¿Qué reciben los demás de mí?
El otro día acudimos a una exposición del Santísimo en una parroquia. El sacerdote meditaba breve y acertadamente sobre las lecturas del domingo.
Me quedé especialmente con una frase: ¿qué reciben los demás de mí? Dio algunos ejemplos de lo que no deberían recibir: en casa, malas caras, gritos, enfrentamientos… en el tráfico de la ciudad, “pirulas”, jugarretas… en la empresa o el colegio, zancadillas, calumnias, puñaladas…
¿Qué reciben los demás de mí? ¿Soy fuente de alegría, de optimismo, de ánimo? O, por el contrario, ¿despliego pesimismo, tristeza, rencor, quejas…?
Un amigo mío me contó que ha tomado la decisión firme de sonreír. Por ejemplo, al pagar en la caja del supermercado. Me decía: “es increíble. Cuando pago, miro al cajero o cajera, le sonrío, y él o ella me mira y me sonríe”.
Otro amigo me dijo que había probado una cosa nueva conduciendo. Un día se le ocurrió ceder el paso a otro coche que estaba esperando pasar. Se impresionó por dos cosas: el otro conductor le dio las gracias, y acto seguido cedió el paso a su vez a otro vehículo.
Un tercer conocido me reveló que le parecía fatal cruzarse por el pasillo con compañeros de su empresa sin saludarlos, aunque no los conociera. Así que decidió empezar a decir “hola” a todo el que pasaba. Para su sorpresa, la mayoría le contestaba.
Un cuarto individuo me comentó que por la mañana se cruzaba en el colegio de los niños con otros padres y madres que no conocía. También empezó a saludar y le llamó la atención que la mayoría de volvían el saludo.
Esto es casi sospechoso… ¿será una conspiración? Demasiadas coincidencias… ¿o no?
En realidad, lo que pasa es que el bien es contagioso. Tener un gesto de amabilidad, de gratitud, de simpatía, de cortesía, tiene un efecto multiplicador. Se expande, como la gota en el charco. Sus ondas avanzan suavemente hasta que llegan a la otra orilla…
¿Qué reciben los demás de mí? En mi mano está decidirlo. Puede ser algo bueno; no tiene por qué ser algo malo. Se puede conseguir. Solo hace falta intentarlo. Al principio a lo mejor parece que no da mucho resultado, pero si perseveramos, veremos los frutos.
Filed Under: Portada


Genial, Federico. Efectivamente, a mi también me gusta hacer “el experimento de la sonrisa”. Los resultados pueden sorprender – gratamente. Es increible ver a alguien con cara de pocos amigos – una cajera, el cobrador del autobus, por ejemplo – cambiar totalmente al cuando le sonrío. Funciona casi siempre y te quedas con la agradable sensación de haber contribuido a hacer más feliz a esa persona.
Muchas gracias Ingrid, no solo por el comentario, sino sobre todo por practicar y regalar una perenne y preciosa sonrisa.
Federico