Dime, ¿te duele?
Venimos heridos por la vida. Tenemos llagas y golpes de distinta intensidad, desde la infancia. Cuando las heridas son graves terminan por rompernos. Nos desgarramos y nos partimos.
Nos han herido la muerte y el amor. Nos hemos peleado cien veces contra el sufrimiento sin sentido. Hemos aprendido a vivir con la espalda dolorida; las manos agrietadas, los ojos heridos por el sol; la lengua seca, los pies quebrados. También nos hemos acostumbrado a las llagas de los otros: a su soledad, a sus necesidades, a su hambre y a su llanto.
Si ponemos atención podemos sentir el dolor del mundo palpitando en nuestras venas. Es un flujo constante, como la sangre.
Ante el dolor no nos consuelan las frases vacías: “Por algo será”; “El Señor sólo manda las cruces más pesadas a quienes las pueden soportar”; “Dios lo ha querido así”; “Ofrécelo por alguien”.
Decir esto a quien sufre es igual que decirle al Crucificado: “Ya ves, Señor, por algo será. El Padre sólo manda el sufrimiento más profundo a quien lo puede soportar. Ofrécelo por alguien.”
Esa no es la respuesta de Dios al sufrimiento y al dolor. Por eso, no puede ser la respuesta de los cristianos. Y estos días son especialmente indicados para vivir estos misterios.
Acercándonos a la Semana Santa, podemos preguntarnos: “¿por qué murió Jesús?”. Y nos estaremos equivocando… la pregunta en realidad debería ser: “¿por qué mataron a Jesús?”.
Jesús no vino al mundo para morir… Vino para vivir. Vivió amando hasta el extremo. Y el extremo final fue la muerte. Para Él, el amor fue más fuerte que las amenazas, el miedo o el dolor. Fue más fuerte que la muerte. Eso es lo que celebramos: que nuestro Dios es el Amor que ha vencido a la muerte.
¿Qué significa esto para nosotros? Significa que hemos sido creados para vivir y para amar hasta el extremo. Significa que Dios nos acompaña en el dolor. Jesús, Dios hecho hombre, no hizo otra cosa que curar y salvar a los hombres y mujeres a los que conoció. Y hace lo mismo con nuestras heridas: las cura; nos acompaña en el dolor… y muere por fidelidad a nosotros. Muere porque no renuncia a vivir sanando y entregándose. Las amenazas no lo detuvieron. Y la muerte tampoco.
¿Qué más significa la muerte de Jesús? Reconocer que Jesús no murió sino que lo mataron, nos responsabiliza de todo el dolor que causamos. “¿Por qué Dios permite que haya hambruna?”. Estoy segura de que Él también se pregunta por qué permitimos que nuestros hermanos mueran de hambre. Y se pregunta por qué hacemos sufrir a quienes más queremos; y por qué no somos capaces de tomar las opciones adecuadas…
Acoge tus heridas. Mira las heridas del mundo. Seremos testigos del misterio más insólito: que el Amor es más fuerte que la muerte. Que viviremos para siempre. Que el Padre no descansa hasta sanarnos. Y que para nosotros sólo hay una manera de vivir: estar siempre dispuestos a curar las heridas de nuestros hermanos.
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“Ante el dolor no nos consuelan las frases vacías”… y sin embargo ante el dolor: crecemos, vivimos, amamos…
Loreley,
Echo algo en falta y me gustaría hacer una aportación. Yo pienso que la causa del sufrimiento, del dolor, es el pecado. Cuando Dios crea el mundo, “vio que era bueno”. Es el hombre el que, primero, destruye esa armonía original de la creación con la desobediencia del pecado original. Y después, en la vida diaria, desbarata continuamente el plan que Dios tiene para cada uno con el pecado personal.
Cuando todo estaba perdido y el hombre no podía hacer nada para salvarse a sí mismo, Dios toma la iniciativa y envía a su Hijo para redimirnos. Jesús muere en la cruz por nuestros pecados.
Por eso, la pregunta que me parece más ajustada es “¿por qué matamos a Jesús?”. Pues eso es lo que hacemos cada vez que cometemos un pecado.
El único camino para superar esta dramática situación es el arrepentimiento profundo, la contrición y la Reconciliación, junto con el firme propósito de evitar la caída en el futuro. Que se volverá a producir porque somos débiles, pero, afortunadamente, Dios perdona siempre…
Usando una frase de hoy, “qué fuerte”, Loreley!
Para empezar, estoy totalmente de acuerdo contigo en que las frases hechas que tu citas tan frecuentemente utilizadas ante el dolor están vacias de contenido.
Vivimos para amar, efectivamente, y para darnos cuenta que ese amor – amor global, generoso, desinteresado – de alguna manera nos ayuda a luchar contra el pecado.
me alegro, loreley, q abordes el tema de las FRASES VACÍAS q son las q siempre escuchamos para dar sentido al dolor…este tema lo hemos tratado múltiples veces en mi grupo y sigo escuchando frases vacías…personalmente, para mí es una frase vacía la de que DIOS NOS ACOMPAÑA EN EL DOLOR, pq en los momentos de dolor, nunca lo he notado especialmente a mi lado
y más vacío o retórico aún es preguntarnos por qué matamos a Cristo, o decir q el mal en el mundo trae causa del pecado original…siento decirlo pero siguen siendo frases vacías para mí, sigo sin verle sentido al dolor
Lamento discrepar en un punto y es el de las frases vacías. ¿Por qué vacías? ¿Quién dice que no consuelan? Cuando sufro me ayuda pensar que puedo ofrecer mi sufrimiento. De hecho lo hago. Para mi darle sentido y ofrecerlo es purificante. El ofrecerlo hace que ya no sea algo mío que me encierra sino una puerta a compartir. Del mal sacar un bien. Del egocentrismo en el que a veces nos instala el dolor sacar fuerza para ver que no estamos solos en el mundo con nuestro dolor.
También creo que efectivamente el Señor nos da la fuerza para afrontar la cruz. Al que pide con fe el Señor no le abandona. Cuando no entiendo, cuando me rebelo y veo que sola no puedo, me siento sostenida.
En cualquier caso disculpo a quien pronuncia frases de esas que a veces pueden no ayudarnos, sólo indican la buena intención de quien las dice.
Sorry por no estar de acuerdo, el artículo me gusta pero ese tema no lo veo claro.
Bss
Suscribo 100% lo dicho por Tuky, ¡te me has adelantado, gracias!
Cristo se hizo hombre porque era el Amor lo que quería transmitirnos. Mostrar el camino de nuestra vida teniendo el Amor presente. Es decir a Él mismo, identificándole como el Amor mismo. Ese Amor nos ha dado la “garantía” de que tras la muerte humana existe la resurección divina, y a quien puede resucitar ¿se le pueden pedir más cosas para creer en Él?. El Amor no terminó con la muerte en la Cruz. El Amor sigue vivo, pues desde la Resurección nos sigue llamando a la salvación. La cuestión no está en las frases en si, sino en el cómo se dicen y en qué hay detrás de ellas. Si no hay Amor no hay nada.