Y tú, ¿Quién eres?
Si tienes un día fresco la respuesta es obvia, ¿no?, si vas por la parroquia y alguien te pregunta, “y tú, ¿quién eres?” “Pues yo soy, Ania columnista de San Jorge Digital” ¡Toma ya! Incluso añadiendo información adicional, si todos los exámenes fueran así me sacaba tres carreras a la vez. Pero ¡ay amigo! ¿Que tú eres quién?
Primero no te asustes y dejes de leer la columna porque estás empezando a presentir que la cosa se pone seria, ¡un poco de valentía!, yo por mi parte te doy mi palabra de no ser muy densa, es más, quizá hasta te parezca interesante.
La semana pasada vi “El rey león”. Cuando la ves de pequeño he de aventurarte que no te enteras prácticamente de nada. (Para quien no recuerde Simba, el futuro rey león, huye creyéndose culpable de la muerte de su padre, Mufasa, a un sitio lejano donde crece lejos de su familia y raíces). Recordemos una escena: hay un momento en el que Rafiki, sí el mono, cual loco (loco de contento de saber que Simba sigue vivo) saltando por las ramas, se acerca a Simba. Simba recordando a su padre, triste y abatido, se ve sorprendido por él:
- “¿Quién eres?” – Pregunta Simba a Rafiki harto de que le ronde canturreando
- “La pregunta es, ¿quién eres tú?”
- “Creía saberlo pero no estoy seguro…” – responde a duras penas Simba
Rafiki se ríe de Simba y le toma el pelo. Simba cansado de la situación, pensando que no es más que un mono loco, le acusa de estar confundido, a lo que el simio contesta:
- “ Tú eres el confundido, ni siquiera sabes quién eres (…) pero yo sé quién eres, tú eres el hijo de Mufasa (…) él vive en ti”
Mufasa, su padre, aparece entonces y habla con Simba:
- “Recuerda quién eres, tú eres mi hijo. Recuerda quién eres”
Si tienes un día fresco sigues viendo la película y santas pascuas pero ¡ay de ti como te toque el día transcendental! Pero como suele ser lo más normal: te entra por un oído y te sale por el otro. Así que sigamos como si nada hubiese pasado.
Según avanzaban los minutos me vino a la cabeza una imagen de otra película “Alicia en el país de las maravillas” (que maravillosa infancia la de Disney sí). Alicia perdida en un inmenso jardín, midiendo escasos centímetros, se encuentra a una oruga que le pregunta:
- “¿Quién eres tú?”
- “Ya no lo sé señor, he cambiado tantas veces que ya no lo sé (…) está todo tan enredado…” - Alicia intenta explicarse, pero apenas saca nada en claro.
La oruga insiste varias veces y Alicia decide huir de la situación, la pregunta molesta, no sabe qué contestar.
Y si esta pregunta se plantea de forma repetida en películas para niños, ¿por qué no podemos plantearnos lo que nos intenta enseñar?: ¿quién eres tú? No puede ser tan complicado, ¡las “pelis” de Disney siempre acaban bien!
¿Quién soy yo?: Yo soy Ania. O quizá no. Quizá que sea Ania no signifique nada. Es más, no significa nada. Tú no eres sólo un nombre, sobre todo si tu nombre representa a una persona “pobre”, tú eres mucho más. La cotidianidad nos hace que vivamos en una especie de jardín perdidos, huyendo de lo esencial, donde no nos replanteamos quienes somos.
“Recuerda quién eres. Tú eres mi hijo, recuerda quién eres” Lo ligera o trascendental que puede ser la misma frase. Incluso, si no leyéramos la Biblia, y no hubiésemos escuchado la palabra de Dios con frecuencia, a lo mejor podría “sonar” a algún pasaje de las Sagradas Escrituras.
¿Quién eres tú? Tú eres su hijo, tú eres hijo de Dios. Piensa lo que significa esto aunque sea por un instante. ¿Actúas como tal? , ¿vives en consecuencia? Quizá no, quizá vivas como no te corresponde, haciendo lo que no debes, rodeándote de gente que hace que cambien las profundas aspiraciones que Dios pone en tu corazón.
También lo vimos en Ice Age, si te comportas como una zarigüeya siendo un mamut podrás creer que eres una zarigüeya, pero nunca serás feliz, sabrás que algo no encaja ¡serás el ridículo mamut haciendo de zarigüeya!
Y esto que los dibujos imponen como obvio, que vamos al cine y tan claro lo muestran que te entra la risa, muchas veces sin darnos cuenta es el más claro reflejo del enredo de nuestras vidas. ¿Casualidad? No lo creo…
¿Quién eres tú? Tú eres hijo de Dios. Recuérdalo. Recuerda que eres hijo de Dios y no huyas porque creas haber defraudado en algún momento a tu Padre, Él siempre te perdona; no llores porque todo te sale mal, cuando te metes en jardines que no te corresponden: busca el camino de vuelta a casa. Sé la persona que tengas que ser sabiendo que Dios vive en tu corazón, ¿quién eres tú?, tú eres hijo de Dios.
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Precioso. Precioso. Precioso!!!! Me ha encantado! La última vez que vi el Rey León (hace muy poco) me pilló a mí también en ese día “trascendental”. Gracias por esta preciosa, fresca y profunda reflexión. Divertida, y directa.
Me ha gustado tu columna ,unicamente añado una frase de San Agustín que en tres palabras lo dice todo: “Conócete, acéptate, supérate”.
Grande Ania.
Soy hijo de Dios.
¿Hay algo más grande?
Muy profundo y la vez refrescante, Ania! No por nada la Academia de Platón tenía a la entrada “gnosce te ipsum”. Somos nada menos que hijos de Dios, a pesar de nuestra grandeza y pequeñez. “Si no fuera Alejandro, sería Diógenes”…
Me alegro de que os haya gustado! sobre todo gracias por vuestros comentarios y aportaciones
Gracias Ania, a mí también me ha gustado. Una conclusión que saco como padre es que podemos aprovechar hasta las películas de Disney para hacer pequeños “cineforum” con los niños en familia y sacar temas verdaderamente interesantes.