Lo que la verdad no esconde

Al enfrentarse con una realidad desconocida es fácil contentarse con la primera impresión que uno tiene; no llegar hasta el fondo de los hechos. Especialmente si esta no hiere los sentidos y más aun si la sospecha de que lo que uno puede encontrar es desagradable. Me estoy refiriendo sobre todo a una realidad social. 

Cuba se define como un paraíso socialista. Un lugar donde la justicia impera y evita desigualdades sociales. La realidad es que se trata del reino de la pobreza. Ha convertido un país próspero, con sus defectos por supuesto, en una ruina. Ningún joven tiene esperanza de prosperar ni ilusión por un futuro normal. El sistema no fomenta la virtud, el esfuerzo o la superación. Sin embargo es difícil que un turista medio conozca esto Es fácil que se imagine que existe cierta carestía sin demasiada importancia.

La hipocresía del sistema llega a ofrecer al turista millones de lujos que niega rotundamente a sus ciudadanos. Menosprecia a los suyos por los que vienen de fuera. Esto se hace con el pretexto de emplear lo que se gana del turismo en pro de los ciudadanos. ¿Qué hay de concreto en esto? Nada.

Lo cierto es que nos encontramos ante un Estado que prima el bien del grupo o de la colectividad antes que el del individuo y es que ese bien común es fácil de malear y por supuesto, sin duda, de usar en beneficio propio. Cuando se elimina el bien individual, la propiedad privada, la libertad de expresión, la libertad de educación y sobre todo la libertad religiosa, se eliminan todas las barreras para malograr todo.

Pero sólo quería pensar un poco en cómo poder descubrir lo que se oculta bajo esa aparente realidad. Lo que me ha ayudado en mi caso, como turista, a percibir la auténtica realidad. La clave la he encontrado en algo que, como siempre, es evidente. El encuentro con gente buena y desinteresada. Si no hay voluntad de conseguir dinero, por ejemplo, la verdad sin ambages puede relucir. No se dice lo que se quiere oír, no se busca impresionar de una forma concreta en el oyente.

La persona que aun siendo de ese mundo es ajena a ese mundo es libre para criticar los malos fundamentos, para no estar atado por las peores cadenas, que son las que encadenan el alma. Y es que sólo el amor de Dios hace libre al que libremente lo acepta. Despeja el corazón de angustia, da esperanza. He tenido la suerte de encontrarme con gente así al visitar recientemente la isla de Cuba, cristianos comprometidos. Es una gran virtud vivir así la fe en un ambiente tan hostil, y es también fruto del esfuerzo comprometido. 

En España no vivimos ni mucho menos una situación así pero las dificultades no son pocas. Esto tiene que ser un acicate para vivir cada día más auténticamente la fe, para mantenernos en estado de vigía, una feliz vigilia. Así podremos estar en este mundo sin ser de este mundo y mantener una felicidad y serenidad auténticas.

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Comentarios (2)

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  1. Ania dice:

    La suerte que tuviste de no ser un turista más para poder trasmitirnos esta realidad y recordarnos cómo sigue todo en Cuba. Parece mentira como muchas veces, nosotros los cristianos, decidimos “no ver” en estos paraísos turísticos.

  2. Floren dice:

    A pesar de esa diferencia entre capitalistas (turistas) y ciudadanos cubanos que el régimen hace, hay todavía quien no escarmienta en cabeza ajena,será por aquello de que no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Curiosa forma de predicar el socialismo, y la gente no se pregunta cómo viven los dirigentes, pues no se hacen ver para otra cosa que no sea “alimentar el socialismo” frente a los que pasan necesidades y sufren carencia de algo muy importante: ¡Libertad!. Algún día en la Habana o en Santiago se dirá “¿Socialismo?, no gracias hermano”.

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