Y a ti:¿Qué te dijo el Papa en la JMJ?
Hace prácticamente un año, una treintena de jóvenes pudimos compartir un fin de semana para poder realizar un examen de conciencia parroquial, que podéis encontrar en el historial de columnas de SJD.
Empezamos otro año más con muchas experiencias vividas, casi sin parar a pensar en lo que realmente estamos viviendo en nuestras vidas, actuando simplemente como si todo fuera rutinario. ¿Cuál es nuestro fin? ¿A dónde queremos llegar? Y es que, muchas veces es muy fácil saber lo que tenemos que hacer en nuestras vidas, sobre todo en lo profesional y muy difícil saber qué hacer con nuestra fe, cuando es lo más simple, sólo tenemos que anunciar el Evangelio al resto.
¿Sólo? Algunos pensarán “¡Ni que fuera fácil!”, ¿Cómo se lo transmito yo a esa persona que me cruzo a diario y hasta me cuesta saludar por los pasillos? ¿Me pongo una pegatina en la frente indicando que soy cristiano? ¿Qué me dirían?
Unos podrían criticarme por cosas que a veces ni sabemos cómo responder de la Iglesia, cosas que aunque tengan poca importancia, no pueden ser el centro de nuestra fe, ya que cada uno tiene que saber que su experiencia es lo más importante para la Iglesia. En nuestro ambiente parroquial podemos encontrar otros tipos de personas, esos que escuchan una voz inconfundible que dice: “Sígueme”, como puede ser un sacerdote o una consagrada, o también aunque de una manera más sencilla, catequistas o gente de tu grupo de jóvenes y amigos que por lo general están como tú en estos temas. Pero sin duda lo que más nos llama la atención y a su vez más fuerza nos da para seguir con nuestra pequeña y gran misión a la vez, es ver a gente que todavía no ha conocido la Buena Noticia pero abre sus oídos, sus ojos y su corazón para escucharle, verle o sentirle, y se maravilla buscando la respuesta a nuestra forma de vivir.
No ha pasado mucho tiempo desde que los madrileños compartimos en la Vigilia de Cuatro Vientos con el resto del mundo el Evangelio de San Juan (Jn 15,1-11) “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en Él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada” y la esplendida respuesta del Papa a una de las preguntas que se le hicieron: “¿Cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual?”
Y la respuesta que nos da: “En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: -Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, permaneced en mi amor-. Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Es la gran verdad de nuestra vida y lo que da sentido a todo lo demás. Sin Él nada tiene sentido. No somos fruto de la casualidad o de la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es simplemente una aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que saben ser amadas por Dios.”
“Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aún en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo”.
Para saber cómo permanecer en el amor de Cristo, solamente tenemos que seguir escuchando su mensaje atentamente: “Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es -tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama-“.
“No tengáis miedo al mundo ni al futuro ni a vuestra debilidad”. Es más es el Señor el que hace que seamos cada vez más fuertes en nuestra debilidad, el que hace que crezcamos y aprendamos de las cosas en las que fallamos, de nuestros pequeños errores. Y es que es en esas pequeñas cosas en las que más humanos nos hacemos, y en donde más grande se hace Él. Ninguno puede decir que no sabe transmitir el Evangelio y es gracias a la fuerza que recibimos a través de los sacramentos, del Espíritu Santo.
Todos somos diferentes y cada uno tiene su papel en esta función, en nuestros trabajos, en la universidad, en el colegio. Cada uno es un actor distinto en su gran obra. Es como si recorriéramos un camino hasta que de repente nos ponemos cara a cara con el Señor. Unos en una conversación con un compañero, quizás otros en un taxi, como le paso a una columnista de SJD, quizás otros en unas convivencias o un rato del silencio delante del señor, pero sin duda, lo importante es que lo vemos claro, que Él está ahí y nos guía y lo vemos en esos pequeños gestos que hacen que sigamos siendo sus verdaderos apóstoles en el mundo que nos rodea, evangelizando a cada uno de forma concreta y si crees que no tengo razón, pregúntate por qué todavía sigues leyendo esto.
Por último, quiero dejarte la cita que Benedicto XVI escogió para su llegada a Madrid, en ese encuentro en Cibeles que tan bien recordamos: “Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida”.
Filed Under: Portada


Magnífica columna, Javier.
Muchas gracias.
Hay que leerla, releerla y volverla a leer.
Estimado Javier quizá estamos muy acostumbrados al “calentón”, al súbito entusiasmo, y tu hablas de lo habitual, no de pálpitos, a veces incontrolables, que acaban en muchos casos, de peor forma a como empezaron. Así nos quiere Cristo, con conocimiento de El, con fe, convertidos, dispuestos a seguirle porque sólo El llena la vida, porque da el sentido pleno a existencia, porque aún llevando nuestra humanidad de pecadores a cuestas, pero poniendo nuestra confianza en El, pues si permanecemos con la confianza puesta en Cristo, El te recibe y da aún más de lo que le podemos dar nosotros. Gracias Javier por hablarnos de lo de todos los días pero con algo y alguien más: El.