, sí y también por nosotros… estábamos allí, gritando, escupiendo e insultando a nuestro Redentor. ¿Que parece demasiado fuerte? Lamentablemente, es la verdad, pues ¿qué otra cosa es el pecado, sino la ofensa a Dios?
Jesús no muere por casualidad, ni por la voluntad de los fariseos o el Sanedrín. Muere por los pecados de cada uno de nosotros. Nosotros le hemos crucificado.
Y la Virgen estaba allí. Ella lo sabía, sabía que una espada traspasaría su alma… Ofrecía ese infinito dolor, ese infinito sacrificio, por nosotros. Ella se ofrecía junto a Su Hijo en la cruz, participando de la redención del mundo.
Y en ese momento culminante, ardientemente esperado por Jesús, Él nos da a Su Madre. Y Ella nos acoge amorosamente a nosotros, que estábamos crucificando a Su Hijo…
Es un misterio tan grande, un amor tan insondable, que no lo podemos comprender. Solo cabe el anonadamiento, la estupefacción, el agradecimiento, en una palabra, la conversión… el amor consiste en que Dios nos amó primero… ¿correspondemos a ese amor?