San Jorge en la Beatificación de JP II
Si me hubiesen dicho hace unos meses que iba a estar en Roma para la beatificación de Juan Pablo II, no me lo habría creído. Me enteré de que me iba el mismo viernes en que salía el autobús, al mediodía. A pesar de lo inesperado, veinticinco horas de autobús dan para tomar conciencia del hecho histórico, extraordinario, que ha supuesto para nuestras vidas y para la vida de la Iglesia la beatificación de JP II.
Todos los que íbamos en el autobús llevábamos muchas intenciones de oración de gente que no había podido ir, con todas las ilusiones y esperanzas depositadas en la intercesión del nuevo beato, que tantas gracias está derramando en aquellos que le piden ayuda.
El fin de semana se prometía intenso, y no defraudó: veinticinco horas de autobús, y nada más llegar, ya el sábado por la tarde-noche, nos fuimos a la vigilia de oración en el Circo Massimo: luz y sangre. El brillo de las velas en la noche nos recordaba que seguimos siendo testigos del Resucitado, de la Luz que ha vencido a las tinieblas; la sangre de tantos mártires, derramada allí mismo hacía veinte siglos, se había convertido en semilla de nuevos cristianos.
Tras un par de horas de sueño, a las tres de la madrugada sonaba el despertador, para coger el servicio especial de metro a las cuatro. De camino al Vaticano, las calles parecían ríos humanos que iban a desembocar a la plaza de S. Pedro. Llegamos y establecimos nuestro ‘campamento’ particular, que nos permitió vivir cómodamente las cinco horas de espera para el comienzo de la misa.
Ver, lo que se dice ver, vimos poco, pero el momento fue tan intenso, tan prolongada la espera, tan deseado el encuentro, que rezamos tanto o más que los de la primera fila. Todos los esfuerzos y desvelos se veían recompensados con el momento histórico de nuestra presencia en aquella celebración, siendo testigos de la beatificación de Juan Pablo II. Emoción, recuerdos indescriptibles, oración, y acción de gracias por la vida y el testimonio de este Papa, que a muchos nos vio nacer, y que hoy sigue intercediendo desde el cielo por el rebaño al que él tanto cuidó.
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Gracias por las oraciones que sé que dejasteis ahí pidiendo para los que nos quedamos en Madrid.
Aunque algunos dormimos algunas horas más(4 más o menos), previamente, estudiamos el terreno, y sabíamos que no estaríamos físicamente en San Pedro, de todas formas, os comento que mereció la pena estar “como sardinas en lata”, hombro con hombro, con italianos, polacos, franceses, alemanes y gentes de distintas nacionalidades, todos unidos para homenajear, rezando, a un Beato desde ese día, pero Santo siempre.
El cielo de Roma se fue abriendo a medida que avanzaba la mañana, yo creo que el Papa Juan Pablo, desde allí arriba, lo hizo para que se escucharan mejor nuestras oraciones. ¡Gracias Dios mío por tan sublime mediador!
Muchas gracias belmon por compartir la “experiencia sanjorgiana” en la beatificación de nuestro tan querido Papa Juan Pablo II.
¡Cómo me habría gustado estar allí! ¡Qué emoción!
¡Cuánto bien a la Iglesia y al hombre ha hecho Juan Pablo II!
La verdad es que fue un momento muy emotivo cuando pronunciaron la fórmula de Beatificación y mostraron la imagen de Juan Pablo II. Me acordé de todas las experiencias vividas con este Papa, desde la JMJ de Paris y de Roma y Cuatro Vientos.
A pesar de la paliza en autobús, fue muy gratificante estar allí presente con tanta gente rezando al nuevo Beato.
¡Gracias, Belmon, por recordar nuestro viaje!