Si existe algo, existe Alguien…, y es Amor

Hace pocos años falleció el Padre Jesuita D. Carlos Valverde. En su homilía el celebrante mencionó una síntesis de un capítulo póstumo de su libro de Metafísica (BAC), que es la frase que titula este artículo. Resulta significativo el observar cómo, cuanto más profunda es la sabiduría de un hombre, consigue expresar más con menos palabras. Intentemos entrever qué nos dice este siervo de Dios con su frase.

 

Si existe algo, existe Alguien. Ya los griegos (Aristóteles) descubrieron en la Antigüedad el concepto de contingencia, que supone que casi todos los seres que existimos no tenemos en nosotros mismos la causa de nuestra existencia. Es decir, que tanto podríamos existir como no existir. ¿A qué debemos el hecho de que existamos en vez de lo contrario? Algunos podrían contestar que se debe al azar, que es por casualidad, la suma de infinidad de causas pequeñas cuyo resultado es impredecible. Pero resulta que el azar no es una causa. Es solo la manera que tenemos los seres humanos de explicar que no sabemos por qué ocurre algo.

 

Cae por su propio peso, por pura lógica, que se necesita una causa primera para originar la existencia de todas las cosas. Esta causa sería no contingente, es decir, que tendría en sí misma la causa de su propia existencia; o dicho de otro modo, que no podría no existir. Los griegos consideraban así a un dios como el primer motor o la primera causa, origen de todos los demás seres. Sin embargo, contrariamente a su concepción (este dios no nos conocería), es evidente que un dios que es origen de todo lo que existe tiene forzosamente que conocer lo que crea, es decir, ser inteligente, de lo que se sigue que es un dios que no es una cosa, sino que es un Dios personal.

 

Nosotros los cristianos sabemos algo más por la revelación. Efectivamente Dios es “el que es”, es decir, el ser cuya esencia consiste precisamente en existir. Y además que esa existencia se verifica en el amor. Como es un Dios Creador, Él es de hecho la causa necesaria y suficiente de todos los demás seres, tanto materiales como espirituales.

En conclusión, el hecho de que haya cosas y seres que existen supone necesariamente que han sido creados por Dios, que es una Persona Divina, ese Alguien que causa la existencia de todo lo demás.

 

Podemos dar un paso más en nuestra reflexión. ¿Cuál es el motivo que lleva a Dios a crear? Dios, que es perfecto, no tiene ninguna necesidad de hacerlo, al menos aparentemente. Podría crear, por ejemplo, con objeto de ejercer una dominación. Pero, ¿qué ganaría Dios con eso? Ya es todopoderoso.

Podría hacerlo por divertirse, pero ¿tendría Dios necesidad de distraer su aburrimiento?

Podría hacerlo para experimentar, pero, si es omnisciente (lo sabe todo), tampoco tendría mucho sentido.

 

Podemos ir analizando consecutivamente las posibles razones que pueden llevar a Dios a crear. Y descartarlas una tras otra por ilógicas o absurdas. Llegamos a la conclusión de que la causa para llevar a cabo la creación es el amor. Dios, que es amor, decide crear por amor, para amar Él y para incrementar el amor con lo que puedan aportar las criaturas.

 

Esto coincide además con la que el propio Dios nos ha revelado. La revelación nos dice que Él nos ha creado por amor y para el amor. Pero aún hay más. Cada ser humano ha sido creado por un designio específico de Dios a su imagen y semejanza. No solamente somos creados; no solamente somos creados por un amor individual, personal e infinito: sino que además somos elevados a una dignidad inimaginable, la de la semejanza con el Creador.

 

Asombrosamente, no acaba la cosa aquí: el mismo Dios omnipotente nos hace hijos suyos. Ya no somos solo criaturas, no solo siervos, sino que somos hijos. Y con ello, no estamos destinados a una vida terrena con el final de la muerte, sino que la muerte es precisamente el principio de la vida verdadera, la vida plena, el paso a participar de la gloria de Dios, el umbral de la inmortalidad.

 

Todo esto se realiza por y en Jesucristo, Hijo de Dios y único Redentor. Este es ese Alguien, origen de todas las cosas, que nos crea por amor y por ese amor infinito y misericordioso entrega su vida para salvar lo que estaba perdido. Como amar es buscar el bien del amado, por ese mismo amor se nos quiere dar (pues es el bien más grande) para que estemos con Él durante toda la eternidad.

Filed Under: Portada

252 Visitas



Comentarios (2)

Trackback URL | RSS Feed de comentarios

  1. Florentino dice:

    Sólo el AMOR explica a Dios, pues Él es el AMOR.

  2. Mota dice:

    Enorme Aldabón.

    Profundo, consistente. Magnífico.

    Gracias.

Dejar un comentario