No pude evitarlo:¡Otra vez!

Hice esta foto una mañana a las 8.30 de camino a la biblioteca. Creo que era un miércoles. No hacía frío, a pesar de que aún era enero. La calle estaba prácticamente vacía… así que podía pasear a mi gusto, sin tropezar con grandes aglomeraciones de gente. Por esto mismo, llegar a la biblioteca ¡fue un triunfo! Cada dos pasos en Roma, uno encuentra cualquier excusa con que entretenerse.

Especialmente me gustaba, de aquellas mañanas de biblioteca, el camino que recorría hasta llegar a ella -siempre más de una hora tarde de lo programado- pero es que ¡no podía evitarlo! Me permitía –y no he dejado de hacerlo- el privilegio de entrar antes en un par de iglesias que aún no conocía, o de hacerme una foto delante de algún monumento. Siempre con la carpeta en la mano. ¡Que se viera!, ¡que se viera la cotidianeidad con la que tengo la suerte de pasear!

Pasear por Roma a estas horas –y a cualquiera- es un privilegio. Un absoluto privilegio. Pienso en la cantidad de gente que tiene dos días para visitar la ciudad, hacer las correspondientes fotos y marcharse. Yo también la visité por primera vez con esta misma prisa. Sin embargo ahora tengo repetidas oportunidades para pasear, de día, de noche, con la carpeta o sin ella, con amigos o sola… ¡Qué indescriptible maravilla!

Hubo una semana en la que por distintos motivos, pasé por delante del Vaticano todos los días. Cada vez que cruzaba la plaza, miraba a todas partes como si fuera la primera vez y pensaba “qué pasada… qué pasada…”. Hubo otro día en el que -como siempre en esta ciudad- una cosa me llevó a otra y, después de jugarme literalmente la vida hasta llegar al santuario de Schönstatt, me encontré con que estaba a 5 minutos del Giannicolo. Así que fui hacia allá. Desde allí hay unas vistas fabulosas. Recuerdo que estaba rezando el rosario, y cuando me tocaba decir el Gloria, por un momento no pude continuar: “Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo”… y la Ciudad Eterna a mis pies… (No lo puedo describir con palabras).

Llevaba toda la mañana caminando, recorriendo Roma de arriba abajo… así que decidí volver a casa. Desde allí, la bajada a pie te roba unos cuantos minutos, pero no me importaba seguir andando un poco más. Por fin conseguí bajar hasta la altura del Tevere donde, a pocos metros, estaba la parada del autobús que me llevaba a casa. Pero entonces, me di cuenta de que estaba a escasos metros del Vaticano, y pensé “no puedo tener la suerte de estar aquí y no asomarme para verlo, ¡otra vez!”. Así que fui hacia allá. Me asomé. Estuve mirando quieta dos segundos. Sonreí (…). Y volví a casa.

Me repito cada día que no debo dejar de sorprenderme. Que no puedo acostumbrarme a la belleza de las cosas. Que debo esforzarme por reconocerla y por admirarla. Y que si algún día cruzo la plaza de San Pedro, o paso por delante del Panteón, del Coliseo… sin pararme UN SEGUNDO para decir “qué maravilla”… entonces seré una desagradecida, y una desgraciada.

Me da pavor convertir ciertos rincones de esta ciudad en algo tan habitual, que ni si quiera me dé cuenta de que ahí están, tan imponentes como siempre, tan apreciados por miles de turistas como cada día… ¿y yo? YO NO PUEDO DEJAR DE SONREÍR Y DE DAR GRACIAS. Por cada “rincón habitual” de esta ciudad, y así también -y sobre todo es esto lo que aprendo- POR LA BELLEZA DE CADA “RINCÓN HABITUAL” DE MI VIDA.

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Comentarios (6)

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  1. Ingrid dice:

    Tienes suerte, Pati, y lo sabes.  Qué combinación más feliz.  Saber apreciar las oportunidades, las bellezas, las bendiciones que nos ofrece la vida a raudales es maravilloso.  Qué sigas así.

  2. miguelangel dice:

    yo he ido dos veces a roma como voluntario de la deleju (o sea, prisas y caos) y este fin de años con un par de amigos, supuestamente en plan tranquilo (tuve la suerte de estar con nuestro dani escobar, un abrazo si me lees), pero al final siempre tb las prisas de un lado para otro, y las calles llenas de turistas

    siempre he dicho q me gustaría vivir en roma, para patearme la roma monumental pero tb la roma “cotidiana”, me encantaría patearme entero el EUR e ir con una carpeta de cotidianeidad por el coliseo, q envidia pati, pero gracias por compartirlo con nosotros!

    ah una cosa…roma tiene el vaticano, las grandes basílicas e iglesias, los monumentos…a ver si te puedes enterar de cuál es la iglesia más pequeña de roma, la menos conocida, la q nunca sale en las guías, la más pobre….si la encuentras y encima la visitas…porfa, pide por mis intenciones 

    abrazo fuerte.  

  3. Shadja dice:

    Qué envidiaaaaaaaaaaaa! (sana, por supuesto!!!) :-) Gracias Pati!

  4. pedro de benito dice:

    ¿Y si vuelvo a leer todo en primera persona y en vez de Roma y lugares de Roma pongo mi vida?. Cuantos detalles, cuantas situaciones, cuantos momentos…..Y seguro que para mi (para ti lector) son mas importantes, mas de agradecer que toda la grandeza romana (que no desprecio, todo lo contrario, pero….)

  5. Mota dice:

    Gracias Patilí.

    Consigues llevar al lector a la belleza y monumentalidad romana.

    Más si, como es mi caso, en menos de dos meses iré con Marta unos días a Roma.

    Qué conmovedor oír decir a alguien a quien conoces: “POR LA BELLEZA DE CADA “RINCÓN HABITUAL” DE MI VIDA”.

  6. Carlos dice:

    !Hola Pati!

    Me ha encantado tu artículo, transmites mucho optimismo y vitalidad. La verdad que Roma es una bella ciudad, haces genial en disfrutarla en cada rincón. Pude estar en un viaje de fin de curso a Italia, y tengo ganas de volver, la proxima vez que la pisaré será con ocasión de la beatificación de Juan Pablo II, aprovecharé las horas que esté allí al máximo.

    Un abrazo grande y que Dios te bendiga para seguir transmitiendo la alegría cristiana.

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