Los niños de la Casita de Belén
En la Casita de Belén (Paraguay) viven veinticinco niños. Algunos son huérfanos, otros han sido abandonados, tienen a sus padres en la cárcel o han sido separados de ellos por motivos judiciales (muchas de las niñas fueron violadas o abusadas por padres y padrastros). También varios de ellos son portadores del VIH. Cada uno con su historia, es un miembro más de aquella grandísima y ajetreada familia. Por eso, aunque a menudo se peleen, también se cuidan entre ellos y si uno está despierto, ve cosas impresionantes en la Casita: niñas que a los 6 años saben cambiar el pañal a los bebés, que lavan cada día su ropa interior a mano, que friegan su plato y sus cubiertos en la cena, que se hacen la cama y barren su cuarto…
Estar allí era una enseñanza constante. Todo me ayudaba a rezar, a pensar y a reflexionar mucho sobre la vida que yo llevo. Cuando fui al hospital con algunos niños para ponerles las vacunas, cuando les bañaba, cuando me los comía a besos, cuando me acostaba con alguno de ellos hasta que se dormían, cuando les despertaba, cuando preparaba la comida o fregaba sus platos, cuando hacía sus camas, cuando les ponía el pijama o les lavaba los dientes… me acordaba del amor de mis padres que con tanto cariño y tanta exclusividad me dieron a mí en mi infancia. Yo también hacía todas estas cosas con un amor inmenso a los niños, pero después de bañar a uno, venían otros tantos detrás; y cuando yo no les bañaba, se encargaban otros de hacerlo, porque la verdad es que ¡están súper bien atendidos! Pero yo no podía no reconocer cada día que pasaba allí, lo que he recibido siempre y sin excepción de mi familia.
Jugando, dando un biberón, cambiando un pañal o acunando a un niño… trataba de tener presente que “aquello que hagáis a uno de estos pequeños, a Mí me lo hacéis” y aunque a veces me resultaba difícil comprenderlo del todo, me daba mucha alegría saber que estaba con el Señor. El trabajo y el esfuerzo, me obligaban y ayudaban a salir de mí para estar con el niño o el adulto que tenía enfrente. Y cuando lograba estar atenta y abrir los ojos, descubría la belleza de aquel lugar, de aquellos niños, de sus vidas y de la mía.
Lo más especial fue conocer a Liz. Al principio era una niña con la que no me preocupaba por estar. Ella tiene una parálisis que le impide hablar, comer o moverse sola. Sin embargo escuchar su historia (a Liz la encontró un vecino: su madre la tenía atada), me despertó y me sacó de mi comodidad de jugar sólo con los niños guapos y sonrientes. Y cada día que pasaba me fascinaba más estar con ella, darle de comer, bañarla, pasear juntas… No me movía la compasión sino que me acercaba a ella mendicante, porque ayudándola en la inutilidad de sus movimientos, me ayudaba ella a mí en la inutilidad de toda mi nada. Pensaba en la angustia con que vivo a veces, en las repetidas y aburridas peticiones que le hago al Señor. En cambio, mirarla a ella me enseñaba a vivir verdaderamente: Liz, es “una que se deja hacer”… y es que, Dios a mí no me pide nada, ¡absolutamente nada! diferente.
Mirar a los niños de la casita de Belén y preguntarme por su futuro mientras acompañaba su presente, fue una experiencia en la que o está Dios, o nada tiene sentido. Ni para ellos, ni para mí. Estar allí me ha llenado de alegría, me ha ayudado a rezar y a amar más y me ha llevado a verificar que efectivamente la Obra de Dios allí, es también posible aquí.
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Sencillamente: emocionante.
Muchas gracias Pati, de la bondad de tus padres yo ya sabía algo, ahora sé un poco más de la tuya y sobre todo me has hecho pensar en la bondad de Dios, que tu has tocado en esos niños y me has hecho tocar ami un poquito
Precioso.
Gracias Patilí.
Sobrecogido.
Increible! Estoy seguro de que te faltan palabras para describir todo lo que has vivido allí.
Sigue poniendo el mismo empeño en las cosas rutinarias, en el día a día y verás el abundante fruto que da.
=D
ESTA ES MI NIETA..SI SEÑOR
TE QUIERO…………….
uf, qué envidia(sana)Pati. Estas oportunidades de “sacar jugo a la vida” hay que aprovecharlas y veo que tú lo has hecho de la mejor manera.
bss. MUAC
Gracias.
Una experiencia preciosa. ¡¡Gracias por compartirla!!
Besos
Emocionante, muchs gracias… cuántas cosas tenemos nosotros, superfluas, y algunos que carecen de lo esencial, cuánto necesitan de nuestra ayuda, nuestro cariño, nuestro apoyo, nuestro tiempo… y nosotros en verdad de lo que estamos necesitados es de dárselo, porque tener cosas no satisface, es darnos lo que nos hace felices…