Amar con el cuerpo
Como dice una amiga mía, un día la Iglesia será juzgada por cómo ha presentado al mundo el mensaje sobre el cuerpo y la sexualidad humana. Para poner remedio a esto y que el juicio no recaiga severo sobre nosotros, hemos organizado un curso sobre educación afectiva y sexual (EAS) en S. Jorge, al que se apuntaron 70 personas, ¡y cuánto bien nos ha hecho! Y es que aprendemos a amar también con el cuerpo.
El cuerpo humano se diferencia de los otros cuerpos no humanos por no ser pura exterioridad, sino exteriorización de algo esencialmente interno. Lo humano es un misterio velado que se revela mediante la corporeidad. Esta es expresión de interioridad, manifestación de la persona. Como decía Juan Pablo II, gran artífice de este modo nuevo de hablar sobre la sexualidad en la Iglesia, “el hombre es persona en la unidad de cuerpo y espíritu”. Este cuerpo humano es siempre cuerpo sexuado y, en cuanto tal, manifiesta la vocación humana a la reciprocidad y al don mutuo de sí. En este contexto se puede decir que el cuerpo es ‘esponsal’, pues pertenece siempre a un varón o a una mujer y es capaz de expresar el amor.
El cuerpo del varón es pobre en su ritmo, aunque no le falta misterio: está destinado a someter la tierra y a donarse a la mujer esposa. El cuerpo femenino, por su parte, existe en donación conyugal al esposo y maternal a los hijos: su misterio más recóndito reside en su capacidad de acoger al varón y a la criatura. El ritmo biológico de fecundidad y esterilidad del cuerpo de la mujer no depende del cuerpo del varón; al contrario, es este ritmo, libre y conscientemente asumido, el que se convierte en educador del mutuo don conyugal y de la donación de la vida.
Amor y sexo no se identifican sin más; puede existir sexo sin amor (p. ej. en la prostitución) y amor sin sexo, como el propio de los consagrados en virginidad o celibato, que han renunciado al amor carnal, sin que eso signifique que amen asexuada o angélicamente, porque todo ser humano está llamado a amar con un amor sexuado (que no se puede reducir a lo genital), en cuanto es hombre o mujer, y oblativo, es decir, entregado. Este amor incluye en el matrimonio la dimensión del sexo y del amor carnal.
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Este articulo necesita ser leído varias veces para sacarle todo el significado y comprender su profunda filosofía. Y para darle una nueva y más completa interpretación a la sexualidad cristiana que durante tanto tiempo era un tema tabú. Gracias Belmon.
El curso organizado en S.J, un fin de semana al mes durante 3 meses, fue magnífico.
Es absolutamente recomendable.
Muy buen resumen belmon.