Donde la moda duele

Se inaugura la temporada de verano y con ella los maravillosos comentarios, escuchados por doquier, que aunque también se podían oír en invierno es en estas señaladas fechas cuando cobran fuerza. “Mira esa GORDA”, “Madre mía como está ése de asqueroso… ¡ni aunque me pagaran!”, “Puff… ¿pero cómo lleva eso?, ¡ya podría ponerse a régimen!” y un sinfín más de estas maravillosas a la par que originales frases.

Por si no nos hemos dado cuenta vivimos en una sociedad en la que eres lo que eres por tu físico. Y punto. Podríamos apelar a algunos casos en los que no es así, y claro que los hay, pero realmente las personas admiradas, aclamadas y valoradas son aquellas que, aunque quizá tengan unas grandes virtudes interiores, se les conoce por poseer unas  grandes “virtudes” exteriores.

De esta forma llegamos a los estupendos cánones de belleza. Un canon es un modelo de características perfectas (como amablemente nos define la Real Academia Española), es decir, que alguien decide en un momento y en un lugar, que luego se extiende mundialmente, que todos tenemos que adoptar un nuevo aspecto para adaptarnos a esos cánones de belleza que han ido cambiando durante la historia. Esto es, si no adopto esas características perfectas soy imperfecto y de esta forma antiestético siendo así rechazado por la sociedad. (Con toda razón claro, ¡a quién se le ocurre vivir fuera de lo que le gusta a los grandes diseñadores en vez de a uno mismo!)

Por lo tanto una vez entendido que los cánones de belleza deben regir nuestra vida, ¡qué menos que ponerse a ello! Así comienza el minar la personalidad de aquellas personas que pesan más (o que pesan menos según el momento histórico) con esas agresivas campañas publicitarias. En la actualidad claro está que pesar más que una chica de pasarela está totalmente fuera de lugar poniendo así de moda las milagrosas dietas y el hacer sentir a las personas no válidas en función de lo que la báscula ordene. El problema no se acaba ahí, podría seguir por el no alcanzar nunca un peso ideal (¡qué hacer competencia al Photoshop es muy difícil!) y de ahí las enfermedades psicológicas de nuestro tiempo…

Y ante todo esta avalancha de información habría que pararse. Párate. ¿Dónde está la caridad? Si no hay caridad en lo pequeño, ¿cómo se alcanzará en lo grande? Nuestras vidas deberían basarse en la caridad  como así se nos ha enseñado aunque no parece que lo recordemos con frecuencia.

La caridad es amor, amor por los demás, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”  (Jn 13,34) y Jesús nos deja el más grande ejemplo entregándose completamente por nosotros, por todos y cada uno de nosotros (incluidos los gordos, ¿eh?)  “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” ( Mt. 22, 39) vemos el telediario y todos apenados por las grandes tragedias a nivel mundial, el dolor de las personas,  y sin  embargo tras apagar el televisor comienzan las críticas e insultos a la gente que nos rodea (¡incluso a nuestros amigos!).

La falta de caridad. El daño que hace la falta de amor en el mundo, las angustias, soledad e inseguridades que causa en las personas que nos rodean es un mal cada vez más común. De esta forma me gustaría acabar con el “canto al amor” de San Pablo que tanto nos agrada escuchar algún domingo pero, ¿está realmente presente en nuestras vidas?

“Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que bronce que resuena o platillos que aturden. Aunque tuviera el don de profecía, penetrara todos los misterios, poseyera toda la ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es mal educado ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.

“El amor no pasará jamás”  (1Co 12,31 – 13,8).

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Comentarios (1)

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  1. Mota dice:

    Efectivamente Ania somos bombardeados con la valoración de lo físico, lo externo.

    Todo habla de ello: los anuncios, las series de TV, los programas, los centros de estética…

    Y más grave: hemos perdido la conciencia (el remordimiento) ante los comentarios despectivos por lo físico, pues entra dentro del humor, de la coña…

    Gracias por azuzar nuestras conciencias. Al menos la mía.

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