La verdad os hará libres, ¿o no?
“La verdad os hará libres” (Jn 8, 32). Estas palabras del Evangelio de S. Juan que el Papa Juan Pablo II recogió en su encíclica “Veritatis Splendor” (“El esplendor de la verdad”), merecieron en su día una réplica de un conocido político español: “la libertad os hará verdaderos”.
Vamos a intentar analizar el significado de estas dos frases. La primera supone que la libertad es algo a alcanzar, a construir, algo que no nos viene dado. Y que la manera de obtener ese algo es a través del conocimiento de la verdad. Esto, en un momento histórico como el nuestro, caracterizado por el relativismo y la subjetividad, plantea un problema importante, dado que no está claro qué entendemos por “verdad”.
El significado en este caso es la realidad profunda acerca del ser humano, aquello que más le importa y le afecta. No cabe duda de que en este sentido se está aludiendo al aspecto trascendente, es decir, la relación del ser humano con lo sobrenatural, lo que le afecta en mayor medida pues se trata de su dimensión espiritual, quizá incluso la eternidad, por contraposición a los asuntos temporales, la dimensión material o de este mundo.
Para los cristianos existe una verdad. Y es Jesucristo. “Yo soy la el camino, y la verdad, y la vida” (Jn 14, 6). “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18, 37).
En consecuencia, el conocimiento de Jesucristo es lo que nos hará más libres. El conocimiento lleva al amor. Y el amor a la semejanza. Para un cristiano, la meta de la libertad es parecerse a Jesús, ser “otro Cristo”. Y será tanto más libre cuanto más se acerque a este ideal.
Por otra parte, parece claro que el error o el desconocimiento dificultan el conseguir una libertad más plena. La clave del desarrollo personal está en elegir bien, y para eso es preciso conocer todas las alternativas y sus consecuencias morales.
Veamos ahora la otra frase. De un modo paralelo al análisis anterior podríamos suponer que el “ser verdadero” es una cualidad humana que se alcanzaría en la medida en que se fuese más libre. ¿En qué consistiría “ser verdadero”? No parece claro. ¿En qué medida puede un ser humano “no ser verdadero”? El ser humano ya “es”. Ya existe. No cabe duda acerca de la “verdad” de su existencia. ¿Quizá se refiere el autor a “sincero”? ¿A “auténtico”?
De alguna manera, parece como que quisiera transmitir la idea de que el ser humano lo es en la medida en que sea libre. Lo que pasa es que aquí tenemos que intentar comprender qué concepto de libertad subyace a esta propuesta. Considerando la ideología del personaje, podemos pensar que se trata de una exaltación del albedrío personal, es decir, de la libertad individual, manifestada en la capacidad de elección. La persona libre sería la que elige lo que quiere, guiada únicamente por su propio criterio.
El problema de este planteamiento reside en que la libertad así considerada queda huérfana de sustentación. En el caso anterior el fundamento es la verdad: yo elijo bien en la medida en que mi elección se basa en la verdad. Aquí ya no. Con este planteamiento yo elijo bien simplemente porque elijo. Da igual que mi elección se acerque a, o se aleje de, la verdad (que en definitiva considero relativa). Lo decisivo es elegir.
Este planteamiento es consecuente con una visión materialista del mundo. Si no hay un Dios, no hay un sentido, y por tanto todo vale. Yo puedo hacer lo que quiera.
La duda que me puede surgir, claro, es ¿por qué narices (con perdón) voy a hacer nada en un mundo sin sentido? De hecho la autodestrucción es la consecuencia lógica de este nihilismo.
Parece que subyace también una consideración del deseo, el apetito, como criterio fundamental de elección. Yo en cada momento elijo lo que me apetece; en esto consiste ser libre. Si yo doy cauce a mis deseos, seré “verdadero”; y si no, seré “reprimido”.
El problema de esta concepción es que no queda claro qué es el ser humano. Está claro que los animales actúan por instinto, siguiendo siempre sus apetitos: cuando tienen hambre cazan, cuando sienten deseo sexual copulan, cuando tienen sueño descansan, etc. Si definimos la libertad como hacer “lo que me pida el cuerpo”, ¿en qué se distingue el hombre de los animales?
Una vez más caemos en el materialismo: solo existe lo material. Pero esto no explica la espiritualidad humana, ni la inteligencia, ni el deseo de trascender, ni el culto a los muertos, ni el ansia de felicidad, ni el anhelo de lo eterno… El materialismo no es una base suficiente para expresar o formular satisfactoria y exhaustivamente la realidad personal conocida y experimentada por cada uno de nosotros.
En resumen y a modo de conclusión, la segunda frase, “la libertad os hará verdaderos”, parece simplemente una muestra más del pensamiento débil que abunda en nuestra sociedad y del que continuamente se hacen eco ciertos políticos.
Filed Under: Portada


Un poco complicao todo este rollo no…? que mas da la verdad, quien tiene la verdad? Lo que importa es ser libre, no? Y ademas cada uno puede pensar lo que quiera, todas las opiniones son respetables no?
Quizás la simplificación sería que la LIBERTAD usada para elegir la VERDAD nos hará FELICES.
La libertad no es un valor absolutamente bueno, sino en la medida que lo usemos para nuestro bien. No me hubiera gustado que mis padres me dejaran libertad de elección para no comer verdura ni pescado, porque seguramente mi cuerpo no habría soportado mi mal uso de la libertad… ¡Me alegro de que no me dejaran opción y ahora esté viva y feliz!
En todo caso un hombre social no puede ser absolutamente libre, porque está en relación con los demás de manera necesaria y porque, aunque viviera solo, está limitado por muchísimos condicionantes. Encontrar la verdad no es sino darse cuenta de cuáles son esos condicionantes y vivir en sus límites, de manera acorde a nuestra naturaleza y potencialidad hacia el BIEN (felicidad).
Si quieres puedes discutir qué contenido concreto tiene la VERDAD, pero te aconsejo que no dejes de buscarla, porque entonces te estás abandonando a lo fácil y generalmente todo lo que vale cuesta.
¿Todas las opiniones son respetables? ¿Si alguien opina que hay que matarte, se ha de “acatar, tomar en consideración”*?
*Definición de respeto en el Diccionario de la RAE.
Como siempre, “bárvaro” Aldabón.
Se trata de un eje central en la política y ética mayoritaria española (y europea): “la libertad os hará verdaderos” y, sin decirlo explícitamente, “El fin justifica los medios” (aborto, negocación con ETA, Faisán, eutanasia…).
Son las dos “verdades absolutas del relativismo” (valga la contradicción).
Por contra, el Señor y la Iglesia nos habla de “la verdad os hará libres” (que grandísima frase), que el fin no justifica los medios, que Cristo es la Verdad, el Camino y la Vida.
Estas son las dos grandes actitudes vitales.
¿Con cuál te quedas?