La impresionante Roma

Hace poco más de una semana tuve la inmensa alegría de volver a pisar suelo romano cinco años después –desde la peregrinación que hicimos con S. Jorge en el verano el 2006-.

Nos fuimos mi mujer y yo tres días –dos noches-, dejando aquí a las niñas con mis (benditos) suegros.

Desde el primer segundo en el que el autobús nos dejó en la Plaza Cavour, intuí que esos días iban a ser excepcionales. Y así fueron.

Sin comerlo ni beberlo, nos plantamos en una exposición sobre el ya Beato Juan Pablo II en la misma Plaza del Vaticano, cuya existencia desconocíamos. Y ya ahí empezó a notarse que esos días iban a tener un especial encanto.

Había fotos, textos, ropas, vestiduras…y vídeos. Uno de ellos nos emocionó –Marta, mi mujer, más bien lloró como una magdalena-. Se trataba del día de la elección de Karol Wojtyla como nuevo Papa de la Iglesia Católica. Y, especialmente, el conmovedor abrazo con su maestro y mentor, el Cardenal Wicinski, así como con un entrañable y joven Cardenal, Joseph Ratzinger.

Otro de los grandes momentos fue el rezo de vísperas con el Padre Patricio y Patilí, joven parroquiana de San Jorge, de Erasmus en Roma. Las rezamos en la terraza de la casa de los agustinos. Exactamente, a 15 metros de la Plaza del Vaticano, y con una vista de la Basílica de San Pedro y del apartamento papal absolutamente espectacular que, unido a la hora del día –atardecer-, lo bonito del rezo con amigos y el idioma “itañol”, hizo de aquel momento uno de esos regalos que el Señor te hace de vez en cuando, mostrándote la belleza de la vida.

Después pudimos disfrutar de una agradable e interesante cena de los cuatro con Gian María , un amigo italiano del P.Patricio.

Para rematar el plan sanjorgil, al día siguiente comimos con el Padre Daniel, antiguo –y joven- sacerdote de nuestra parroquia.

En fin, qué decir de las piazzas, las magníficas iglesias romanas, el ambiente, la comida, las fontanas…Roma es una ciudad única. Irrepetible.

Pero sobre todo, Roma es católica. ¡Qué bonito y gratificante ver tanta cantidad de curas y monjas por las calles! En la ciudad eterna se respira cristiandad, religiosidad, fe.

En Roma, en el Vaticano –cuya Basílica es la obra de arquitectura más impresionante que he visto en mi vida- el perdido se encuentra. El triste se alegra. El enamorado, se re-enamora.

En Roma, se Vive.

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Comentarios (1)

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  1. Ingrid dice:

    Qué experiencia más maravillosa, Mota. Gracias por compartirla con nosotros. Mereceis, Marta y tú, un pequeño respiro de vuestra ajetreada vida de padres, profesionales y contribuyentes netos a nuestra Parroquia.

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