Tomando el hábito

Hace unos días tomó el hábito una joven en un convento de Clarisas. Fue un paso importante en una bella historia de amor. Ella sabía desde pequeña que Dios la llamaba. Sus parientes recordaban que cuando le preguntaba alguien qué iba a ser de mayor, solía responder “voy a ser monjita”.

Creció y se convirtió en una joven encantadora, guapísima, dulce y muy querida por cuantos la conocimos.  Estudió enfermería y empezó a trabajar. Y siempre flotaba, estaba allí presente, pero sin terminar de manifestarse, esa llamada.

Gradualmente esa vocación fue creciendo en intensidad, y ella buscó cómo darle respuesta. Hizo experiencias con las Hermanas de la Caridad en la India; en el Cottolengo de Barcelona; y en otros entornos. Pensaba que, dada su formación y su carrera, Dios la quería en un lugar donde pudiera ejercer como enfermera. Pero en todas las ocasiones vio que no era allí donde el Señor la quería.

Finalmente, de un modo providencial comprendió que debía ir a Soria. ¿Qué congregaciones hay en Soria? Carmelitas, Clarisas…. ¡sí, tengo que ir a las Clarisas de Soria! Lo vio claro. Intentó ponerse en contacto con ellas; no fue fácil. Finalmente les dejó un recado en el contestador: “voy mañana”. Y se presentó allí un sábado para conocerlas y hablar con las monjas.

Mientras tanto, las monjas estaban un tanto sorprendidas con el mensaje. ¿Alguien conoce a esta chica?, preguntaron. Nadie. Bueno, pues ya veremos.

Las Clarisas tienen una imagen de la Virgen en la que ponen unos papelitos con los nombres de las chicas que saben que están intentando discernir si tienen vocación o no; y rezan por ellas. Unos días antes de recibir el mensaje mencionado, estaba una hermana haciendo limpieza. Mira, esta chica se ha casado; esta otra está de novicia; esta no sabemos nada de ella… andá, aquí hay un papel sin nada escrito… ¿lo tiro? No, no lo tire, hermana… es una vocación desconocida, por la que seguimos rezando…

La chica fue varios fines de semana a visitar a las monjas, que poco a poco vieron que se trataba de una vocación verdadera y no de una decisión precipitada o fruto de un capricho pasajero.  Finalmente le permitieron hacer una experiencia de una semana.

Durante esos meses, le presentaron a un chico estupendo: guapo, con un buen trabajo, majísimo… se enamoraron. Ella dudó… ¿qué quería Dios verdaderamente? Pero finalmente lo vio claro: Jesús pudo más. Había querido que conociera el amor humano, para que no se quedara sin esa experiencia.

Entró de aspirante. Pasaron los meses de vida en el convento, entre ora et labora. Cada vez que íbamos a visitarla se confirmaba su alegría. Estaba, por fin, en casa.

Y hace poco tuvimos la dicha de acompañarla en su toma de hábito. Momento solemne en que pasaba a ser novicia. Fue emocionante el instante en que le cambiaron el vestido de novia por el hábito de Clarisa, y le cortaron el pelo para ponerle después la toca.

Entonces se volvió y pudimos ver su rostro. Puedo decir con justicia que nunca he visto a nadie tan feliz, tan radiante, tan exultante de gozo.

Nos dijo unas palabras salidas del corazón. Os quiero a todos, gracias por acompañarme en este momento tan importante para mí; rezo por todos vosotros; con Jesús se está mejor; Dios os quiere, confiad en su infinita misericordia y dejaos amar por Él…

Hicimos una larga cola para darle un último abrazo físico, para estrecharnos mutuamente manifestando así nuestro afecto y nuestro agradecimiento a Dios, que hace tantas maravillas con el pobre barro que somos los hombres.

Emocionados, abandonamos el templo y acudimos a un encuentro en el locutorio, donde las monjas cantaron una divertidísima canción que habían compuesto a su nueva hermana. Cuánta alegría, cuánto agradecimiento al Señor, cuánta emoción, cuánto bien…

Volvimos a Madrid como henchidos. Participando de esa desbordante y misteriosa alegría de quien sabe que ha hecho lo que Dios le pedía. Y dándole gracias al Señor por haber sido testigos de algo tan precioso.

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Comentarios (5)

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  1. Mota dice:

    Gracias Federico por este precioso testimonio.

    Creo conocer a la persona de la que hablas, pues el verano pasado fuimos a ver a las clarisas de Soria y una chica joven contó su historia y, casi seguro, que se trata de ella.

    ¡Cuánto me alegro de que su vocación se vaya concretando y viviendo con tanta alegría!

    ¡Qué conmovedor es ver cómo Dios toca los corazones, y se es enormemente feliz cuando le dices: Sí!

  2. Floren dice:

    Me vas a perdonar Federico que mi comentario no o si se refiere a tu columna. Siguiendo el consejo de Mota estoy leyendo en estos día el libro “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?. Como nos contaba Mota, y me remito a su crónica, se refiere a diez entrevistas a monjas de distintas órdenes, en las que cuentan su vocación y en todas hay un algo común: el AMOR a Cristo en Él y a los demás, ni desengaños amorosos, ni traumas dolorosos, solo eso, que Cristo llenó sus vidas y eligieron libremente el mejor camino: el de Jesús

    • fedelena dice:

      Floren, hace poco tuve el libro entre mis manos durante un rato breve, que solo me permitió leer dos de los testimonios de este libro que mencionas, y me quedé “pasmao”. Qué maravilla, qué belleza, qué amor tan grande, qué plenitud, cómo es Dios de admirable, sabio, bueno… como es natural, me faltan palabras.
      Eso sí, animo a todo el mundo a leer este impactante libro. Espero y deseo que se convierta en un “bestseller”.

  3. Ingrid dice:

    Federico – has sabido plasmar como pocos esta experiencia tan emocionante y aparentemente tan poco de estos tiempos “modernos”. Cada vocación religiosa, sea del tipo que sea, (sacerdotes, monjas, monjes etc.) me parece un milagro del Espíritu Santo. Solo podemos dar mil veces gracias al Señor por cada uno de ellos. Son un regalo que nos hace. Gracias como siempre.

  4. Ania dice:

    Federico gracias por compartir con nosotros esta experiencia, felicitarte por la sencillez de la columna que hace que te “enganches” rápidamente a ella hasta el final; porque al fin y al cabo lo que nos relatas es así de sencillo es, como bien has escrito, y que me parece fundamental para cualquier tipo de vocación religiosa o no: ” con Jesús se está mejor”

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