Tagore en verano

            Este año se han cumplido 150 años del nacimiento y 70 de la muerte de un hombre excepcional. Y fue excepcional no solamente porque fue a la vez filósofo, poeta, novelista, dramaturgo, músico y pintor, o porque fuera el primer no europeo que recibió el premio Nobel, en un tiempo en que todavía el Nobel se otorgaba de verdad a personas excepcionales.

 

            Su excepcionalidad viene dada, sobre todo, porque se trata de uno de los hombres por los que, sin duda, dijo Jesús aquello de que “el que no está contra vosotros está con vosotros” (Lc. 9, 50). El Espíritu sopla donde quiere, y sin duda sopló en la Bengala de la primera mitad del siglo XX, en la misma Calcuta donde después inspiraría también la obra excepcional de la beata Madre Teresa.

 

Siendo primero brahmanico y después hinduista, y habiéndose codeado con lo más granado de la cultura mundial de su tiempo, como William Yeats, Henri Bergson, H. G. Wells, Albert Einstein o Victoria Ocampo, el pensamiento de Tagore acabaría teniendo sobre todo por centro el amor, y de tal modo que conseguiría profundizar enormemente, desde fuera del cristianismo, en el misterio del Dios verdadero, en el misterio de Cristo. “Dios es amor”, nos repite San Juan.

 

            Por ejemplo, mucho más allá de lo que se piensa en general en la cultura occidental, a pesar de sus raíces cristianas, Tagore comprendió la identificación entre la salvación, el amor y la verdad:

 

“El Amor es el significado ultimado de todo lo que nos rodea: no es un simple sentimiento, es la verdad, es la alegría que está en el origen de toda creación”.

 

            Igualmente comprendió que la vida ha de entenderse como un servicio…

 

“Dormía…, dormía y soñaba que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir… y el servir era alegría”.

 

…y que el servicio a la verdad siempre se sitúa en contra de los poderes del mundo, los cuales, no obstante, al perseguirla, la fortalecen:

 

“Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas”.

 

“La verdad levanta tormentas contra sí que desparraman su semilla a los cuatro vientos”.

 

            Tagore incluso podría haber sido un activista pro-vida…

 

“Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.”

 

…y un creyente en la vida eterna:

 

“Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”.  “Y al partir serán estas mis últimas palabras: me voy, dejo mi amor detrás”.

 

            En última instancia, Tagore acabaría también entendiendo que la verdadera libertad del hombre se consigue sólo al rendirla incondicionalmente:

 

“Iba yo una mañana caminando por el camino pedregoso, cuando me salió al encuentro el Presidente, que venía de frente. Hace detener su coche, se baja,  y me dice severo: «Soy poderoso, y puedo comprarte. Tendrás lo que quieras. ¿Te me entregas?». Aunque soy sólo un pobre mortal, le respondí: «¡No! Soy un hombre, y yo no me vendo…». Y el Presidente se marchó sin mí en su coche, porque no me doblegué ante el poder de otros hombres, aunque fueran presidentes o reyes.

 

Seguí caminando, y, llegando al pueblo, me sale al encuentro un banquero cargado con un saco lleno de dinero. Y me dice con mucha seguridad suya: «Soy rico, y puedo comprarte. Mira cuánto dinero hay aquí». Yo le miré con desdén, di media vuelta, y me marché sin decirle lo que pensaba por dentro: «¿Yo venderme al dinero? ¡No! Yo valgo mucho más que todas las riquezas del mundo».

 

En el atardecer, la cerca del jardín estaba toda en flor. Apareció detrás una muchacha gentil, y me dice con todos sus encantos: «Yo te compro con mi sonrisa y mi suave piel. ¿La aceptas?… ». Mi actitud, comprensiva y sin desdén, la enterneció; se le heló la sonrisa, que desaparecía entre sus lágrimas, mientras yo desaparecía también, firme en mi pensar: «Yo no me rindo ni tan siquiera a las seducciones del amor…».

 

Llegué por fin caminando a la playa con el sol que ya moría. Un niño jugaba con la arena, me miró, y me propuso la última oferta del día: «¿Te puedo yo comprar con nada?…». «¿Con nada?» pensé yo. Y acepté. El niño me rindió, porque, al no darme nada, yo me rendía entero sin atadura alguna. En mi entrega, tenía mi libertad”.

 

 

El próximo 7 de agosto Bengala conmemorará por todo lo alto los 70 años de la muerte del gurú. Mientras tanto, nosotros podremos llevarnos a la hamaca algunos de sus pensamientos e intuiciones, de modo que, al regreso de las vacaciones nos sirvan de revulsivo frente al nuevo curso con el convencimiento de que la Verdad, si fuera acallada, “la proclamarían las piedras”. El mismo día, por cierto, en que en la Iglesia celebramos a San Cayetano, cuya vida heroica de pobreza y servicio a la verdad y a los necesitados nos recuerda que, durante siglos y siglos, son incontables los hombres y las mujeres que han rendido a Dios su libertad.

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Comentarios (1)

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  1. Manu dice:

    Fer, muy bueno el artículo. Enhorabuena. Además, me encanta Tagore. Un abrazo!!

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