Luz para alumbrar a las naciones
De tu vientre. Así nacen las naciones. Naciones que son alumbradas del seno de Dios. Naciones que nacen, que llevan toda una vida naciendo… Nos alumbras y nos alumbras. Nos das luz y nos das a luz.
Dios es la madre encinta desde tiempo inmemorial. Madre que espera paciente a que terminemos de crecer para nacer y llegar finalmente a Él. Camino largo, lento, rico, cariñoso, amable: luminoso.
En la noche, Tú. En la Vida, Tú. No hay Vida en la oscuridad.
Vosotros sois la luz del mundo (Mt. 5, 14)
Si somos la luz del mundo, alumbramos al mundo. Tenemos pues, vocación de madre, ya que nacerán de nosotros también. María, que diste a luz la Luz, ayúdame a ser madre del mundo.
Quiero mirar con los ojos de María la creación. Alumbrar delicadamente en la oscuridad del metro, al lavar el coche, en la sencillez de la panadería, viendo el partido, tomando cervezas, en el trasiego de la guardería, en la superficialidad del centro comercial o rezando un lunes. Pero a veces tengo pereza, Señor. A veces, miedo. Otras, indiferencia. Tibieza de corazón marchito.
No se enciende una vela para guardarla debajo del celemín (Mt. 5,15)
Dame luz para que yo pueda dar luz. Enciéndeme. Náceme para que pueda nacerles yo. Alúmbrame. Alúmbranos.
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En la exposición sobre la Madre Teresa, que acaba de clausurarse, entre otros muchísimos detalles preciosos me llamó la atención la foto de un cartel que había escrito un admirador de la Madre a su muerte. decía más o menos: “Fuiste una fuente de luz en un mundo lleno de oscuridad” (“You were a source of light in a world full of darkness”).
Muchas veces me he preguntado qué dirá de mí la gente cuando ya no esté entre ellos. No pretendo compararme con la Madre Teresa desde luego. Y me temo que no arrojo mucha luz… ¿por qué la inmensa mayoría de los cristianos alumbramos tan poco? Como decía Gandhi: «No conozco a nadie que haya hecho más por la humanidad que Jesús. En realidad no hay nada que criticar a la fe cristiana. El problema sois vosotros los cristianos. Ni siquiera os esforzáis en vivir según vuestras propias enseñanzas.»
En el fondo creo que nos falta amor…
O a lo mejor lo que nos falta es decisión para decirle a Cristo: ¡aquí me tienes!, aunque no te entienda, confío en Tí, aunque el mundo me llame, prefiero hablar contigo, porque me basta con sentirte a mi lado y ya le das sentido a mi vida.