Consejos…¿A mí?

En una parte de El Gnomo, Bécquer cuenta como cuando un viejo se ofrece a dar un consejo a unas muchachas estas responden que, de necesitar consejos, deberían venir del señor cura y no del anciano. Choca esta respuesta en un lector de hoy en día y cuesta imaginarse la situación en un pueblo a día de hoy.

La primera reflexión que podemos hacer es que vivimos en un tiempo completamente distinto, descristianizado. Se trata de anegar a la Iglesia como fuente de verdad y más aún se niega que exista una verdad universal. Quedarse sólo aquí es peor que empezar la reflexión porque solo caeríamos en un pesimismo muy poco útil.

Lo cierto es que a día de hoy al no vivir en una sociedad tan cristiana como la que nos cuenta Bécquer es un poco más complicado que alguien que necesite ese consejo se acerque a la Iglesia. La presión social es fuerte en el sentido contrario y consumismo y relativismo no ayudan a plantear dudas y buscar respuestas.

Sobre este tema nos habla mucho el Papa: ¡¡la importancia de que Europa no olvide sus raíces cristianas!! Manteniendo signos visibles y presencia real de la Iglesia es posible hacer llegar la doctrina a todo el mundo y las costumbres cristianas. Son, claro está, muy importantes, sin costumbres cristianas evangelizar es más difícil.

Por último la exhortación del Papa llega hasta cada uno de nosotros. Pareciera que solucionar un problema así solo pertenece a las grandes personalidades con capacidad de influencia. No podemos dejar todo en manos de los estadistas, sería sinónimo a abandonar el problema a su suerte. No vivimos en los tiempos del Medievo en los que un reino se convertía en masa cuando se bautizaba su Rey.

La conversión del mundo y de las costumbres es tarea de cada uno. En eso también nos ha insistido mucho el Papa: es necesario que nos formemos. Ha sido un regalo fenomenal uno de los libros que nos hemos encontrado en la mochila del peregrino, el Youcat. Si nos quedamos en una fe sólo de sentimiento nos acabaremos por agotar.

Un buen propósito para este inicio de curso puede ser mejorar la formación cristiana. ¿Qué propósito te has hecho tú?

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Comentarios (1)

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  1. fedelena dice:

    Una de las obras de misericordia es “enseñar (o aconsejar) al que no sabe”. Claro que, para dar consejo o cualquier otra cosa, hace falta que alguien quiera recibirlo. El don requiere una receptividad, una acogida. Quizá lo más difícil es encontrar esa disposición en un mundo individualista y en el cual el agradecimiento no es frecuente.
    Como siempre, lo importante es empezar por uno mismo, como nos recuerda Juan. Quien es capaz de reconocer, acoger y agradecer el don recibido está en la mejor situación para compartirlo con otros.
    Alguno dirá ¿y qué don he recibido yo? Pues… por ejemplo, la vida, la fe, una familia, un amor tan grande que ha dado la vida por ti…

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